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¿Qué hago si mi bebé se priva de tanto llorar?

Publicado 24 Nov 2020 – 10:50 AM EST | Actualizado 24 Nov 2020 – 10:50 AM EST
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¿Tu bebé llora hasta ponerse morado o perder el conocimiento? Tranquila, puede tratarse de un espasmo del sollozo. Este fenómeno es común en niños de 6 meses a 7 años de edad y, en la mayoría de los casos, es totalmente inofensivo.

Aunque no representa un riesgo para su desarrollo, por su salud mental (y la tuya) es importante que sepas cómo reaccionar correctamente y sin perder la calma.

Te mostramos en qué consiste el espasmo del sollozo (privarse al llorar), cuáles son sus características y cómo puedes controlar esta situación fácilmente.

Espasmo del sollozo: qué es

Según un artículo científico de Elsevier, dicho comportamiento también es conocido como 'espasmo del sollozo' o 'apnea del llanto', y suele presentarse en el 27% de los niños.

Los expertos lo definen como un episodio de crisis en el que el pequeño deja de respirar de manera involuntaria y pierde la conciencia durante un breve período de tiempo.

Por lo general, ocurre después de un episodio atemorizador (caída, susto, etc.) o una experiencia dolorosa. Son transitorios y desaparecen a los 5 o 7 años, como máximo.

La Dra. Matilde Ruiz García, miembro del Instituto Nacional de Pediatría, lo divide en dos categorías:

Forma cianótica

Es provocada por situaciones que frustran o enojan al bebé, puede ser un regaño, una orden o un castigo, y acaece en el 62% de los casos de espasmo del sollozo.

Su señal de alarma más importante es cuando el bebé llora con tanta intensidad que su respiración cesa y su rostro empieza a tornarse de un color azul o morado.

Forma pálida

Es menos común e imprevisible, puesto que ocurre cuando el pequeño sufre un gran susto o un sobresalto repentino.

A diferencia del punto anterior, el bebé se torna de un tono pálido (casi blanco) y existe el riesgo de sufrir convulsiones.

Ambos tipos provocan que los niños dejen de respirar y pierdan la conciencia durante uno o dos minutos, aproximadamente.

En los casos más extremos, pueden presentarse desmayos o ataques de pánico. Dichas reacciones deben ser tratadas por un pediatra o un experto en el tema.

¿Cómo controlarlo?

En la mayoría de los casos, los especialistas sugieren esperar un par de minutos hasta que el malestar pase y el pequeño se tranquilice.

No obstante, para evitar asustar al bebé y provocar problemas de otra categoría, es esencial que no pierdas la calma y reacciones tranquilamente, sugiere el Manual de Pediatría MSD.

Para lograrlo, debes seguir los siguientes pasos:

1. Respira profundo y relájate. Si pierdes el control es probable que tu hijo se asuste y sea aún más difícil superar la situación.

2. No muestres ansiedad y obsérvalo de manera indirecta. Al llegar los dos o tres años, es probable que los niños usen estos episodios para chantajear o manipular a sus padres.

3. Si tiene algún objeto o alimento en la boca, retíralo inmediatamente para evitar que se ahogue.

4. Acuéstalo de costado sobre una superficie suave y segura (cuna, tu cama o una mantita) Lo más importante es que no se golpee con algún mueble o estructura que esté cerca.

Como mencionamos al principio, los pequeños se recuperan uno o dos minutos después de iniciada la crisis y no corren ningún peligro.

Ahora, si tu hijo permanece de color azul o pierde la conciencia por más tiempo del establecido, será momento de llamar al número de emergencia y llevarlo al médico a la brevedad ya que puede ser un síntoma de otro problema de salud.

Cuando ir al médico

Si es la primera vez que tu pequeño pasa por esta situación, es fundamental que acudas con su pedíatra de cabecera para obtener una opinión especializada.

Aunque este fenómeno no es perjudicial, a veces puede ser un signo de algún problema de salud no detectado, dice Medline Plus.

Puede ser síntoma de enfermedades como: arritmia cardiaca, anemia ( deficiencia de hierro) o una enfermedad mental como trastorno convulsivo. ¡Mucho ojo!

Si se descarta la existencia de otro padecimiento, el pediatra ayudará a los padres a descubrir el verdadero motivo de este comportamiento, así cómo la mejor forma de evitarlo en caso de que vuelva a aparecer.

La solución puede ir desde iniciar un tratamiento médico hasta asistir a terapia psicológica o conductual.

Una vez que los pequeñitos mejoran sus habilidades socioemocionales, es más fácil que superen los espasmos y reacción de manera distinta. Mientras tanto, es necesario que sus padre lo auxilien desde una perspectiva amorosa e inteligente.

Asimismo, el médico puede contribuir a lograr un equilibrio y encontrar estrategias para enfrentar dichas situaciones correctamente (y sin perder la cabeza).

Finalmente, intenta no ceder ante las rabietas y el mal comportamiento. Recuerda que los niños requieren límites y normas para mantener un equilibrio emocional y convertirse en adultos resilientes.

Platica que tu especialista acerca de este comportamiento y ten presente las posibilidades que tienes a tu alcance, así te sentirás más segura y preparada en caso de que se presenta un imprevisto. ¡Tómalo en cuenta!

¿Tienes otra recomendación que sea útil? Cuéntanos en los comentarios.

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