Belleza

¿Cirugía plástica? Piénsatelo bien

Tras la experiencia de una intervención quirúrgica de extracción de un implante dental y la hinchazón que provoca, reflexionamos sobre las cirugías faciales.
16 Jul 2016 – 10:08 AM EDT

Abordaré el tema de la cirugía plástica con un sentimiento de precaución, y hasta de temor, que me invade desde que tuve que someterme a un procedimiento bastante fuerte, que me dejó la cara descuadrada y un gigante moretón por casi 20 días.

Esto me hizo reflexionar sobre los riesgos de cualquier intervención a la que te veas expuesta. Lo que me hicieron a mí fue únicamente retirarme un implante dental que me estaba produciendo una terrible sinusitis. No sonaba tan grave, pero para extraer un implante que me colocaron en el hueso, retirarlo fue una batalla campal con la consabida hinchazón y un serio derrame.

Usaron fórceps –fórceps de dientes, no de maternidad, aclaro–, anestesia y más anestesia; los primeros piquetes fueron dolorosos, pero no quiero imaginar esa lucha sin el dopaje correspondiente. Me preguntó el doctor si me había hecho cirugía en las “bolas de Bichat” (pequeñas bolas de grasa que tenemos por dentro de los cachetes y que algunas personas se operan para que su cara se vea más angulosa). Y aunque algo había escuchado al respecto, en ese momento me tomó por sorpresa. “Noooo, no me he operado eso” le contesté. “Qué bueno” me dijo él, “porque con eso voy a rellenar” el cráter volcánico –expresión mía– que dejará el implante. Si yo me hubiera quitado esas bolitas...

Batallas de edad y de autoestima

Casi dos horas estuve ahí con la boca abierta y a puro jalón hasta que salió el tan “implantado” implante. Me fui a mi casa como Kiko, el personaje del Chavo del 8, y el médico me dijo: “Mañana y pasado te vas a ir poniendo peor. Y aunque dicen que sobre advertencia no hay engaño, yo sí me sentí un poquito porque no sólo fue a peor, sino a muchísimo peor. Para el tercer día el moretón era impresionante. Tuve que cancelar varios compromisos porque no estaba para andar danzando por la vida.


El día que por fin salí a la calle, sufrí lo que seguramente muchas personas que tienen algún defecto físico enfrentan todos los días. La gente me veía con cara de horror, cero discreción, y yo les quería decir que estaba gloriosa comparada con días pasados.

Pensé: ¿cómo es posible que haya quien decida hacerse cirugía tras cirugía ¡SIN NECESIDAD! En verdad me horroriza la idea. Además de que, por otro lado, es más la gente que no queda bien, que la que sí. Una señora de 50 años que se hace una operación para verse más joven, seguirá siendo una señora de 50 que se ve muy bien, pero sólo eso. No se quita años de encima: lo tengo comprobado. Son raros los casos en los que se logra una diferencia que valga la pena, considerando el riesgo.

Pienso mucho en esas mujeres que por querer verse más y más bonitas y jóvenes, acaban hechas una desgracia. He visto más de las que hubiera querido, créanmelo. Pienso también, por ejemplo, en las pompas de Alejandra Guzmán que casi la llevan a la tumba –a otras actrices sí les ha costado la vida- y quiero entender que ocurre porque ellas viven de su físico. Pero una persona común y corriente, ¿qué necesidad tiene de querer parecer de 20 cuando tiene 40? Incluso a estas víctimas en ocasiones parece que les operaron el cerebro y no los pechos. Empiezan a vestirse como “jovencitas bataclaneras” y a actuar como ellas. Y lo que no se dan cuenta es que se convierten en el hazmerreír de los más jóvenes. No los engañan con una o dos “restiradas” ni con esos cuerpos de fábula, todos hechizos y artificiales.


Hay procedimientos sencillos que ayudan a refrescar algunas zonas de tu cuerpo. Igualmente te digo que si tienes una nariz que odias y no puedes con ella, adelante, pero mi consejo es que aprendas a vivir con lo que tienes y disfrutes cada etapa de tu vida.

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