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Las Pinal: lo que no conoces de esta polémica y poderosa dinastía mexicana

Silvia Pinal, Sylvia Pasquel, Viridiana, Alejandra, Stephanie, Michelle y Frida Sofía no solo son estrellas del cine, el teatro, la televisión, la música o las pasarelas. También están unidas por su sangre, sus triunfos y caídas, sus pleitos y sus reconciliaciones.
25 Sep 2017 – 1:55 PM EDT

A los 17 años de edad, Silvia Pinal, nacida en 1931, ya había comenzado a cosechar triunfos como actriz, alternando con figuras de la talla de Pedro Infante o Cantinflas. También fue dirigida por Luis Buñuel en dos grandes clásicos del cine mundial: ‘Viridiana’ y ‘El ángel exterminador’.

Y se ha destacado en muchas otras áreas, teniendo éxito en la comedia musical (‘Mame’ fue un éxito en sus muchas reposiciones), el teatro dramático (‘Anna Karenina’ o ‘Divinas palabras’), en la televisión y hasta en la arena de la política.

Pero sería imposible hacer una semblanza de Silvia sin hablar de sus amores, que fueron muchos, dejaron profundas huellas en su persona, y contribuyeron a crear un árbol genealógico sobre el cual han corrido ríos de tinta para dar cuenta de sus . Porque no solo son estrellas, también son mujeres, y muy apasionadas.

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El primer marido de Silvia fue Rafael Banquells, actor y director catalán nacido en Cuba, con quien se casó en 1947, y quien la guió en sus primeros pasos por el cine y el teatro. De este matrimonio nació su primogénita, Sylvia Pasquel (1949), conocida entre muchos con el apodo cariñoso de ‘Silvita’, quien debutó en teatro y televisión en los años 1960, tratando siempre de mantener una independencia de su mamá.

Cuando Sylvia Pasquel, ‘Silvita’, decidió ser actriz, estudió y tomó el apellido del padre biológico de su madre —que fue criada por el segundo marido de doña María Luisa—, por consejo de Ernesto Alonso, y debutó en telenovelas producidas por él. En 1967, a los 18 años, se casó con un multinstrumentalista y músico llamado Mike Salas, que fue el padre de su hija mayor, Stephanie (1970).

Silvia se divorció de Banquells en 1952 e inició un largo romance con Emilio Azcárraga Milmo, el entonces heredero del emporio de comunicaciones fundado por su padre, que años más tarde se convertiría en Televisa. La relación entre ambos, tal como se revela en los libros ‘El Tigre’ (de Claudia Fernández y Andrew Paxman) y ‘Esta soy yo’ (las memorias de Silvia, publicadas en 2015), fue siempre armónica en el plano amistoso y laboral, aunque tormentosa en su aspecto romántico.


Don Emilio Azcárraga Vidaurreta no aprobaba que su hijo tuviera una novia actriz, divorciada y madre soltera (Silvita quedó bajo el cuidado de su madre y su abuela materna, la formidable doña María Luisa Hidalgo). Por su parte, Silvia no estaba dispuesta a renunciar a una carrera descollante por el hecho de casarse, por muy enamorada que estuviera. Aunque la relación fue larga y tuvo sus ires y venires, nunca se formalizó, pero en Emilio Azcárraga Milmo, Silvia siempre encontró apoyo, comprensión, impulso y protección, en todos los pasos de su carrera.

Hacia 1960, siendo ya una estrella consagrada, Silvia conoció al empresario Gustavo Alatriste, que se prendó de ella de inmediato y no paró hasta conquistarla. Fue con él que alcanzó nuevos niveles como actriz, al trabajar a las órdenes de Buñuel en filmes financiados por Alatriste, que si bien no tuvieron mucho éxito taquillero en su momento, ganaron premios internacionales y la proyectaron al mundo. De este matrimonio, Silvia tuvo una hija a la que llamó Viridiana (1963), en honor a la película tan famosa que la llevó al festival de Cannes.


En 1966, Alatriste y Silvia se divorciaron. Él le había sido infiel con Sonia Infante, actriz y modelo, sobrina de Pedro, con la que eventualmente se casaría. Silvia se concentró en su carrera, y luego causó un escándalo al casarse con Enrique Guzmán, un cantante de rock and roll y actor juvenil, once años menor que ella. La unión de Silvia y Enrique fue mutuamente benéfica, ya que colaboraron en numerosas películas y en un programa de variedades que duró varios años al aire, siguiendo el formato de Sonny & Cher, en el que actuaban en sketches cómicos y cantaban junto con invitados estelares.

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De ese matrimonio nacieron los últimos hijos de Silvia: Alejandra (1968) y Luis Enrique (1969), pero aunque Silvia y Enrique tenían éxito profesional, en su vida matrimonial lo pasaron muy mal: Enrique consumía estupefacientes y era obsesivamente celoso, por lo que hubo muchas agresiones. El matrimonio se disolvió en 1974 y Silvia quedó muy afectada por esto, como relata en sus memorias.

Viridiana inició su breve carrera en 1976, al lado de su madre, en teatro, y después hizo estudios para prepararse; su debut en televisión fue en la serie de comedia ‘Cachún-Cachún-Ra-Rá’ y posteriormente participó en ‘Mañana es primavera’, la primera telenovela producida por su madre. Quienes conocieron a Viridiana, afirman que tenía todo el potencial para ser la mejor actriz de la familia, amén de ser la más bella.

Su prematura muerte, a los 19 años de edad, el 25 de octubre de 1982, en un accidente automovilístico, causó estupor en el medio. Se especuló mucho acerca de si Viridiana, que venía de una fiesta, había consumido drogas. Pero no fue así, ya que la joven les tenía aversión, después de ver lo que habían causado tanto en su padre, como en su padrastro, cuyas adicciones la habían marcado.

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La muerte de Viridiana fue un golpe tremendo para la dinastía, que ya había tenido algunos problemas entre los cuales el más notorio fue el distanciamiento entre Sylvia Pasquel y Silvia Pinal, en 1981, cuando la hija se casó con un exnovio de la madre —el empresario Fernando Frade—. Pero madre e hija tuvieron una reconciliación triste con la muerte de Viridiana.

La tragedia volvería a perseguirlas cuando, en 1987, la hija de dos años de edad de Sylvia y Frade, también llamada Viridiana en recuerdo de su tía, murió ahogada en la piscina de su casa. La pareja no pudo superar este trance y se divorció el mismo año. Sin embargo, la relación entre Silvia y su hija fue aún más sólida. Para entonces, Silvia estaba casada con el hoy exgobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández, de quien se separó en 1995.

Sylvia, cotizada actriz por mérito propio, se coronó en la década de 1990 como la villana por excelencia en el género de las telenovelas y además fundó su escuela de actuación. Se ha mantenido muy vigente en teatro, donde tiene una prestigiosa carrera y, como su madre, es dueña de sus propios escenarios teatrales. También es abogada por los derechos de los animales, una causa que abraza desde hace años.

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En 1988, con apenas 20 años, Alejandra Guzmán lanzó su primer LP, titulado ‘Bye, Mamá’, con el que debutó como cantante. Al presentarse en el muy popular programa ‘Siempre en Domingo’, Alejandra dedicó la canción titular del disco, en la que reclamaba la falta de atención que había sentido durante su niñez, a su madre, presente en el estudio, y que literalmente no sabía nada al respecto. La reacción de la diva ante esto fue de reproche para con Alejandra, con quien dejó de hablarse una larga temporada, y para con el conductor Raúl Velasco, a quien nunca le perdonó el numerito, que para ella fue humillante.

También ha sido cantante Stephanie, aunque en una vertiente muy distinta: sus inicios fueron bajo los auspicios de Julissa, en un montaje de ‘Vaselina’ con un elenco infantil, que incluyó a los integrantes de Timbiriche y a Eduardo Capetillo. Posteriormente decidió explorar su faceta de cantante con material atrevido —la canción ‘Ave María’, que tanta controversia causó— y un estilo más experimental y alternativo. Asimismo, se estableció como una actriz más seria con participaciones en obras teatrales como ‘El protagonista’, ‘Los monólogos de la vagina’ y ‘El último aliento de Isadora Duncan’, entre otras puestas en escena.

Alejandra siempre tuvo proclividad por las artes —estudió ballet desde niña y tomó por años clases de pintura—, esto contrastando con su gusto, compartido con su hermano carnal, por la música de David Bowie, los Rolling Stones o bandas de rock pesado como AC/DC o Aerosmith. De esta aparente contradicción surgió su estilo musical, que la ha distinguido siempre: por un lado es una cantante de rock y blues que realmente comprende lo que hace y el sentimiento que le imprime.

Por otro lado, es sumamente glamorosa y femenina, con un gusto apasionado por la moda. si bien su talento es innegable, su carrera no ha estado exenta de escándalo: alcoholismo y drogadicción, grescas y peleas verbales con otros cantantes, relaciones amorosas fallidas y un largo etcétera que incluye operaciones estéticas mal aplicadas (usó, sin supervisión profesional, productos nocivos en el área de los glúteos), que la han mantenido siempre en titulares.

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De una relación con Pedro Moctezuma, su novio de la adolescencia, Alejandra tuvo una hija, Frida Sofía (1992), que no ha dado muestras de querer seguir en el mundo de la farándula, y se dedica al modelaje y al fitness (y ya ha seguido la tradición de matrimonios fugaces, al durar menos de dos años casada con un empresario llamado Luis Escamilla), mientras que Michelle Salas (1989), fruto de un affair entre Stephanie y Luis Miguel también ha figurado en revistas de sociedad y modas, dedicándose al modelaje y básicamente siendo ambas, tía y sobrina, famosas por serlo.

El único hombre de esta dinastía, es Luis Enrique, un profesional de la ingeniería de sonido, alejado de los reflectores, que trabaja de cerca con su hermana Alejandra y tiene una relación armoniosa y cálida con su madre.


En 2015, Silvia Pinal publicó sus memorias en un tono bastante cándido y honesto, descubriéndose tal como ella se percibe: una mujer que tuvo que aprender a ser fuerte y que no se echó para atrás en ninguna de sus decisiones, para bien o para mal, sintiéndose orgullosa de la vida que ha formado y la dinastía que viene tras ella, representada en cada uno de los frutos que ha rendido.

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