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Entretenimiento

La historia no contada detrás de la audiencia de Julián Gil y Marjorie de Sousa

Ella llegó primero, distante, protegida. Él se marchó molesto. No hubo acuerdo. Este es el relato de lo que vimos y vivimos este martes en los juzgados.
16 May 2017 – 7:04 PM EDT

Marjorie de Sousa teme por su seguridad. Lo confirman los cuatro guardias de seguridad que la escoltaron este martes a su cita judicial con Julián Gil en la Ciudad de México y el hecho de que el tribunal diera a la actriz venezolana un tratamiento propio de casos de alto riesgo.

Llegó poco después de las 9 de la mañana al juzgado número 12 del orden familiar, ubicado en la colonia Juárez y, por esa razón, para protegerla de miradas incómodas y que no esperara en el pasillo, la jueza Lidia Robledo Gamboa canceló la audiencia anterior y habilitó la sala antes de tiempo.

La artista de telenovelas estaba seria, oculta tras unas lentes de sol, intocable, con ganas de que todo terminase pronto. Daba la sensación de que no quería formar parte de aquello. Su abogada se ocupó vehementemente de decir que no a todos los que se la acercaron para lograr su testimonio. Ella finalmente hizo un breve comentario:

¿Juicio o circo?: los gestos de Julián Gil y Marjorie de Sousa en su cara a cara en México

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Julián Gil apareció puntual con su representante y dos abogados. Entró caminando por la puerta y repartió saludos. Subió caminando las escaleras hasta el quinto piso y allá saludó más, a las secretarias, y dentro de la sala del juzgado, a la juez. A Marjorie no. Ella estaba sentada, con sus lentes, huidiza. Él no hizo ademán de acercarse. Se sentó. Ambos escucharon.

Distantes en la corte

A media sesión Julián pidió una botella de agua con la que jugueteó durante los alegatos. En algunas ocasiones Julián volteó a ver a Marjorie, mientras ella permanecía inmóvil, ignorándolo.

El acuerdo no se produjo. Fue una cuestión de dinero porque en todo lo demás, Marjorie y Julián estuvieron dispuestos a hacer concesiones. Ella exigió los más de 11,000 dólares mensuales de manutención que dejó por escrito en su reportada demanda. Él se mantuvo en sus 1,000 dólares al mes para Matías. No hubo término medio. La jueza pidió a los abogados que levantaran acta de los avances y dejaran el resto para una nueva vista la próxima semana. Para esa cita no hace falta que vayan los actores.


Al finalizar, Marjorie quiso que Julián saliera primero: “Que salga el señor”. Él se fue y en el pasillo se topó con el chofer de la actriz, quien es testigo en este caso, junto con la madre de ella, Gloria Rivas. El actor le recriminó con el dedo. El chofer respalda la versión de Majorie de que Julián es un hombre violento y consume drogas, algo que a juicio de la venezolana le descalifica para estar a solas con el pequeño Matías. El actor siempre ha negado estas acusaciones. La actriz nunca presentó evidencias, al menos públicamente.


'Selfies' y elevadores

Al llegar a la calle, el actor tenía el rostro desencajado, visiblemente molesto, aunque su ofuscación duró poco, el tiempo que tardó la multitud de curiosos que se acercaron hasta los juzgados en recordarle quien era: un actor famoso.

A partir de ese instante, el galán argentino se entretuvo tomándose ‘selfies’, risueño y amable. Tan en su papel estaba que se acercó hasta un puesto de comida callejera para devorar unas quesadillas y olvidar así el mal trago de la corte.

“Yo no te voy a demandar”, le decía una señora que trataba de flirtear con el actor, que repartió besos.

En medio del camino rumbo al estacionamiento, un bolero (limpiabotas) se ofreció a lustrar sus zapatos. Julián se detuvo y accedió, antes de seguir le dio un par de dólares.


Marjorie se fue 10 minutos después. Rodeada de elementos de seguridad aún dentro de la sala del juzgado. La prensa la rodeó y se produjo un momento de tensión. Los escoltas manotearon a una reportera y ella intervino para pedir calma.

“Si se avientan arriba de uno, yo tengo que buscar la manera de salir […] Por ahora se está trabajando, obviamente para el bienestar y el futuro sobre todo de Matías, por ahora no puedo decir nada”, declaró.

A su salida, se le permitió ir directamente en el elevador hasta el estacionamiento, sin pisar la calle. Se fue en un vehículo distinto, como si quisiera desaparecer sin dejar rastro.

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