Mucho más que nostalgia: esto es lo que realmente significa Dragon Ball para sus fans

Un 26 de febrero de 1986, en Japón, se estrenaba Dragon Ball, la primera adaptación del manga homónimo, dibujado por Akira Toriyama. La serialización publicada por Shueisha ya tenía dos años de antigüedad, su éxito era moderado, pero su potencial inmenso. Controversial, simple y revolucionario, desde la pluma de un mangaka legendario nació la historia que cambiaría el rumbo del shonen y afectaría millones de vidas a lo largo del mundo entero. Aun así, el fenómeno de Dragon Ball —y la pasión de sus fans— permanece inexplicable e incomprendida por gran parte de la población.

Es cierto que, actualmente, a más de 20 años desde su creación, el fanatismo por Dragon Ball (en todas sus variantes) es impulsado por el «factor nostalgia» —presente en muchas otras series y películas contemporáneas—; y, además, no podemos cegarnos ante el hecho de que no es un anime perfecto. Sin embargo, en sus imperfecciones radica su unicidad, aquello que lo hace significativo y preciado para nosotros.

PUBLICIDAD

Entonces, para entender el fenómeno Dragon Ball, es necesario que analicemos estos dos elementos: nostalgia y unicidad.

Imagen Toei via Youtube

Si bien DB existe desde 1984, alcanzó su pico de popularidad en la década de los 90 (sobre todo en occidente). El éxito de otros anime como Pokémon, acompañaba el movimiento; y la rápida expansión del PlayStation One —que extendió, también, la cultura  RPG y la narrativa japonesa presente en sus videojuegos—, en compañía de la globalización inminente proporcionada por el Internet cada vez más accesible, abrieron la puerta de un mundo nuevo a toda una generación. En contraposición, el catálogo de ofertas era mínimo y no era sencilla la descarga; por lo que la única alternativa coherente recayó sobre la televisación de contenido original más adulto, que representaría la esencia de un descubrimiento tan cautivante como el anime. Fue allí que Dragon Ball hizo su entrada triunfal…

Los títulos disponibles por aquella época eran family-friendly, inocentes, cómicos y, obviamente, censurados: «programas para niños». No obstante, esa limitación solo subestimó la capacidad artística de millones de curiosos niños que anhelaban consumir —y comprender— contenidos más sustanciales.

De tal manera, Dragon Ball comenzó a coquetear con conceptos desconocidos para su audiencia, como la muerte —que, inteligentemente, fue diluida mediante la resurrección a través de las esferas del dragón—, el orgullo, las heridas graves en consecuencia a una pelea (al nivel de desmembramientos), y un sinfín de ideas tan negativas como peligrosas que eran catalizadas por medio de un ideal: «ser más fuerte».

El esfuerzo era la clave, y a través de él, los personajes sufrían transformaciones —en ocasiones, dolorosas— que desencadenaban un poder oculto desconocido; el potencial que siempre residió en ellos, pero nunca había sido expulsado.

PUBLICIDAD

Enseñanzas orientales densas y absolutas que abrían la mente y partían el corazón en 7 esferas.

Según la visión adulta, los niños solo imitaban la violencia de golpes y técnicas marciales, gritando como dementes con la esperanza de alcanzar el Super Saiyajin, y prestando fuerzas para la realización de una Genkidama; pero, en realidad, cada una de esas manifestaciones físicas era la consolidación de ideales y valores que permanecerían arraigadas en el alma de la pequeña persona durante décadas.

Dragon Ball llegó a nuestras pantallas en el momento oportuno, cuando la tierra era más fertil.

Unicidad

De igual forma, Dragon Ball (en especial, Dragon Ball Z), mostró autenticidad de maneras nunca antes vistas en productos similares.

Cuando en otras series el villano siempre era el resultado del absurdo, definido por maldad irracional y objetivos tan difusos como la destrucción por capricho,  DBZ reconstruía la imagen del villano, convirtiéndolo en un personaje en conflicto con el potencial para convertirse en aliado, formar una familia, volver a transitar por camino del mal, redimirse nuevamente y finalmente consagrarse como uno de los héroes más significativos de la historia del anime. 

En adición, los héroes no solo luchaban por el bien, ni se hacían más fuertes para derrotar el mal —si bien esto ocurría en algunos casos—, sino que entrenaban y superaban sus limitaciones por pasión y placer. En otras palabras, reconocían su identidad.

Imagen Toei via Youtube

Gokú jamás consideró su pasión por la lucha como algo inmaduro, y aunque su irresponsabilidad se fue de las manos (hasta el punto de ser padre ausente), nunca dudó sobre cuál era su propósito en la vida, es más, decidió vivir fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencia. El eje de Dragon Ball era la lucha, pero no solo como vehículo o excusa para animaciones exacerbadas y acción injustificada, sino como filosofía.

PUBLICIDAD

Lucha por identidad y convicciones; para no permitir que nadie nos diga que algo (o alguien) nos puede detener; batallar por ser más fuerte y seguir nuestra pasión. Razones por las cuales hoy no nos avergonzamos de ser adultos que se emocionan con cada duelo, oposición y desafío…incluso si se trata de «un dibujito».

Dragon Ball es parte de nuestra esencia y siempre lo será. Entonces, ¿qué responderé cuando pregunten por qué es tan importante? No lo sé, creo que dejaré que mis puños —y mi ki—hablen por mí. 

Y tú, ¿qué piensas al respecto? ¿Qué significa Dragon Ball Z para ti? Si quieres estar al tanto de todas las noticias de Dragon Ball,  te invito a dar «me gusta» a mi fanpage como autor, aquí.  Esperamos tus comentarios. 

Relacionados: