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Entre el miedo y el orgullo: En un clima hostil, los latinos se preguntan si sigue siendo seguro hablar español

Entre el miedo y el orgullo: En un clima hostil, los latinos se preguntan si sigue siendo seguro hablar español

Después de que varios latinos hayan sufrido incidentes racistas motivados por hablar español en público, algunos hispanos se debaten entre el temor a utilizar su idioma materno en público y la reivindicación de la lengua como un elemento esencial de su identidad.

This is America, speak in English
This is America, speak in English


El pasado 20 de mayo Héctor Torres estaba haciendo tiempo en el aeropuerto de Reno, Nevada, cuando decidió llamar a su madre. Mientras charlaba con ella en español, un hombre se le aproximó y lo agredió verbalmente:

"Aprende a hablar jodido inglés, vivimos en América", le gritó repetidamente en un incidente de unos 15 minutos de duración. También lo llamó 'spic', término peyorativo para referirse a los hispanos. Torres dice que trató de mantener la calma: grabó el incidente con su celular y lo publicó en sus redes sociales, donde se viralizó rápidamente. En cuestión de horas, su historia estaba en los medios nacionales, incluido Univision Noticias.

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“Fue una experiencia triste”, dice a Univision Noticias Torres un mes después del episodio. “Y me pone tan triste porque yo sé que eso pasa mucho, yo lo sé: veo a la gente escondiéndose, hablando bien bajito y con miedo”.

Es completamente legal hablar español (o cualquier otro idioma) en público en los Estados Unidos. En el país se hablan más de 350 idiomas y viven más de 40 millones de hispanohablantes, cifra que supera ya la de España y Colombia y que está solo por debajo de México.

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Pero en los últimos meses, más de una decena de hispanos nos han contando experiencias similares a la de Torres a través del formulario de 'El reporte del odio', un proyecto que trata de documentar los crímenes e incidentes de odio en Estados Unidos. Desde un veterano de guerra hispano que hoy conduce un camión y que fue insultado por hablar por la radio en español hasta una profesora que charlaba por teléfono con su madre y fue agredida verbalmente: todos aseguran haber sufrido ataques verbales por usar su idioma en espacios públicos:

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Hace ocho meses, Patricia Cabrera, una inmigrante mexicana de 42 años que trabaja como costurera en Eureka, California, estaba haciendo la compra en un supermercado local y hablando con sus hijos cuando un señor se volteó y les dijo molesto: "Están en América y aquí en América se habla en inglés, no el español".

Algo parecido le sucedió a Angelina Cid, también costurera y de origen guetemalteco de 55 años. Llevó a su gato enfermo a una clínica veterinaria de El Bronx, en Nueva York y, cuando no supo comunicarse con el trabajador que la atendió, este reaccionó de forma agresiva. "Yo sentí que me insultó, pero no sé qué me dijo grosero, porque yo no hablo bien inglés", dice. Angelina llamó a su hija Glenda para que la ayudara y esta contactó por teléfono para aclarar qué le había sucedido a su madre. Pero no encontró una disculpa por parte del empleado: "Me dijo un montón de barbaridades racistas", dice Glenda.

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A estos testimonios recibidos por la redacción se suman también episodios 'virales' como el que sufrió Torres en Reno. En Kentucky, dos hispanas fueron agredidas verbalmente por una mujer en la cola de un mall. “Habla inglés, porque estás en América”, les dijo. Otras veces, simplemente, las víctimas no supieron comunicarse en inglés de forma eficaz. En Tampa, un cajero de un 7-Eleven de Tampa gritó y pidió los papeles a un joven cubano por no pedir sus cigarrillos en inglés.

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Todos los episodios de agresiones parecen tener algo en común: esa frase o una variación: “This is America, speak in English” (esto es América, habla inglés), palabras que los atacantes dirigen a las víctimas asumiendo que está mal hablar otro idioma en territorio estadounidense. El propio Donald Trump empleó una consigna similar durante la campaña presidencial para criticar a Jeb Bush por hablar en "mexicano" cuando dijo: "debería dar el ejemplo de hablar inglés mientras esté en Estados Unidos".

Pero ni el "mexicano" es un idioma ni el inglés es la lengua oficial de Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de algunos legisladores republicanos para establecerla como tal.

El español, un desencadenante sensorial

El español puede ser, efectivamente, una señal que llame la atención y que ayude a los agresores a identificar a los hispanos, según Brian Levin, director del Centro para el estudio del odio y del extremismo de la Universidad Estatal de California. Levin lo llama un "desencadenante sensorial" de incidentes racistas.

"Nos estamos convirtiendo en un país más diverso. ¿Y cuáles son las tres cosas que simbolizan eso? El color de la piel, la religión y el lenguaje", dice Levin. "Estos son símbolos tangibles contra los que los fanáticos se enfrentarán".

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Ryan Lenz, investigador senior del proyecto de inteligencia de Southern Poverty Law Center (SPLC), una organización que monitorea los incidentes y grupos de odio en Estados Unidos, señala que el rechazo al español ha estado tradicionalmente imbricado de forma íntima con los grupos de odio antiinmigrante. "El español excita al extremismo, que es un movimiento con raíces en los valores de Europa occidental, con lo cual, el lenguaje debería ser el inglés".

Los ataques contra quienes hablan idiomas distintos al inglés no son nuevos ni pueden atribuirse únicamente a la retórica antiinmigrante de Donald Trump. Tanto Thomas Jefferson como Benjamin Franklin temieron ya en el siglo XIX que la práctica de hablar su idioma de los inmigrantes alemanes pudiera comprometer la identidad anglosajona de Estados Unidos.

Y existe una larga tradición de ataques del tipo 'Habla inglés o vete de este país' contra los hispanos: desde el legislador texano que en 2011 calificó de "insultante" el testimonio en español de un inmigrante latino en la Cámara estatal hasta el famoso cartel de "Esto es América, pide en inglés" que hasta 2016 presidió el popular local de cheesesteak de Joey Vento en Filadelfia.

El cartel de Joey Vento
El cartel de Joey Vento

Uno de los buques insignia de esta mentalidad es la organización ProEnglish, fundada por el padre del movimiento antiinmigrante, un oftalmólogo retirado de Michigan llamado John Tanton con un largo historial de ideas racistas. Tanton fundó ProEnglish en 1994 después de que verse obligado a renunciar del liderazgo de su organización precursora, U.S. English, cuando el periódico The Arizona Republic filtró unos memorandos elaborados por él en los que hacía comentarios racistas y mostraba su preocupación por la tasa de fertilidad y el crecimiento de los latinos en Estados Unidos. También se hizo público que otra de las organizaciones fundadas por Tanton, la Federación para la Reforma de Inmigración Americana (FAIR, por sus siglas en inglés), había recibido fondos de Pioneer Funds, un grupo con origen proeugenesia.

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Como su predecesora, el principal objetivo de ProEnglish es impulsar leyes y políticas públicas que reconozcan el inglés como el idioma oficial de Estados Unidos, tanto a nivel local como nacional. La organización ha respaldado al Congresista Republicano de Iowa Steve King, que durante los últimos diez años ha patrocinado (sin éxito) la propuesta de ley HR 997 para establecer el inglés como el idioma oficial de los Estados Unidos.

Algunos estados cuentan con leyes que dotan de carácter oficial al inglés. Sin embargo, los grados de aplicación varían mucho: desde un simple reconocimiento (en Illinois, por ejemplo) hasta reglamentos que exigen que las comunicaciones gubernamentales sean en inglés (Tennessee).

Estados que consideran el inglés la lengua oficial
Los estados marcados en rojo cuentan con leyes que declaran el inglés su lengua oficial. Los grados de aplicación varían mucho: desde un simple reconocimiento (Illinois) hasta reglamentos que exigen que las comunicaciones gubernamentales sean en inglés (Tennessee).

ProEnglish defiende que solo mediante el conocimiento de este idioma los inmigrantes pueden emprender su proceso de asimilación en Estados Unidos y cobrar mejores sueldos, por ejemplo. También se opone a la educación bilingüe y a las papeletas electorales escritas en varios idiomas.

Sin embargo, para SPLC, que califica a ProEnglish de grupo antiinmigrante, las raíces "racistas" de la organización delatan sus intenciones. El grupo está emparentado con otros fundados por Tanton, como FAIR y NumbersUSA, que señalan entre sus objetivos "reducir el nivel de inmigración", y con el think tank Centro de Estudios de Inmigración (CIS), cuyos estudios citan a menudo detractores de la reforma migratoria.

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Ahora las ideas contrarias al español han encontrado un nuevo aliado en la Casa Blanca: Mike Pence. Como congresista, el vicepresidente Mike Pence apoyó en cinco ocasiones la HR 997. Cuando todavía se encontraba en campaña se reunió con el presidente de ProEnglish y prometió que si era elegido seguiría abogando por la prevalencia del inglés en Estados Unidos. "Cuando mis antepasados vinieron aquí ya hablaban inglés. Hablar inglés es la clave para la asimilación y el logro del sueño americano", dijo, haciéndose eco de las tesis de ProEnglish.

Sin embargo, la asimilación no es únicamente una idea de los extremistas. Varios demócratas se han mostrado a favor de fomentar el aprendizaje del inglés entre inmigrantes como una forma de facilitar su integración en la sociedad. En su programa como candidata a la presidencia Hillary Clinton proponía "incrementar significativamente los recursos federales para la educación del idioma inglés para adultos y la educación para la ciudadanía". Y en su autobiografía 'The Audacity of Hope' (2006), el entonces el senador Barack Obama escribió: "Cuando me veo forzado a usar un traductor para comunicarme con el tipo que arregla mi coche, siento cierta frustración".

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¿Ocultar la lengua o reivindicarla?

En un contexto en que los hispanos están denunciando una nueva ola de sentimiento antiinmigrante y varias organizaciones apuntan a un aumento en los crímenes e incidentes de odio, algunos empiezan a mostrar reticencias para hablar español en público, mientras que otros reivindican su derecho a emplear su idioma con más determinación que nunca.

Cabrera, la inmigrante que fue acallada en una tienda en Eureka, dice que quiere hablar español a sus hijos para que sean bilingües y tengan más oportunidades. "Les he hecho saber que ellos deben considerarse afortunados por saber dos lenguas", dice. "Son niños bilingües y pueden destacarse hablando español e inglés: eso los hace ser diferentes, pero no menos", añade.

Julio, que pidió no ser identicado con su apellido, fue objeto de bromas racistas después de hablar español en una tienda de donuts de Dallas en junio. Aunque dice que se sintió "humillado" por el incidente, que ocurrió frente a sus dos hijos, se niega a dejar de hablarles en español. "Es la única forma en que pueden practicar el idioma, porque pasan la mayor parte del día hablando inglés", dice.

El lenguaje es uno de los signos distintivos más poderosos de una cultura. En el caso del español en Estados Unidos es, además, casi el único componente que tienen en común los inmigrantes provenientes de países latinoamericanos.

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"El lenguaje es cultura... Es la identificación con una cultura en un país con muchas nacionalidades", dice Rocio Inclan, la directora del Departamento de Derechos Humanos y Derechos Civiles de la Asociación Nacional de Educación. "Todo lo de: 'esto es América, América en primer lugar' fomenta la idea de un 'otro' en nuestro país", añade.

La propia Inclán, de origen mexicano y residente en Washington DC, recientemente fue señalada por hablar español con su madre por teléfono en un supermercado Whole Foods. "Una mujer mayor y blanca se acercó a mí y dijo: 'Esto es América, tienes que hablar inglés'". Inclán aprovechó el episodio para recordarle que precisamente por tratarse de América ella podía hablar el idioma que quisiera. "Le dije que lamentaba que se sintiera tan intimidada por la diversidad y el color", dice.

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Sin embargo, hay quienes no se sienten tan valientes. Noelia, una reportera uruguaya afincada en Oakland que prefirió no revelar su apellido, dice que antes de la victoria de Trump solía aprovechar sus esperas al tren para llamar a su padre por teléfono. Ahora procura evitar hablar en español en espacios donde siente que no podría escapar si experimentara una agresión. "Nunca fui tan consciente de mi acento como ahora", dice.

Cid, la mujer guatemalteca que tuvo problemas en el veterinario, dice que no se ha animado a llevar a su mascota, que sigue enferma, a otra clínica por miedo: "No quiero ni salir porque siento que me van a volver a insultar", dice.

Jennifer Acosta, una inmigrante de origen cubano graduada de Duke con magna cum laude, escribió el pasado mes de junio una artículo que se viralizó sobre este tema. En él, expresaba su miedo a que la violencia contra el español pueda privar a su hermana pequeña y a otras personas de origen extranejero de sus raíces e identidad inmigrante, bicultural y bilingüe. "Elegir hablar español en público, aunque tenga consecuencias, se convierte en un acto de subversión, ahora más que nunca", escribió esta joven.

"Renunciar al español es como dejar que ellos ganen", dice Acosta por teléfono. Sin embargo, a esta joven también le preocupan los inmigrantes indocumentados que hoy temen la deportación y para los que el "acto de subversión" de hablar español podría suponer un riesgo. "La seguridad es lo primero: hay que encontrar el equilibrio entre hablar el español en público para normalizarlo y no ponerse en un peligro", dice la joven. Torres, el joven que fue atacado en el aeropuerto, está de acuerdo: "Los que tenemos residencia debemos hablar español más que nunca. El resto tienen que ser más precavidos".

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