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Y mientras tanto... al otro lado del mundo

Desde un apretón de manos en Corea del Norte hasta una reunión regional en Medellín. Los líderes mundiales intentaron amedrentar a los caudillos, pero, salvo algunas modestas victorias, el éxito parece aún muy lejano.
Opinión
John Feeley fue Embajador de Estados Unidos en Panamá y es analista político de Univision.
2019-07-02T12:59:05-04:00

El pasado fin de semana todos hablaban del "apretón de manos". La diplomacia poco convencional de reality show del presidente Trump volvió a acaparar los titulares de todo el mundo, y con justa razón.

Aunque hay muchas opiniones sobre la disonancia visual que produce ver a un presidente estadounidense entablar amistad con un cruel dictador que ha asesinado sin miramientos a una veintena de familiares y amigos cercanos y ha matado de hambre a su país, debemos recordar que Roosevelt y Churchill posaron para las cámaras con Joseph Stalin, todo por el bien de la paz.

Aunque queda por verse si la incesante adulación personal de Trump hacia el líder norcoreano Kim Jong Un produce la desnuclearización de Corea y la reintegración de esta nación paria en la comunidad internacional, incluyendo un auge en la construcción de condominios, quienes criticamos la diplomacia ad hoc y personalizada de la actual administración debemos, no obstante, desear su éxito. De lo contrario, seríamos antipatrióticos, a pesar de nuestro escepticismo.

Al mismo tiempo, en un escenario mucho más pequeño, al otro lado del mundo, en Medellín, Colombia, la semana pasada ocurrieron dos acontecimientos de importancia hemisférica en la 49ª Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Para los lectores que no están familiarizados con esta reunión de ministros de relaciones exteriores del hemisferio occidental, es básicamente el bazar político anual de la región.

Imaginemos la feria escolar de fin de curso, con todo y equipos, clubes y venta de pasteles, que se celebra justo antes de que todos se vayan a sus vacaciones de verano. No es un lugar para tomar decisiones, sino un espacio democrático, donde cada país tiene un voto, y donde los estados nación de nuestro hemisferio hablan, presentan, opinan ... y sí, riñen retóricamente entre sí.

Qué aburrido, podrían pensar algunos. Sin embargo, en una región que afortunadamente no padece conflictos militares entre países, genocidio étnico, o confrontación nuclear y con una exposición mínima al terrorismo y al extremismo violento en comparación con otras regiones, los problemas de la pobreza y la desigualdad de ingresos, la migración irregular, la educación, la democracia y los derechos humanos deben ser la orden del día. Y así es, lo fueron, aunque la atención del mundo se haya enfocado en la teatralidad diplomática de mayor importancia en otros lugares.

En primer lugar, cabe mencionar que el evento se celebró en Medellín, Colombia. Cuando el sitio que engendró innumerables libros y series de Netflix sobre Pablo Escobar y el cartel de la droga de Medellín se convierte en la ciudad que representa al hemisferio, con sus eternas temperaturas primaverales y su vasta oferta cultural, la sede, por sí sola, demuestra lo que puede lograrse con una paz duradera. Con el simple hecho de llegar y participar en las reuniones, todo el hemisferio reconoció y aplaudió los esfuerzos del pueblo colombiano. Nadie se rehusó a participar porque Medellín fuera demasiado peligroso.

En segundo lugar, solo quiénes se sentaron a la mesa fueron relevantes. El régimen venezolano de Maduro, molesto por las innumerables críticas internacionales, se retiró de la OEA en abril de 2017, después de no pagar las cuotas durante casi una década. Sus simpatizantes socialistas del siglo XXI, especialmente Bolivia, Nicaragua y algunos países del Caribe, permanecieron en la organización para desarrollar una agenda antineoliberal, antidemocrática, y antiestadounidense. A Cuba se le suspendió la membresía en 1962 por su virulento gobierno antidemocrático. Aunque se le invitó a regresar en 2009, Cuba sigue optando por permanecer alejada del camino de la democracia, que es el precio nominal de admisión a la organización.

Así que, como en la mesa seguía presente una bandera venezolana, se convirtió en un tema de especial atención quién defendería esa bandera. Mediante una hábil gestión parlamentaria del asunto, el ministro de relaciones exteriores del país anfitrión, Carlos Holmes Trujillo, declaró a representantes del presidente constitucional interino Juan Guaidó representantes legítimos del pueblo venezolano.

Uruguay, por razones dudosas, decidió que esto era intolerable y abandonó la sesión, un berrinche diplomático que tuvo poca o ninguna consecuencia. Aunque esa tarde nadie en Caracas encontró alimentos o medicinas más fácilmente como resultado de la acreditación oficial del gobierno de Guaidó en la OEA, no se debe subestimar la importancia simbólica del acontecimiento.

Nadie puede predecir el desenlace final del sufrimiento humanitario de ese país bajo el mandato del dictador Maduro, pero Guaidó y sus valientes compañeros patriotas permanecen inquebrantables en el juego. Eso hay que aplaudirlo.

Otro acontecimiento que pasó desapercibido en la escena mundial fue que la OEA le dio un contundente voto de apoyo al sufrido pueblo de Nicaragua al aprobar una resolución que condenó el régimen de Daniel Ortega. Dejando de lado la adornada jerga diplomática, las naciones del hemisferio, entre ellas Venezuela en esta ocasión, exigieron que el gobierno de Ortega deje de abusar de los derechos humanos de sus ciudadanos, permita la libertad de prensa, celebre elecciones nacionales transparentes, permita el regreso al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y comience a negociar de buena fe con la oposición multisectorial para resolver la crisis política de Nicaragua.

Aunque desde hace mucho tiempo los caudillos latinoamericanos han dicho con sarcasmo que las declaraciones de la OEA los intimidaban, la respuesta de Ortega fue nula. Sin dudas ha visto el aislamiento de Maduro y cómo éste se ve obligado a asesinar, torturar y reprimir para aferrarse al poder. Ortega también ha hecho eso, y por ahora sigue siendo el poder de facto en Nicaragua. Pero cuando el hemisferio apoya tan rotundamente a su oposición, Ortega se debe ver asediado por la pregunta de cuánto tiempo más puede resistir, especialmente ahora que su 'papichulo' en Venezuela está en bancarrota y vende oro y todo lo que pueda para sobrevivir.

Una última viñeta de Medellín captó la eterna esperanza que la libertad, y, por ende, la libertad de prensa, pueden darles a quienes sufren la tiranía. La periodista nicaragüense Lucía Pineda pasó seis meses en la cárcel por acusaciones de terrorismo fabricadas. Como resultado de la presión internacional, la reportera de 100% News fue liberada de la prisión apenas una semana antes de la reunión en Medellín. Tras asistir por su cuenta, pues el régimen de Ortega clausuró su agencia de noticias, se dirigió a la mesa de registro de prensa para solicitar una credencial para cubrir la asamblea.

Cuando le preguntaron qué organización de medios la patrocinaba, respondió: "No tengo ninguna. Acabo de salir de la cárcel". La OEA reconoció a Lucía Pineda como periodista y cubrió sus gastos.

Su digno regreso a la noble profesión del periodismo podría no ser el apretón de manos que se vio en todo el mundo, pero es motivo de esperanza — es lo único que los dictadores no pueden arrebatarles a las personas sin su permiso. Enhorabuena, @LuciaPinedaU.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es).Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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