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De este héroe de impacto. A bordo de su vehículo, gustavo gutiérrez se dirige todos los días a una misión de impacto.
Armado con un respirador de cara completa, acude al urgente llamado de enfermos con coronavirus. Buenas tardes, doctor.
Solamente el día de ayer, dolor de pecho. Michelle: este urgenciólogo de 39 años ejerce una práctica poco común en tamaulipas, uno de los estados con más contagios de coronavirus en méxico.
Eres un médico a domicilio. Atiendes a estos pacientes que tienen miedo de ir al hospital por el tema del coronavirus.
Gustavo: muchos de mis pacientes me dicen: "doctor, no me quiero ir al hospital. Si me voy a morir, me quiero morir en casa con mi familia, sin que yo sepa que me están atendiendo y soy consciente de que puede pasar todo esto".
Les hago mucho hincapié que una casa no es lo mismo que un hospital, no se tienen los medios. Michelle: ante la negativa de los pacientes de buscar atención médica en un hospital, el celular del carismático médico no deja de sonar.
Cada dos minutos, recibe un llamado de ayuda. Algo que pudimos constatar durante nuestra plática, que fue interrumpida 12 veces.
Ya nueve llamadas. Diez llamadas en media hora.
11 llamadas. 12 llamadas perdidas las que has recibido en estos minutos de entrevista.
Gustavo: bueno, para que vean que no les miento. Michelle: ¿cuántas llamadas de pacientes recibes al día?
Gustavo: son 100, casi de seguro. Michelle: ¿cuántas personas puedes atender en un día?
Gustavo: depende distancia y si el paciente se puede mover. Pero lo más que he llegado a ver en un día son unos 50.
Muy bien, doctor. Michelle: con su positivismo y buen sentido del humor, ha tocado la puerta de cientos de pacientes.
Gustavo: sin exagerar, creo que llevo más de 1000. Y esto en los últimos tres meses, sin contemplar pacientes que veo en los hospitales.
Michelle: con los hospitales saturados de pacientes contagiados por covid-19, gustavo comenzó atendiendo a enfermos en el jardín de su casa, días después de que el mortal virus impactara en su familia. El haber adquirido el virus, ¿te da seguridad, o un poco más de tranquilidad, para ir a visitar a estos pacientes, algunos incluso en estado crítico?
Gustavo: sí. Mira, en primera, viví la enfermedad y la conocí.
Eso me dio experiencia personal. Segunda, te genera anticuerpos.
De alguna manera, hay protección en este momento. Porque sigo muy expuesto a altas concentraciones del virus.
Michelle: su día laboral es de 20 horas. Atiende a cualquier paciente que lo contacta en facebook o por celular.
Y su pronta respuesta lo llevó a ser viral en las redes sociales. A pesar de su popularidad, conserva el don de la empatía.
Por eso, para él lo importante no es la tarifa que cobra, sino el servicio que presta. Gustavo: hubo una señora que me contactó en matamoros.
Ella vende quesos, es lo que esa hace. Y cuando me pregunta cuánto cobraba, me dice: "no, doctor, ahorita no tengo el dinero".
"no se preocupe, voy a pasar a verla". La veo, le fue muy bien, recuperó.
Y luego me habla la señora y me dice: "estoy vendiendo quesos, quiero que venga por un queso que le voy a regalar". No he ido por el queso porque no he tenido oportunidad.
Michelle: por desgracia, no todas sus historias tienen final feliz. ¿te ha tocado ver morir a alguno de tus pacientes?
Gustavo: sí, ¿cómo no? Incluso familiares.
Me ha tocado verlo. Es algo lamentable, ¿no?
Considero que el covid-19 le adelantó su final a muchos que no era su momento. Michelle: él también espera con ansiedad la llegada de una vacuna.
Gustavo: lo que se me hace eterno es el tiempo en obtenerla. Me ha tocado ver muchísima gente morir a falta de esto.
Entonces, como no voy a hacer la vacuna y no la tengo ahorita a la alcance, tengo que esforzarme porque no se me mueran más de mis pacientes. Michelle: y mientras su celular sigue sonando, recuerda la lección que le ha dejado esta pandemia.
Gustavo: que la vida es hermosa. La vida son momentos, son aromas, son sabores.
Y si me preguntan el por qué lo hacía es porque no me hubiese gustado que mis hijas estuvieran en una situación de enfermedad y no hubiese nadie que las ayudara. Michelle: hoy sus dos hijas y su esposa están muy orgullosas de él, al igual que todos los mexicanos, que todos los latinos que hemos leído su historia en el new york times, porque hasta allá llegó.
Gustavo es considerado un héroe en su comunidad, porque siempre ve al enfermo como un ser querido que necesita ayuda. Es un médico con vocación de servir y lo único que pide en medio de esta pandemia es tener, escuche bien, más tiempo para ver a sus pacientes y contar con los recursos necesarios para poder ayudar a los más necesitados, aquellos que le pagan con quesos o con lo que tienen.
Le agradecemos por esta labor de impacto, gustavo. Muchísimas gracias por marcar la diferencia