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Música pedro ultreras habló con este grupo llamado sueños de oro. En el valle de san fernando, california.
El español no se olvida, se toca. Suena dos veces por semana en un centro comunitario donde las canas y las arrugas se entrelazan para cantar.
Yo enseño desde cero. Les enseño la las notas, la redonda, la blanca y eso.
Violeta quintero, de 77 años, lleva medio siglo impartiendo clases de música en este lugar. Llegó de méxico a los 20 y decidió que nadie debería extrañar su tierra en silencio.
Yo les digo ustedes son mis estrellas, porque ustedes vienen, ponen su tiempo y además se van a practicar, porque si no practican, no aprenden. La mayoría de estos alumnos son inmigrantes jubilados que han encontrado en la música un nuevo sabor a la vida.
Todos vamos a decir ellos toman el papel de músicos muy en serio. Llegan a clase con sus guitarras al hombro como estrellas de rock, aunque vengan apoyados de un bastón.
Alguien me dijo no, señora, ya nosotros no servimos para nada, nomás pa cuidar nietos. Y dije yo quién dijo eso?
Yo tengo mi guitarra. A sus 75 años, bertha de el salvador, por fin toca y canta.
De niña, su padre le decía que la ahora lleva tres años tomando clases y a nadie le quita las cuerdas. Godofredo flores, de movilidad en las piernas.
Una psicóloga le recomendó venir a este lugar cuando ya no le encontraba sentido a la vida. He revivido lo que antes fui y ahorita lo estoy volviendo a repetir.
Algunos son segunda generación en estas clases. Alfonso covarrubias, de 77 años, ha venido por dos décadas.
Su madre, que ya falleció, estuvo aquí antes que él. La clase cuesta 35 dólares al mes, pero por esa pequeña cantidad la maestra violeta le regala un tesoro.
La certeza de que aunque el cuerpo duela y la memoria falle , aquí adentro siempre pueden cantar. Y mientras cantan no envejecen.
Y quien llevará? Violeta escucha y los mira con orgullo.
Por eso llamó al grupo sueños de oro. El oro los derrite si sigue siendo oro y