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De los gitanos. María antonieta collins estuvo allí.
Julio. Vámonos, miarma.
Es la noche del jueves santo para amanecer. Viernes la de la madrugá que cobija cofradías y nazarenos.
Es la noche de los más antiguos, entre todos. Privilegio de la hermandad de silencio, la que pide la venia por escrito para circular, la que nació en 1340 y sigue sin música ni palabra, con miles de nazarenos silentes a su lado.
El santísimo cristo de la hermandad del calvario impresiona también por el silencio, dejando solo patente dolor y luto por la crucifixión de jesucristo. Mientras el capataz con el llamador guía los costaleros a seguir el pesado camino que en la madrugada sevillana no es sacrificio sino orgullo.
Es la noche sin tiempo donde el reloj marca el encuentro con las dos grandes señoras. La esperanza macarena, que ha ganado desde 1535, ser la de los primeros minutos.
Hoy, con casi 5500 nazarenos, pasó la prueba con el nuevo rostro que ha movido multitudes. Pero la señora de triana no se quedó atrás.
Por ella esperan, igual que lo hacen desde 1418, cuando hay más de 4000 nazarenos. Cuando la acompañan anunciando que ella viene atrás.
Pero el gran final está reservado al cristo de los gitanos, el que llega a una plaza de la campana abarrotada inmortal saeta de antonio machado y joan manuel serrat, que arranca lágrimas. Pronto todo habrá terminado para reencontrarse aquí.
La semana santa del año entrante.