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Lejos de su familia. En medio de condiciones precarias.
Sin embargo como nos cuenta francisco cobos desde matamoros tambén huboángeles que le llevaron alegía, aí fuera por un momento en esta fecha tan especial. La úsica lleó para dar unos instantes de alegía miles de migrantes en el campamento de matamoros y en otros alberga del sur de texas donde por un momento se olvió la pesadilla de abandonar todo en sus píses para buscar un futuro mejor.
Algunos juguetes y comida les hicieron olvidar la larga espera de meses en condiciones infrahumanas, en situaciones peligrosas o estar lejos de su tierra y sus seres queridos en esta traveía hacia el sueño americano. Necesitamos ás puentes y menos moros que no se separen.
Los niños se divirtieron con los jueguetes que le llevaron algunas organizaciones civiles. La pequeña maía de seis años en su vida haía tenido unos patines.
Hoy aprende con ayuda de su padre, que de la misma manera la ha ido guiando a traés de la vida. Alexander ya tiene cuatro mesas en este campamento y este año espera de una segunda citacon un juez de migracón el póximo mes de enero.
Pero no pierde la esperanza. Algo cambia nuestro favor y podamos, por ella y los miles de niños que esán aqí, que verdaderamente no pasaron una noche buena.
Hoy en este campamento muchos niños jugaban en los improvisados pasillos de tierra y lodo. Aunque no hay caso para todos como la pequeña keila, quien tuvo que conformarse con jugar con una escoba barriendo la parte de afuera de su tienda de campaña.
Cerca de alí sandra andrade cocinaba dos huevos como comida de navidad para sus dos hijas de 10 y 17 años que la acompañan desde el salvador. Su mejor regalo dijo podía ser reunirse con el resto de su familia que la esperan en el estado de virginia .
No vamos a perder la fe. Queremos pasar al otro lado.
Porque alá esán mis dos hijos mayores y mi familia.