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Adiós a las carpas: Viaje al interior de 'Tent City', la que fuera considerada como la 'peor cárcel' para indocumentados

Adiós a las carpas: Viaje al interior de 'Tent City', la que fuera considerada como la 'peor cárcel' para indocumentados

Andrea Sambucetti describe cómo fue su recorrido por la cárcel de Maricopa que se convirtió en símbolo de la mano dura contra los inmigrantes y recientemente fue desmantelada.

¿Qué ha pasado tras el desmantelamiento de la controversial cárcel "Tent City" del condado Maricopa? Univision

¿Qué ha pasado tras el desmantelamiento de la controversial cárcel "Tent City" del condado Maricopa?

Entrar a una cárcel no es fácil. Casi siempre los periodistas debemos llenar muchos papeles, realizar muchas llamadas, se piden y se dan muchas explicaciones y se intercambian decenas de correo electrónicos. En general, la mitad de los intentos fracasan. Y cuando te dan el permiso, ya pasaron varios meses del inicio del trámite y el acceso es restringido.

Pero esta vez fue distinto. Hicimos el contacto prácticamente en un par de días. Dulce Mascareño, una colega de Univision de Arizona, que nos estaba ayudando a lograr la grabación, me mandó un mensaje de texto al celular al otro día de haber hecho el pedido. Y cuando lo leí, no lo podía creer. Tampoco mi camarógrafo, Roberto Olivera.

“Pueden entrar”, decía. Así de fácil. Y, por supuesto, fuimos a quedarnos todo lo más que pudiéramos: era la cárcel de la que todo el mundo hablaba porque en lugar de rejas y celdas, tenía carpas y en ellas los prisioneros pasaban la mayor parte del día.

Así luce hoy el espacio donde antes estaba "Tent City", la tem...
Así luce hoy el espacio donde antes estaba "Tent City", la temible cárcel al aire libre del condado Maricopa fundada por el exalguacil Joe Arpaio.


Tent City se abrió en 1993 para hacer frente a la hiperpoblación que había en el Sistema Penitenciario de este país. Con el advenimiento de la SB1070 en Phoenix, Arizona, se comenzó a encerrar allí también a los indocumentados que compartían espacio con el resto de los reos, presos comunes, de baja peligrosidad.

Ganó en poco tiempo la fama de “la peor cárcel”. Y a nosotros nos interesaba en especial la experiencia de los migrantes que pasaban sus días bajo los techos de lona. Queríamos saber cómo era la vida de ellos allí, cómo estaban siendo tratados, cómo eran las instalaciones y qué historia había detrás de cada uno.

Quizás nuestro pedido de ingresar fue expedito debido a que, al parecer, el entonces sheriff del condado de Maricopa, Joe Arpaio, estaría siempre dispuesto a la visita de los medios y en especial de las cámaras. El comentario que se hacía por debajo de la mesa, era que el sheriff quería mostrar su “mano dura” y que todos vieran “el castigo a los incumplidores”. Y cuando visitamos Tent City era octubre del año 2012, un momento crítico para los migrantes del área, colmado de redadas y denuncias de racismo.

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Pasamos las puertas de seguridad y ya estábamos adentro de “Tent City”. Pedí que la guía fuese en español y me sorprendió una trabajadora llamada Russell Pérez, latina, de origen puertorriqueño y que hablaba de lo más fluido.

Russell nos llevó primero por las instalaciones con techo y aire acondicionado. Si bien el verano ya había pasado, el calor era insoportable y agradecimos esta primera fase del recorrido.
En el salón central se ven varios armarios personales, mesas y un televisor que solo pasa deportes y programas de cocina. “Los presos no pueden ver ningún otro programa o noticiero”, me cuenta Russell.

El calor bajo las carpas llegaba a ser de hasta 145 grados. Pero para mu...
El calor bajo las carpas llegaba a ser de hasta 145 grados. Pero para muchos lo peor era la comida.


En una de las aulas se realizaba en una sesión de terapia psicológica grupal. El acceso a esta área es libre, pero más bien, había poca gente allí.

La mayoría de los presos estaba afuera. Había unos 80 en la sección masculina y más o menos igual en la sección de mujeres -que estaba separada por unas rejas más atrás-.

No teníamos restricción de tiempo, así es que nos pasamos prácticamente el día completo en ese centro penitenciario.

Lo primero que hacemos es hablar con quienes se animaron.

“Es muy triste estar aquí”, me dice uno de ellos. Otro me cuenta que muchos allí, la mayoría mexicanos y centroamericanos, estaban cumpliendo sentencias de 3 y 4 meses por robo de identidad.

“Compr´ñe un social de esos que venden a 100 dólares por ahí para poder trabajar y me agarraron”, me cuenta Israel López. Algunos sumaban a este delito otros delitos, la mayoría menores y por eso, las sentencias apuntaban una corta reclusión.

Me llama la atención que entre la lona y los hierros de las carpas había varias botellas. “Es para que no haya tanto calor en las carpas”, me cuenta uno de los detenidos luego de quejarse de lo duro que era el colchón.

En verano, la temperatura del día ahí dentro podía alcanzar 145 grados Farenheit. Y eso es mucho, muchísimo calor. Casi como pasársela dentro de un horno. Por la noche, en cambio, la temperatura bajaba tanto que “nos morimos de frío”, me cuenta Israel.

En el exterior, Tent City recibía además la invasión de toda clase de insectos y animales, ya que lindaba con un basurero. Las ratas, cucarachas y demás, siempre invadían a los durmientes.

"Tent City" fue construida para albergar hasta 2,100 presos, p...
"Tent City" fue construida para albergar hasta 2,100 presos, pero su población máxima alcanzó 1,700.


Las visitas eran prácticamente impensadas. “Para venir a vernos, nuestras familias tienen que tener documentos, pero mi familia y la de todos aquí no los tienen”, me dice Oscar, que fue deportado luego a Sinaloa. Es que la deportación era el destino que le esperaba, en ese entonces, a todos.

Muchos sentían horror del traje de rayas negras y blancas, y se quejaban de que toda su ropa interior era rosada: las medias, los sostenes, los panties, los boxers y también una pequeña toalla de mano que cuidaban como oro, pues era la única que tenían.

Lo peor no era nada de esto, sino la comida. Para todo el día, les daban una bolsa con dos pancitos negros y duros, un sobre de mantequilla de maní, un paquete con 3 o 4 galletas muy pequeñas y dos naranjas. Al paquete, los internos lo bautizaron “el chow”, porque decían que parecía “comida de perro”.

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Quienes tenían la suerte de que sus familiares les enviaran algo de dinero podían comprar algunos snacks, como papas fritas de paquete, que se vendían mucho mas caras que en cualquier negocio callejero.

Doy fe de que la comida era fea. No puedo olvidar su sabor, porque… la probé. Estaba embarazada de mi hija Celeste, que ahora tiene 4 años. Y sí, vomité.

Recuerdo que salí con miles de preguntas sin respuesta. No podía comprender muy bien las reglas de esta particular institución.

Russell, la trabajadora puertorriqueña era lo más positivo que me llevaba. Era amable y atenta con los reclusos. Todos allí se comunicaban con ella gracias al español y ella trataba de ayudar como podía a cada uno. Su posición era difícil pero, sin duda, clave en ese encierro al aire libre.

Por la falta de comunicación que tenían con sus allegados, varios detenidos nos pidieron tomarnos una fotografía para que vieran cómo estaban dentro. La compartimos en Facebook. Y gracias a esto, pudimos hacer este reportaje, cinco años después.

Durante un largo tiempo seguí comunicada con algunos de los presos y con Russell a través de las redes sociales. Nunca olvidé mi visita y dicen que nadie lo hace. Ya entiendo por qué.

Con la llegada del nuevo alguacil, Paul Penzone y la salida de Arpaio, esta historia iba a dar un vuelco inesperado. “A partir de hoy, el circo se termina y las carpas bajan”, anunció a inicios del pasado abril. Estaba poniéndole fin a toda una era.

Andrea Sambucetti junto a detenidos en la cárcel "Tent City" d...
Andrea Sambucetti junto a detenidos en la cárcel "Tent City" del condado Maricopa, en 2012.


Tuvimos acceso a los informes de recomendación oficial de cierre y los estudiamos con profundidad. “Simplemente, Tent City estaba costando demasiado dinero para seguir operando”, me dijo Lydia Guzmán, de Chicanos por la Causa.

La realidad es que el predio se realizó para ocupar con 1500 detenidos y nunca alcanzó ese número. El costo seguía siendo lo mismo cada año: 8.7 millones de dólares.

Así es que más allá de las condiciones de detención, el factor económico fue el de principal peso para el cierre. Con un ahorro de 4.9 millones de dólares, hoy, todos los detenidos han sido reubicados en las cárceles linderas, bajo techo y con condiciones mejoradas.

Teníamos que regresar. Y lo hicimos, cinco años después y sin esperar todo lo que íbamos a encontrar adentro.

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La primera gran sorpresa fue ver a Russell, nuevamente, que ahora trabaja en Estrella Jail y en la sección femenina.

“Es mucho mejor”, me cuenta. Ella, como sus compañeros, también sufría de las inclemencias del clima desértico trabajando todo el día al aire libre.

Recorrimos las instalaciones de la ahora ex Tent City, que parece un cementerio de chatarra al que sólo lo puede revivir el recuerdo, en fotogramas de rayas y rosados.

“Y del rosado queda cada vez menos. Ya los calcetines, panties y sostenes son blancos”, me cuenta Russell, ya ingresando en el edificio de Estrella.

Allí, entramos en una de las celdas y las mujeres allí se veían tranquilas, aunque por supuesto la detención nunca es feliz. Eso sí, era definitivamente diferente al cuadro de “rostros exhaustos” que había en la sección de mujeres cuando visitamos las carpas.

“En las carpas no era como estar detenido, era como un campamento donde el calor era terrible. Aquí es mejor, bajo techo. Aquí puedo pensar en lo que hice para estar aquí”, me cuenta una de las internas, que estaba presa por venta minorista de estupefacientes en abril y luego fue trasladada a Estrella.

El día de nuestra visita coincidió con el cumpleaños de nuestro camarógrafo Scott Monaghan y al dejárselo saber a las detenidas, no dudaron en dedicarle una felicitación cantada. El clima en este encierro, tiene sin duda más parecido a los demás.

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Los colchones se están cambiando también. “Y sigue la comida”, según Russell.

Quedaba sólo por saber cómo había impactado la cárcel de las carpas a quienes estuvieron allí.

Por eso, viajamos a Nogales, México. Teníamos que preguntarle a Israel López, uno de nuestros entrevistados y llevarle la noticia del cierre de las carpas. Y al verlo, lo primero que me dijo fue: “No se cuál fue el motivo, pero qué bueno. Mucha gente sufrió ahí adentro”.

Luego de Tent City, Israel fue deportado y desde entonces trabaja como cocinero en esa ciudad del norte mexicano.

Para él, la experiencia de Tent City ha sido traumática. “Me trataron como el peor delincuente que puede haber”, dijo enojado, “y solo por andar indocumentado, no se me hace justo”. “Juré no volver nunca más a los Estados Unidos. Me sentenciaron a 3 meses y fueron los peores de mi vida”, continuó.

Tent City representó una experiencia de castigo fuera de lo común y su cierre parece erigirse como la reparación del tamaño tan merecido y tan esperado. Las carpas, la temperatura, la comida, la falta de comunicación, la vestimenta rosada y más, son ahora un pasado al que muchos no quisieran nunca más regresar.

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