La confianza de los consumidores estadounidenses sufrió un deterioro inesperado en enero, cayendo 9.7 puntos hasta situarse en 84.5, según datos de la Conference Board. Esta cifra representa el
nivel más bajo registrado desde mayo de 2014. El desplome refleja la creciente preocupación de las familias por los altos precios persistentes y las señales de
desaceleración en el mercado laboral, lo que genera
pesimismo sobre las perspectivas financieras para el resto del año.