¿Cómo se tomaron las históricas fotos de la Luna y la Tierra en Artemis II?

Los astronautas recibieron alrededor de 20 horas de entrenamiento especializado para aprender a fotografiar en condiciones extremas y sin asistencia directa.

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Las imágenes que han marcado la misión Artemis II, desde la cara oculta de la Luna hasta vistas inéditas del planeta, no fueron producto del azar, sino de años de preparación técnica y entrenamiento especializado para los astronautas.

Detrás de cada fotografía hay un proceso que comenzó mucho antes del despegue, con la selección del equipo y la capacitación de la tripulación para enfrentar las condiciones extremas del espacio.

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“Tenemos que elegir el equipo con mucha anticipación a la fecha de lanzamiento. La (Nikon) D5 se utilizó durante muchos años en la Estación Espacial Internacional, así que ya teníamos mucha experiencia con ella. Sabíamos que podía soportar la radiación, al menos varios años de exposición en la estación, y no presentaba problemas”, explicó Paul Reichert, especialista en fotografía y video de la NASA.

La cámara Nikon D5 fue el principal instrumento utilizado durante la misión, respaldada por otros dispositivos como la Nikon Z9 y diferentes lentes adaptados a las condiciones de luz extrema del espacio.

A diferencia de las misiones Apolo, en las que las imágenes se revelaban días después en la Tierra, Artemis II permitió algo inédito: ver fotografías casi en tiempo real.

“Para mí, una de las grandes diferencias es que podemos recibir las imágenes durante la misión, al menos algunas de ellas. Eso es un cambio enorme. Antes tenían que regresar y revelar la película; ahora pueden ver las fotos en el momento y ajustar la exposición”, detalló Katrina Willoughby, también especialista de la agencia.

Este avance no solo mejoró la calidad de las imágenes, sino también la experiencia de los propios astronautas, quienes pudieron corregir errores sobre la marcha.

La preparación para lograrlo fue intensiva. Desde su etapa como candidatos, los astronautas reciben formación básica en fotografía, que se intensifica al ser asignados a una misión.

“Cuando se convierten en astronautas, les damos entre cuatro y seis horas de entrenamiento en cámaras para llevarlos a un nivel básico. Pero una vez asignados, reciben alrededor de 10 clases, es decir, unas 20 horas de entrenamiento”, explicó Reichert.

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Sin embargo, el verdadero desafío comienza en el espacio, donde no hay margen para errores ni asistencia inmediata.

“No estamos sentados junto a ellos ni recibimos datos de la cámara a menos que envíen las imágenes. Si hay un problema, deben ser capaces de explicarlo y, con suerte, resolverlo por sí mismos”, añadió.

Además de las cámaras profesionales, la misión incorporó tecnología más cotidiana: teléfonos inteligentes.

“El iPhone fue una sorpresa. Fue una adición de último momento. Es útil porque lo pueden tener a la mano y usarlo fácilmente, pero genera archivos muy grandes, lo que es un reto porque no tenemos suficiente ancho de banda para enviarlos”, señaló Willoughby.

Las transmisiones en video, incluyendo cámaras tipo GoPro, también jugaron un papel clave al acercar la misión al público.

“No fue hasta que encendieron esta cámara y transmitieron las imágenes que la misión se volvió real para mí. Nos permitió ver lo que estaban haciendo y también involucró al público”, dijo Reichert.

El resultado superó incluso las expectativas de los expertos.

“No sabes exactamente qué vas a ver en estas misiones. Entrenamos a la tripulación para resolver problemas, pero lo que hicieron superó mis expectativas por mucho”, afirmó.

En la Tierra, el impacto de las imágenes fue inmediato.

“La emoción, tanto en las salas de control como entre quienes veían las imágenes, fue enorme. Todos estábamos muy emocionados”, concluyó Willoughby.

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