Entre gritos de dolor y clamor de justicia,
16 personas asesinadas en masacres de Honduras fueron sepultadas:
padres que lloraban la pérdida simultánea de sus dos hijos y madres que, entre lágrimas, exigían respuestas ante una violencia irracional. Mientras las familias dan el último adiós a sus seres queridos, el
gobierno mantiene un despliegue militar y policial.