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Esta mexicana denunció a un taxista porque le gritó "¡guapa!": él terminó en la cárcel y ella reavivó el debate sobre acoso callejero

Tamara de Anda, cansada de lidiar todos los días con improperios sobre su cuerpo, decidió enfrentar a un taxista que le gritaba cosas desde su carro. Lo denunció y, como la ley lo estipula, el hombre terminó en la cárcel. Mientras muchas mujeres en las redes sociales celebran su valentía, otros miles le dejan saber el odio que despertó su acto.
20 Mar 2017 – 3:11 PM EDT

Tamara de Anda, una joven periodista y bloguera mexicana, iba por la calle en la Ciudad de México y —como a tantas en México y en Latinoamérica les sucede a diario— un hombre, en esta ocasión un taxista, bajó la ventanilla y le gritó algo sobre su cuerpo. Esta vez la palabra fue “guapaaaa”.

La mujer, envalentonada, se regresó y le dejó saber al taxista que lo que estaba haciendo era un falta cívica tipificada en el Artículo 23 de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal. Lo sabía porque unos meses atrás, cuando otro hombre había proferido improperios sobre su cuerpo y ella lo confrontó, un policía se le acercó y le dijo que si quería proceder, ella podía denunciarlo.

“Son infracciones contra la dignidad de las personas: 1. Vejar o maltratar física o verbalmente a cualquier persona”, profesa la ley con la que Tamara intentaba que el taxista se diera cuenta de que eso que él había hecho toda su vida no solo estaba mal, sino que además era ilegal (sobre todo en una urbe que según una reciente encuesta hecha en 16 ciudades, ostenta las cifras más altas de acoso sexual y verbal en el transporte público).

El taxista no pudo más que reírse. ¿Qué tenía de malo su piropo? ¿Acaso a las mujeres ya no les gustaba que los hombres les dijeran cosas bonitas?

"El 'piropo', que debería llamarse 'acoso' sin ningún endulzante, ha hecho que los hombres se sientan con el derecho de comentar sobre tu cuerpo y convertirte un objeto al que ellos pueden acceder sin tu consentimiento . El piropo es el primer escalón en una cadena de violencia que hace que luego se justifiquen agresiones físicas y hasta el feminicidio. El acoso verbal hace que los hombres piensen que cuando sea y en donde sea ellos tienen derecho sobre el cuerpo de una mujer y eso no puede seguir así”, explica a Univision Noticas De Anda, quien decidió efectivamente proceder a denunciar al taxista.

Con la suerte de que en medio de la discusión una patrulla de policía de tránsito llegó a la escena y le pidió sus papeles al taxista, De Anda fue a la comisaría y denunció al hombre. “Fue muy importante ver que no solo todos los policías parecían muy entrenados para tratar casos como el mío, sino que además nadie cuestionó mi decisión”, explica la chica que, para estas alturas, había informado de sus andanzas a sus más de 33 mil seguidores en Twitter (que, por cierto, la conocen con el nombre de Plaqueta).


El taxista (que no entendía nada de lo que estaba sucediendo) tenía dos posibilidades: pagar una multa o pasar un día en la cárcel y como se rehusó a pagar, estuvo preso por las siguientes 24 horas. Una consecuencia que las redes sociales no dejaron escapar. Tamara se había convertido en Trending Topic.

Mientras muchas mujeres le agradecían su valentía y le mandaban mensajes de apoyo diciéndole lo importante que había sido su acto y la relevancia que tenía haber informado a la comunidad que este tipo de actos tan cotidianos y naturalizados se pueden denunciar, un mar de trolls la condenaba porque consideraban que llevar a un hombre a la cárcel por gritarle "¡guapa!" era no solo una “excentricidad” o una “exageración”, sino también una reacción digna de una “loca” que “ni siquiera era tan guapa”. Luego, llegaron las amenazas físicas, de violación e incluso de muerte para ella y su gente cercana. “Soy una experta en redes sociales, sabía que iba tener que lidiar con mucha resistencia a juzgar por casos anteriores de mujeres que denunciaron el acoso, pero nunca había tenido que lidiar con tal cantidad de odio”.



Las razones del odio y las críticas

Pero ¿por qué si la ley lo estipula, tanta gente estaba furiosa con el proceder de Tamara de Anda?

En principio el debate se enfrascó en la sutileza de la palabra “guapa”. Pero muchas feministas saltaron a las redes a defenderla: “Ninguna historia de amor comenzó con un hombre bajando la ventanilla de su automóvil para después asomar la cabeza y gritar dulcemente: “Guaaaaaapaaa” a la mujer que al parecer iba caminando por la calle libremente. Él no estaba intentando conquistar a la mujer que iba por la calle, y sabía bien que ella no iba a correr a su ventanilla para darle su número telefónico. Él lo hizo porque considero que tenía el derecho a opinar sobre la apariencia de la mujer, lo hizo como un acto de poder”, explica, por su parte, en su columna #LadyPlaqueta y el derecho a denunciar el acoso, Esther Strange, quien lidera el blog colaborativo feminista 'Harén de nadie'.

Luego, la condenaron por su privilegio de clase, era una chica blanca, reconocida en los medios, que denunciaba a un pobre taxista. ¿Qué hubiera pasado si ella hubiera sido una empleada doméstica o si el que le hubiera lanzado el grito hubiera sido un hombre manejando un carro de lujo?, preguntaban sus detractores.


“Fue atípico que ella denunciara, porque no todas las mujeres en esta ciudad tienen ese privilegio. ¿A cuántas les gritan a diario y no denuncian porque no tienen el tiempo o porque las echarían del trabajo? ¿Cuántas saben que esa incomodidad que sienten todos los días en el transporte público está de hecho castigada y es una falta administrativa? Muy pocas. Es un súper privilegio. Y Tamara lo usó porque ni ella ni nadie tiene por qué aguantarse que le griten improperios en la calle”, asegura la columnista y feminista Catalina Ruíz-Navarro.

Otros, la culpaban por el castigo desproporcionado que había recibido el taxista. A lo que la misma Tamara refutó: “Yo no hubiera querido que el taxista terminara en la cárcel, al fin y al cabo eso no le iba a hacer comprender cuál era el error en la base de su comportamiento. De hecho me sentí mal porque, claro, esa era la primera vez que quizás en su vida alguien se atrevía a confrontarlo por ese comportamiento. Pero yo no redacté la ley. Hubiera querido que tuviera que leerse manuales, o que hubiera oído testimonio de cómo nos sentimos las mujeres”, explica Tamara.

A pesar del cansancio que le ha representado lidiar con el troleo que derivó de la polémica en las redes sociales, Tamara no se arrepiente de su decisión. Está convencida de que este debate mal que bien va a hacer que muchos hombres se la piensen dos veces antes de gritar sin más lo que piensan sobre los cuerpos de las mujeres desconocidas y solas que ven por la calle.

¡Vivas NOS queremos! los testimonios de quienes acudieron a la histórica marcha

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