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El escultor que muestra a los pandilleros de MS-13 como si fueran trofeos de caza

El artista mexicano Renato Garza ha generado polémica y críticas con sus piezas hiperrealistas en las que se ve a miembros de la Mara Salvatrucha como tapetes. Según él, es solo la materialización de cómo la sociedad los quiere presentar: como bestias que hay que cazar.
16 Dic 2017 – 9:40 AM EST

En el suelo de la galería de arte Jesús Gallardo en León, México, la figura de un pandillero de la Mara Salvatrucha está desplegada sobre el piso. Su piel parece real: casi que hay que acercarse para entender que se trata de una representación, de una escultura fabricada, para constatar que esos pies, ese rostro que gruñe, esas manos, esa espalda tatuada no pertenecen a nadie en concreto.

“La gente habla de esculturas hiperrealistas, yo las veo más cerca de la taxidermia de los museos de historia natural, o de las colecciones de cacería privada”, explica el artista mexicano Renato Garza, que lleva trabajando desde 2004 en esta serie que ha denominado, ‘Genuinas Bestias Contemporáneas’.

El título que bautiza a esta serie de esculturas lanza de inmediato una pregunta: ¿Estamos entonces ante la representación de una bestia? El artista cree que sí. Renato Garza cree que la sociedad ha convertido a los pandilleros en una especie de monstruos que se pueden y se deben cazar.

“Estas piezas, en realidad, no hablan solo de la pandilla de las Maras Salvatruchas, hablan de la alienación, de lo que vemos en esos pandilleros los que no somos pandilleros; habla de la monstrificación de los miembros de estos grupos y de muchos otros grupos que hacen parte de las minorías latinas", dice Garza. "Donald Trump podría tener en su casa tapetes no de osos o leones cazados en el África, sino con mexicanos indocumentados, por estos días otras de las bestias contemporáneas”.



La lectura que hace este artista de sus piezas no parece para nada descontextualizada. Hace unos meses, Gerardo López, un expandillero que durante ocho años fue miembro de la Mara Salvatrucha en Los Ángeles se refirió a la promesa de Donald Trump de erradicar a los "animales" que integran a la Mara Salvatrucha (MS-13). "Tengo un tatuaje de la MS-13. ¿Eso me hace un animal también?", preguntó desafiante en un post de Facebook López quien hoy en día tiene un trabajo normal y un título universitario en Justicia Criminal.

La génesis de estas inquietantes seis esculturas (dos de ellas ya son parte de colecciones privadas en México y Bélgica) se remontan a una tranquila tarde en la que el artista estaba viendo televisión. Cambiando de canal, Renato se topó con unos dibujos animados en donde se veía a un monstruo peludo que vivía en su casa en la que tenía un tapete de hipopótamo verde de puntos rojos.

“Me pareció raro ese tapete porque no era una fiera habitual como un oso o un león, que es lo que los cazadores suelen tener puesto sobre el suelo a manera de trofeo”. Esa reflexión le suscitó una pregunta sencilla: ¿Quiénes serían hoy en día las bestias que los cazadores cazarían para tener como alfombra en su casa?

La respuesta no tardó en dársela otro programa de televisión. Un noticiero reporteaba sobre los mareros Salvatruchas mostrándolos a todos en ropa interior, encerrados en unas celdas, apiñados, mostrando sus tatuajes y haciendo sus símbolos. “Me pareció estar ante la imagen de un zoológico y no de una cárcel de seres humanos”.

El artista se embarcó entonces en la creación de estos tapetes de bestias de cacería con piel de pandillero.

Usó sus propias proporciones, sus manos y sus pies y las expresiones faciales de algunos de sus amigos para tratar de construir una figura humana casi real. Luego de lograr una textura semejante a la piel y de invertir días de trabajo tratando de que las manos y los pies de las esculturas parecieran las de un humano, quiso llenar ese cuero de tatuajes.

“Quise usar ese elemento tan emblemático de los Maras Salvatruchas, pero con otro propósito: en lugar de usar las imágenes de tumbas, telarañas o lágrimas que llevan muchos de los pandilleros sobre su piel, pinté una virgen de Guadalupe, al Che Guevara, a Maradona, al Subcomandante Marcos, puse nombres de mujeres y símbolos religiosos”.

El atrevimiento, -no solo el de representar a un pandillero como un tapete de caza, sino el de trasgredir los estrictos códigos de los tatuajes de los Maras- generó fuertes reacciones.


Desde mails de personas reconocidas de El Salvador en la que le tildaban de estar haciéndole una apología al delito con su escultura, pasando por enojados visitantes de sus exposiciones que pateaban las obras y le reclamaban ser un ignorante de lo que son estas pandillas, hasta verdaderas amenazas de muerte.

“Yo quería poner en esas pieles cosas más íntimas, cosas de una historia personal y colectiva de los latinoamericanos y lograr con eso una humanización. Ese otro, esa bestia, podría ser uno de nosotros”, explica el artista.

Mónica Ashida, curadora de la más reciente muestra en la que se exhibieron las esculturas de Renato Garza y que después de haber sido mostrada en León, girará por varias ciudades de México como Tijuana y el DF asegura que la intención de estas piezas es crear molestia para crear consciencia. “Estos salvajes urbanos no están representados como ejemplos únicos, ellos encarnan a toda una clase de seres humanos que responden a las situaciones particulares que les ha tocado asumir para sobrevivir y que la sociedad ve como bestias”.

Una década después de haberlas creado, las esculturas de Renato siguen levantando ampolla y causando molestia. Sin embargo, el artista no tiene ninguna intención de dejar de exhibirlas. “Son las preguntas que hay que hacer en este momento. Hay sectores de la sociedad que siguen pensando que estas minorías son todas sacrificables y el arte tiene y debe tener la capacidad de atacar de frente estas ideas”.

Este artista lanza una crítica con sus tapetes de pandilleros de la Mara Salvatrucha

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