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Salud Mental

Por qué todos queremos regresar a casa en Navidad

Si sientes la necesidad de volver al hogar durante las fiestas, no eres el único y gran parte de la explicación se basa en profundos mecanismos psicológicos. Se trata del sitio donde nos sentimos más cómodos y seguros, y que moldea gran parte de nuestra identidad.
23 Dic 2017 – 08:25 AM EST

Las listas de reproducción que se suelen escuchar en Navidad en Estados Unidos a menudo incluyen canciones como “Rockin 'Around the Christmas Tree” y “I Saw Mommy Kissing Santa Claus”, pero también hay otras nostálgicas que van un poco más allá. Fíjate en las líricas de “I'll Be Home for Christmas” o “White Christmas” y notarás un profundo anhelo de regresar al hogar y cierta tristeza por tener que pasar las vacaciones en otro lugar.

Si dejamos de lado los rituales navideños más 'superficiales' (los especiales de televisión, las luces, los obsequios, la música) lo que queda es el hogar. Su importancia refleja nuestra necesidad primordial de tener una relación significativa con el entorno: un lugar que trasciende el límite entre el yo y el mundo físico.

¿Puedes amar tanto un lugar como a una persona?

La mayoría de nosotros probablemente puede nombrar al menos un sitio con el que siente una conexión emocional. Pero probablemente no notas cuánto puede influir ese lugar en tu identidad o qué tan esencial es para tu bienestar psicológico.

Los psicólogos incluso poseen una terminología completa para los lazos afectivos entre personas y lugares: hay topofilia, enraización y apego al lugar, que se usan para describir los sentimientos de comodidad y seguridad que nos unen a un sitio específico.

Tu afición por un lugar, ya sea la casa donde viviste toda tu vida o los campos y bosques donde jugabas de niño, pueden incluso imitar el afecto que sientes por otras personas.

Estudios han demostrado que una reubicación forzada puede provocar depresión y angustia tan intensa como la pérdida de un ser querido. Otro estudio descubrió que si sientes un fuerte apego por tu ciudad o pueblo, estarás más satisfecho con tu casa y también estarás menos ansioso por tu futuro.


Nuestro entorno físico juega un papel importante al crear significado y organizar nuestras vidas: mucho de cómo vemos nuestras vidas y en qué nos hemos convertido depende de dónde hemos vivido y de las experiencias que hemos tenido allí.

Entonces, no sorprende que el profesor de arquitectura Kim Dovey, que ha estudiado el concepto de hogar y la experiencia de la falta de vivienda, haya confirmado que el lugar donde vivimos está estrechamente vinculado con nuestro sentido de quiénes somos.

Un ancla de orden y comodidad

Al mismo tiempo, el concepto de hogar puede ser resbaladizo.

Una de las primeras preguntas que hacemos cuando conocemos a alguien es: “¿De dónde eres?” Pero rara vez nos detenemos a considerar cuán complicada es esa pregunta. ¿Significa dónde vives actualmente? ¿Dónde naciste? ¿Dónde creciste?

Los psicólogos ambientales han entendido desde hace tiempo que la palabra hogar claramente connota más que solo una casa. Abarca a personas, lugares, objetos y recuerdos.

Entonces, ¿qué o dónde, exactamente, queda aquello que las personas consideran hogar?

Un estudio de Pew de 2008 pidió a las personas que identificaran “el lugar en su corazón que considera que es su hogar”. El 26% informó que era el lugar donde nacieron o se criaron; apenas el 22% dijo que era su vivienda actual. El 18% identificó el hogar como el lugar donde habían vivido más tiempo, y el 15% consideró que era el sitio de origen de su familia extendida.


Pero si observas diferentes culturas a lo largo del tiempo, observarás un hilo común.

No importa de dónde vengan, las personas tienden a pensar en el hogar como un lugar central que representa el orden, un contrapeso al caos que existe en otros lugares. Esto podría explicar por qué, cuando se les pide que hagan un dibujo de “dónde viven”, los niños y adolescentes de todo el mundo colocan invariablemente su casa en el centro de la hoja de papel.

Los antropólogos Charles Hart y Arnold Pilling vivieron entre los aborígenes tiwi de la Isla Bathurst, en la costa del norte de Australia, durante la década de 1920. Notaron que la tribu pensaba que su isla era el único lugar habitable del mundo: para ellos, cualquier otro lugar era la “tierra de los muertos”.

Mientras tanto, los zuni del suroeste de Estados Unidos durante mucho tiempo han considerado la casa como algo vivo: allí crían a sus hijos y se comunican con los espíritus, y hay un ritual anual llamado Shalako, en el que los hogares son bendecidos y consagrados como parte de la celebración del solsticio de fin de año.

La ceremonia fortalece los lazos con la comunidad, con la familia (incluidos los ancestros muertos) y con los espíritus y dioses mediante la dramatización de la conexión que cada parte tiene con el hogar.

Durante estas vacaciones, es posible que no bendigamos oficialmente nuestro hogar como los zuni. Pero nuestras tradiciones navideñas probablemente son similares: comer con la familia, intercambiar regalos, ponernos al día con los amigos y visitar viejos lugares frecuentados. Estos rituales de bienvenida afirman y renuevan el lugar de una persona en la familia y, a menudo, son una forma clave de fortalecer el tejido social familiar.

El hogar, por lo tanto, es un lugar seguro y predecible en el que el espacio y tiempo se sienten controlado y debidamente orientados; es un puente entre el pasado y el presente, un lazo duradero para la familia y los amigos.

Es un lugar donde, como el poeta Robert Frost acertadamente escribió: “Cuando tienes que ir allí, tienen que acogerte”.


*Frank T. McAndrew es profesor de psicología Cornelia H. Dudley, en Knox College


The Conversation


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