Salud Mental

Cómo una personalidad audaz ayuda a los atletas olímpicos a lograr lo imposible

A diferencia del resto de las personas, los deportistas mantienen la calma y hasta se sienten atraídos ante el caos o el peligro. Existe una razón biológica para ello. Un investigador que ha estudiado el fenómeno lo explica.

Una de las principales atracciones de los Juegos Olímpicos de Invierno es la oportunidad de presenciar algunas de las hazañas atléticas más excitantes y angustiosas. Los eventos más retadores incluyen el trineo y el esquí alpino. También tenemos esta imagen aterradora: imagínate correr por una estrecha rampa de concreto retorcido cubierto de hielo a 125 millas por hora.

Los deportistas entrenan durante años para estos eventos, pero la mayoría de estos atletas de élite poseen algo que les ayuda a tener éxito durante los eventos de gran importancia: su personalidad.

Algunos tienen un rasgo que les ayuda a enfocarse en entornos altamente caóticos como los que verán durante los Juegos Olímpicos de Invierno. Se llama personalidad de alta sensibilidad y es una cualidad que, como psicólogo, me ha fascinado durante mucho tiempo.

Calma ante el peligro

Hasta cierto punto, todos anhelamos experiencias nuevas y complejas, es decir, todos buscamos sensaciones placenteras. Ya sea que se trate de nuestra atracción por el último gadget tecnológico o la última tendencia de la moda, la novedad nos atrae. Pero lo que distingue a las personalidades de alta sensibilidad es que anhelan estas experiencias exóticas e intensas hasta el punto de estar dispuestas a arriesgar su salud.

Lo que es sorprendente es que algunas personas que buscan sensaciones fuertes experimentan menos estrés y son intrépidas y tranquilas frente al peligro. Por ejemplo, la medallista de oro olímpica de eslalon 2014, Mikaela Shiffrin, desciende montañas a velocidades de 80 millas por hora. Pero recientemente dijo a Sky Magazine que la experiencia puede parecer que se desarrolla en cámara lenta mientras “buscas la forma de controlar lo controlable”.

Hay evidencia neurológica acerca de la sensación de calma que sienten los atletas como Shiffrin en medio del caos y el peligro. Todos hemos oído hablar del cortisol —la hormona que nos hace “luchar o huir”, y que puede también hacernos sentir estresados y abrumados.

Sin embargo, cuando las personas con personalidades de alta sensibilidad tienen experiencias intensas, no producen tanto cortisol. Además de eso, secretan niveles más altos de químicos de 'placer' como la dopamina.


Los investigadores han descubierto que las personas con personalidades de alta sensibilidad son más susceptibles a cosas que podrían ser gratificantes (como aterrizar perfectamente después de un triple mortal en un snowboard) y una menor sensibilidad a peligros potenciales (como el miedo a desaparecer después de hacer este triple salto).

La búsqueda de sensaciones extremas no es exclusiva de los Juegos Olímpicos de Invierno, por supuesto. Puede infiltrarse en todos los aspectos de la vida, influyendo en la forma en que interactuamos con otras personas, las cosas que hacemos por diversión, la música que nos gusta, la forma en que conducimos e incluso los chistes que contamos.

Saltar antes de mirar

En la década de 1950, mientras estudiaba la privación sensorial, el psicólogo Robert Zuckerman demostró que la búsqueda de sensaciones está compuesta de cuatro componentes distintos. Cada uno contribuye a determinar la forma única que cada individuo tiene de buscar (o evitar) sensaciones. (hay un test para ver dónde se encuentra uno dentro de estos cuatro componentes en la escala de búsqueda de sensaciones).

Los primeros dos —búsqueda de emociones y búsqueda de experiencias— fueron mencionados anteriormente. Pero el rasgo de una personalidad que busca sensaciones extremas también involucra la desinhibición y la susceptibilidad al aburrimient o.

La desinhibición tiene que ver con nuestra disposición a ser espontáneos y nuestra capacidad de dejarnos llevar. Las personas con bajos niveles de desinhibición siempre miran antes de saltar. ¿Y los muy desinhibidos? simplemente saltan.

La susceptibilidad al aburrimiento se reduce a la capacidad para tolerar la ausencia de estímulos externos. Aquellos con puntajes altos en susceptibilidad al aburrimiento no les gusta la repetición: se cansan fácilmente de personas predecibles o aburridas, y se ponen inquietos cuando se ven obligados a realizar tareas cotidianas.

Este último componente podría ser lo más difícil para los atletas olímpicos que buscan una sensación intensa. Para ser un atleta olímpico exitoso es necesario pasar incontables horas practicando entrenamientos y ejercicios aburridos y repetitivos.

Es fácil ver cómo todos estos aspectos de las personalidades de alta sensibilidad pueden existir en los atletas olímpicos, ya sea un snowboarder experimentando con un nuevo y atrevido truco o un delantero de hockey navegando con un disco a través de un laberinto de defensores.

Las personas con personalidades de alta sensibilidad no solo ansían estas situaciones. En esos momentos, están en su elemento. Donde una persona con poca sensibilidad puede desmoronarse, ellos prosperan.

Entonces, cuando veas los Juegos Olímpicos de Invierno y te preguntes cómo los atletas pueden manejar las presiones y los peligros de la competencia, simplemente recuerda: para algunos de ellos, el caos y la intensidad son las armas secretas del éxito.

* Kenneth Carter es profesor de psicología en el Programa Charles Howard Candler, en la Universidad de Emory.

The Conversation