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Cecilia Muñoz

La latina que llegó más alto en la Casa Blanca cuenta cómo lo logró (y los obstáculos que enfrentó)

Cecilia Muñoz fue la primera hispana en alcanzar el cargo de directora del Consejo de Política en la Casa Blanca. Ahora en su nuevo libro “Más que lista” ofrece una mirada de su experiencia al trabajar en el gobierno de Barack Obama.
13 Abr 2020 – 02:07 PM EDT

Cuenta Cecilia Muñoz que el primer día que llegó a la Casa Blanca, en enero de 2009, llevaba una sola cosa en sus manos: la foto de sus padres y hermanos. “En esos momentos claves de la vida uno realmente lleva todas las personas que te han formado.Yo sentí fuertemente que mi familia estaba entrando conmigo”, recordó la exasesora del presidente Barack Obama en una entrevista con Univisión Noticias.

Es un momento en el que Muñoz, de 57 años, vuelve en su nuevo libro 'More than ready' ( Más que Lista) en el que habla de la historia de una mujer latina, hija de inmigrantes bolivianos, en el círculo político más importante del país.

La madre de Muñoz había fallecido apenas nueve meses antes de aquel día en que ella entró a la Casa Blanca para trabajar como directora de asuntos intergubernamentales.

En ese momento, la foto de la boda de oro de sus padres estaba en sus manos.

“Era la cosa que quería poner antes que cualquier otra en mi oficina, para demostrar que esta hija de inmigrantes, estaba llevando a su familia. Que este es un país maravilloso, que dentro de una generación puedes llegar sin nada y tu hija puede trabajar para un presidente. Sentí que el sueño americano era cierto para mi familia. Estaba entrando en ese edificio para asegurarme que los demás tengan la misma oportunidad”, explicó a Univision Noticias.

Ahora, en su libro, Muñoz hace un recuento detallado de su experiencia tanto en el mundo del activismo donde trabajó por varios años en el Consejo Nacional de la Raza (NCLR) - ahora conocido como UnidosUS- como de los ocho años de trabajo intenso en el gobierno de Barack Obama.

- ¿Cómo decidiste escribir el libro?

-Yo no comencé con la idea de escribir un libro. Mujeres en mi vida me impulsaron, me dijeron que había tenido una experiencia que nadie más ha tenido y me hicieron pensar lo que tengo para contribuir. Mi primera reacción fue decir no, quien se interesaría en mi, en lo que tengo que decir. Mejor concentrarme en mi trabajo, pero me siguieron empujando y reconocí que tengo algo que ofrecer, porque lo hago todo el tiempo en discursos y siempre cuento las mismas historias.

Siempre hay una mujer que me encuentra después y me agradece por hablar, me dice “yo siento lo mismo y no sabía que a otras personas le ocurría también”. Frecuentemente es una latina, entonces sí me di cuenta que tengo algo que ofrecer. Lo que tenía que hacer era aceptar que esto no es auto promoción, sino mostrar lo que otras mujeres de color han aprendido. Lo que enfrentamos es muy similar y no lo discutimos a menudo, usamos las mismas estrategias.

- Hablaste de calibrar constantemente entre hablar cuando es necesario y callar para ser escuchada. ¿Cuál es el barómetro para hacer ese cálculo y calibrar bien?

Esa es una de las cuestiones más difíciles de mi carrera, porque cada día hay cosas que tenemos que enfrentar, cambiar, que las personas alrededor no entienden. Hay injusticias que vivimos cada día, pero no puedes hacer cada lucha, porque no puedes ser eficaz, si estamos luchando cada minuto. Hay que escoger cuáles son los momentos en que puedes tener éxito, cuando realmente tienes la oportunidad de cambiar las cosas, de mostrar algo que cambiará a tus colegas, algo que no entienden. Si estás luchando a cada momento, pierdes la oportunidad de enseñar.

Para mí lo más importante es “mover la aguja”, es cambiar las cosas, entonces el barómetro que uso es averiguar si estoy en una posición de convencer a alguien. Si tengo los datos a la mano que prueban el punto. Si no estoy hablando puramente de emoción sino de hechos, si tengo respaldo, personas a mi lado que me pueden apoyar o que están dispuestas a escuchar y si hay una meta obvia que estamos tratando de lograr.

Pero muy a menudo, casi diariamente, especialmente durante mis años en la Casa Blanca, llegué a mi casa pensando... no sé si ese era el momento de empujar más o menos. No sé si tuve éxito y examiné todo el tiempo si lo que hacía era eficaz o si debía cambiar de estrategia. Cada día. Así que no hay una sola fórmula.

- Tú venías con años de experiencia en NCLR cuando entraste a la Casa Blanca. Alguna vez sentiste que por ser latina y por la carrera que te antecedía la gente sólo pensaba en inmigración cuando te miraba y no te consideraba para otros temas?

Yo estaba a cargo de todas las cosas de política pública en NCLR, así que era experta en inmigración, pero también en derechos civiles, inmigración y salud. Pero cuando eres latina y tienes algo que decir sobre la inmigración, eso consume toda la atención. La inmigración está tan asociada con nuestra comunidad que es realmente difícil demostrar que sabemos y tenemos interés en otras cosas, así que eso siempre ha sido un problema.

Uno de los perfiles hechos por el Wall Street Journal donde hablaron sobre mí, me describieron como la persona clave en temas de inmigración en la Casa Blanca. Yo era una asesora de política doméstica para el presidente de Estados Unidos, es mucho más que eso.

- ¿Crees que hay una edad en particular para empezar en política? ¿Cómo ves el tema de balancear la familia con el trabajo, sobre todo como hispana?

No hay una sola fórmula. Algunas empiezan de niñas y tratan de balancear familia y trabajo en el camino. Otras comienzan cuando los niños están pequeños y se dan cuenta que hay que cambiar el mundo y que eso es parte de cuidar a los hijos. Para otras es cuestión de esperar hasta que los hijos hayan crecido y comienzan sus carreras políticas en ese momento. Todo es válido. La fórmula es diferente para cada persona y para mi la lucha más difícil fue que las mujeres de mi familia eran tradicionales, no trabajaron fuera de la casa.

Cuando mis hijas eran pequeñas tenía la angustia de si estaba haciendo todo lo posible por ellas, pero también para el mundo. Mis hijas ya tienen 27 y 24 años y cuando les hice la pregunta de cómo les fue, justamente para este libro, ellas se reían de mi preocupación, porque su percepción es muy diferente. Sabían que estaba trabajando y el modelo era que esto es lo que los padres hacen. No tienen la idea de que el trabajo de la mujer es cocinar y hacer la casa, en su vida, gracias a mi esposo maravilloso, esos trabajos son compartidos.


Eso le digo a las mujeres que me preguntan por esto. Sobre todo ahora que muchas están trabajando desde sus casas y educando a los niños al mismo tiempo y cada una está angustiada pensando que está fracasando en todo, les digo que de acuerdo a mi experiencias, sus hijos van a estar bien. Ellos no se van a acordar de que estás gritando porque derramaste agua sobre el piso, se van a acordar del hecho que estabas ahí y entienden que son lo más importante de tu vida.

- Eso también en parte tiene que ver con la autoexigencia natural de personas exitosas en su trabajo…

Cierto. En el camino hay que dejar ciertas expectativas a un lado. Por ejemplo, mi mamá tenía una casa linda, con comidas maravillosas, un jardín lindísimo. Mi casa no es tan hermosa, el jardín es un desastre, las comidas saludables pero no elaboradas, pero lo más importante es que comíamos juntos. Tuve que dejar las cosas que no podía alcanzar, por las más importantes.

- En el libro hablaste de la molestia de Bill Daley -exjefe de gabinete de Obama- cuando te nombraron directora del Consejo de Política Doméstica y reconociste que su reacción te costó cerca de dos años de confianza en ti misma. ¿Cómo lo superaste?

En el libro describo varias estrategias. Una de ellas es pedir información a personas con las que me sentía segura. Eso de poder ir a la oficina de (la asesora principal del presidente Obama) Valerie Jarrett y comentar… 'Esa reunión no salió bien. ¿Qué pasó?, ayúdame a ver lo que no estoy viendo… estoy teniendo dificultad para explicar esto'. Ella me dio consejos. Tuve un equipo que también me daba reacciones.

La otra estrategia es prepararme bien. Si tenía en mi mente la idea de que Daley podría haber tenido dudas, tal vez los otros tenían dudas también y la mejor manera de aplacar eso, es hacer el trabajo bien. Asegurarme que cuando me siento en la mesa estoy súper bien preparada.

La tercera estrategia fue entender que aunque otros no comprendan que mi presencia contribuye, yo lo entiendo y sé que el presidente lo entiende. Yo sé que lo que yo traigo es único e importante y entonces no tengo que preocuparme por los demás.

- En el libro hablas de un momento bien complicado. Una reunión con grupos activistas de inmigración en medio de la crisis de menores indocumentados cruzando la frontera en 2014. Reconociste que incluso se te salió una lágrima. ¿Ese fue tu momento más duro en la Casa Blanca?

Ese verano fue el peor momento profesional de mi vida. La crisis era grave, la responsabilidad de que como gobierno estábamos cuidando bien a esos jóvenes, sabiendo que habían cruzado México solos… como ser humano, mamá, profesional, estaba angustiada, porque los mecanismos que teníamos para enfrentar esta situación no eran suficientes. Teníamos que usar lo que teníamos y hacer lo que se podía, sabiendo que no sería suficiente y que no teníamos apoyo en el Congreso. Me costó mucho, camino a mi casa después de un día largo, tenía que tomar unos minutos para llorar y lo hice cada día de ese verano.

- El exvicepresidente Joe Biden es el virtual nominado demócrata y ha sido bastante criticado por el desempeño que ha tenido su campaña con los latinos. ¿Tienes algún consejo para su equipo?

Estoy en contacto con su equipo y tengo mucha confianza en ellos y en el vicepresidente. Trabajé directamente con él. Ellos saben que hay mucho más que hacer y que tenemos muchos meses más de campaña. Lo que conozco de Joe Biden es su corazón y está bien puesto. Pone el valor en cosas que son importantes para nuestra comunidad. La dignidad del trabajo, la dignidad de la persona, la necesidad de asegurar que el gobierno sea un buen socio para las personas. Ha sido el trabajo de su vida. Será capaz de ganar la confianza de nuestra comunidad.

- ¿Sería acertado escoger una compañera de fórmula hispana?

¡Claro que sí! Lo más importante es encontrar los líderes que son capaces de sanar el país y avanzar. Tenemos que dejar nuestras preconcepciones sobre quién es capaz de hacer eso. La idea de que no estamos listos no es cierto.

- ¿Volverías a trabajar en el gobierno?

Probablemente no. Ocho años es mucho. No tengo ambiciones de hacerlo otra vez. Escogimos muchos jóvenes en la administración Obama, muy capaces y que ahora están preparados para servir. Es hora de hacerles campo.

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