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Mis razones como científico para protestar por lo que está ocurriendo en EEUU

Un joven científico explica las consecuencias de la ignorancia y la censura a la ciencia en la nueva política que trata de imponer el presidente Donald Trump.
27 Ene 2017 – 03:52 PM EST
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Científicos en la Marcha del Clima de la Gente 2014 en Nueva York. Crédito: Joe Brusky / flickr

A nosotros, los científicos, es muy difícil que nos intimiden. Desde que éramos pequeños nos hacían bullying en el colegio y siempre hemos luchado por seguir nuestros sueños y por trabajar en lo que verdaderamente nos apasiona. Hacemos lo que hacemos por nuestro país, nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos.

Pero aún así no podemos evitar estar de los nervios.

Parece haber un gran cambio en Washington D.C., y su relación con la investigación y la divulgación de resultados está causando bastante alboroto entre la comunidad científica.

Para empezar, la postura de Trump sobre el cambio climático, que según él es un completo engaño creado por los chinos, ha provocado varios esfuerzos de resistencia desde que asumió el cargo de presidente.

Su opinión no es necesariamente partidaria, ya que ha habido republicanos, como William K. Reilly, que si creen que las emisiones de gases de efecto invernadero que afectan al clima deben de ser reducidas. Este también ha alarmado al publico sobre la posible futura decisión de quitarle el financiamiento a la investigaciones del clima de Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA) y NASA, lo cual sería una auténtica catástrofe, y no tan solo para los que viven en EEUU, si no para todo el planeta.

Siendo científico que estudia contaminación del aire y el cambio climático, todavía no puedo comprender por que el gobierno estadounidense se niega a escuchar a los que dedicamos toda nuestra vida a la ciencia. El 97% de nosotros estamos de acuerdo que el cambio climático está efectivamente afectado por el hombre y tenemos evidencia para demostrarlo.

Además, durante sus primeros días gobernando, el presidente Donald Trump ha tomado otras medidas que algunos consideran que suprimen el acceso público a la información científica. Varias agencias, incluyendo el Departamento de Agricultura de EEUU (USDA) y la EPA, han ordenado que sus científicos dejen de hablar al público sobre sus investigaciones. Estas también indicaron que sus empleados requerirían la aprobación para entrevistas con los medios y que la EPA estaría deteniendo sus propios comunicados de prensa y comunicaciones, al menos temporalmente.

Este miércoles, activistas del grupo ecologista Greenpeace también colgaron una pancarta con la palabra "resistir" cerca de la Casa Blanca. Mientras tanto, las cuentas de Twitter alternativas de la NASA y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos han estado promoviendo datos sobre el cambio climático para protestar en contra de Trump.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) repentinamente cancelaron una conferencia internacional, planeada desde hacía mucho tiempo, sobre los impactos del cambio climático en la salud. Esta conferencia se volvió a poner en marcha, pero sin involucrar al gobierno federal. Y cuando el Parque Nacional de Badlands empezó a usar su cuenta de Twitter para discutir el tema del cambio climático, los tuits fueron borrados inmediatamente. Tom Crosson, Jefe de Asuntos Públicos Servicio de Parques Nacionales, dijo a Univision que los tuits fueron eliminados porque fueron hechos por un funcionario que ya no trabajaba allí y que comprometía la seguridad de la cuenta. Sin embargo la información que estos contenían era real y precisa, por lo que no se entiende bien por qué esa persona los eliminó.

Y lo más inquietante de todo es que la EPA ha suspendido inmediatamente todas sus subvenciones y contratos -evaluadas en más de $4,000 millones en fondos-, y ordenó la revisión de todo el trabajo científico por personas designadas por la política, incluyendo esfuerzos para recopilar datos, realizar investigaciones y compartir información con el público en general. Público que pagó por esta investigación con sus impuestos.

Varios científicos ya se han puesto las pilas y han empezado a proponer una marcha en la capital, en otras partes EEUU y en Europa. La fecha del evento será anunciada en los próximos días. Por otra parte, más de 400 científicos ya han firmado un reclutamiento para incorporarse un grupo recién formado llamado 314 Action para representar la ciencia en el gobierno federal.

Pero no es sólo la ausencia de hechos lo que preocupa, sino el aparente esfuerzo para descarrilar la ciencia. Si los hechos no les importan a la Casa Blanca, ¿qué les sigue? ¿Leyes sin fundamento? Eso es un auténtico peligro.

En EEUU nunca se ha prohibido el acceso a la información científica. Por eso es importante, ahora más que nunca, que sigamos exigiendo que la ciencia no sea o censurada. Nuestra sociedad depende profundamente de la buena ciencia, y la buena ciencia depende de la comunicación abierta.

Además, varios líderes estadounidenses, de ambos partidos, siempre han reconocido el valor de la ciencia independiente para nuestra democracia. La Unión de Científicos Preocupados de EEUU ha clasificado a los presidentes republicanos y demócratas como partidarios excepcionales de la ciencia, como Abraham Lincoln, Teddy Roosevelt, Harry Truman, Richard Nixon, Jimmy Carter y George H.W. Bush.

Para evitar que la ciencia sea censurada, debemos desarrollar formas sólidas de incorporar el conocimiento científico en nuestro diálogo político, para que la democracia siga a flote y combatamos el autoritarismo. No podemos seguir escuchando ‘hechos alternativos’ y tomárnoslos en serio sin comprobar si son ciertos.

Así que por favor pregúntenos a los que hacemos ciencia y no sólo confíe en lo que lee en internet o le que cuentan los políticos. Escuche a aquellos que han dedicado toda su carrera a ser esclavos del laboratorio y a los que investigan lo que algunas personas llaman “irrelevante”.

Una guerra contra la ciencia es una guerra contra la democracia, y cuando los hechos no importan y la verdad se suprime, todos fracasamos igualmente.


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