Cómo los cambios de la moda influyen en el tráfico de reptiles

Un informe de la ONU sigue la pista al comercio ilegal de algunas de las especies con las que más se trafica a través de 164,000 incautaciones.
26 May 2016 – 8:03 PM EDT

Tráfico de especies: de la tienda de mascotas al menú de restaurante

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¿Cómo se mueve el crimen relacionado con el tráfico de especies? Como toda actividad ilegal, son más las interrogantes que las respuestas que se tienen. Por ello resulta muy interesante el primer informe sobre comercio ilegal de especies salvajes presentado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), utilizando la base de datos de 164,000 incautaciones realizadas en 120 países diferentes desde 1999.

Son muchas las variantes que pueden adoptar estos delitos y a menudo se camuflan dentro de otras modalidades de comercio legales. Una muestra de ello es lo que ocurre con reptiles como pitones, caimanes, serpientes ratoneras o lagartos, utilizados en la controvertida industria de las pieles.

En 2013, se vendieron en los mercados internacionales 3,500 toneladas de pieles de reptiles, una cantidad con un valor aproximado de 650 millones de dólares y equivalente a unos 50 millones de animales. Sin embargo, junto a este enorme negocio legal basado en granjas de animales, existe otro clandestino que estos expertos en el crimen sospechan es más grande de lo que se cree y también introduce sus productos en las cadenas de suministro convencionales.

¿Por qué en algunas partes del planeta se capturan animales salvajes para comerciar con su piel incluso cuando hay granjas de estos animales? Para los expertos de la UNODC, uno de los motivos son los vaivenes de la moda. El cambio de tendencias de un año para otro hacen que la demanda de estas pieles sea muy volátil, aumentando el riesgo de invertir en una granja. Una circunstancia que puede empujar a algunos traficantes a capturar directamente reptiles de la naturaleza, lo que tiene un impacto sobre las poblaciones salvajes.

El de la moda no es el único sector que estos expertos del crimen relacionan con el tráfico de especies. Como incide el informe, el destino de la mayoría de los animales vivos con los que se comercia está vinculado al negocio de las mascotas o los zoológicos, sobre todo, con especies como las tortugas, los peces tropicales o los loros. Y de nuevo, el comercio ilegal se confunde con el legal.

El rastro del tráfico de aves psitaciformes (que incluyen loros, papagayos o cacatúas) conduce hasta África, pero también a América Latina. De hecho, el informe señala específicamente el comercio ilegal en Bolivia, Perú y México.

Otros casos son los de la madera vinculada a la industria del mueble, el Oud utilizado en perfumería o el caviar de esturión del Caspio del sector del marisco. Con respecto al marfil de los elefantes, asociado a la decoración, el arte o la joyería, los expertos de la UNODC consideran que este es un tipo de producto cuyo valor en el mercado negro se ha separado ya de cualquier uso del pasado. Es más, el informe plantea como hipótesis que el marfil se haya convertido en un material utilizado para especular. “Ninguna gráfica de comercio de marfil, lícito o ilícito, puede explicar la escala de la caza furtiva y tráfico que ha ocurrido en los últimos años”, señala el trabajo, que considera que de ser así se podría entrar en un círculo vicioso. Pues la prohibición de vender marfil o su destrucción limitariá más el sumministro, enriqueciendo todavía más a los que especulen con este material y fomentando más la caza de elefantes.

La base de datos incluye la incautación de 7,000 especies diferentes, no registrándose ninguna que represente más de un 6% de las capturas. Tampoco hay ningún país que suponga más de un 15% de los decomisos, en los que se identificaron traficantes de 80 nacionalidades distintas. Así pues, el trabajo concluye que el tráfico de especies es, ante todo, un problema global.


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