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Una refinería de petróleo en Houston, Texas.

Perry se protege bajo el ‘milagro económico’ de Texas

Perry se protege bajo el ‘milagro económico’ de Texas

Antes de terminar con sus 14 años como gobernador, Perry presumió logros que ahora quiere llevar a la nación.

Una refinería de petróleo en Houston, Texas.
Una refinería de petróleo en Houston, Texas.

Por Damià S. Bonmatí - @damiabonmati

Antes de terminar con sus 14 años como gobernador de Texas, el republicano Rick Perry presentó de forma ceremoniosa su último éxito: la multinacional Toyota invertirá $345 millones de dólares cerca de Dallas. Ahora, nueve meses después, anuncia su segundo asalto a la carrera presidencial con la economía como presunta garantía.

Este republicano de 65 años confía en el supuesto“milagro económico de Texas” para su aventura nacional, pese a su candidatura fallida en las primarias de 2012 y las recientes acusaciones de abuso de poder.

Al candidato Perry le favorecen el empleo, los bajos impuestos y el crecimiento de población en su estado; le perjudican la desigualdad, un mercado negro crónico y la reciente pérdida de empleos en las zonas petroleras. “El exgobernador de Texas merece buena parte del crédito del milagro texano”, asegura Mark J. Perry, investigador en American Enterprise Institute, un centro favorable de rebajar regulaciones.

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Buena nota al empleo

De cada 1,000 personas en el mercado laboral texano, solo 42 no tienen trabajo. A escala nacional, 54. En el peor momento de la recesión, cuando el desempleo alcanzó un 10% en Estados Unidos, en el estado sureño fue del 8.4%. Y esa buena nota no solo se basa en salarios bajos: el estado supera los niveles de renta nacional.

Para los partidarios, los puestos de empleo son resultado de la receta política de Perry y sus asesores. “El estado se ha convertido en una referencia nacional, ya que ha creado un clima favorable a los negocios y contrario a las regulaciones”, analiza el economista del American Enterprise Institute.

Los ingredientes del clima favorable son los bajos impuestos, la prohibición de acuerdos sindicales y la inversión en infraestructuras. En la Texas de Perry abrieron negocios biotecnológicos, electrónicos, aeroespaciales pero, especialmente, energéticos.

El milagro funciona con gasolina

Aquí surgen dudas sobre el papel de Rick Perry: ¿El milagro hubiera sido posible sin estar en un territorio que produce más de 3 millones de barriles de crudo al día? ¿Sin contar con una industria petrolera que paga $3,600 millones de impuestos?

Para los críticos, los negocios del petróleo y el gas han aumentado la población y han generado empleos indirectos, pero podrían haber creado una economía demasiado dependiente del oro negro. Solo en marzo se destruyeron 25.000 empleos en este sector. “Otras partes de la economía van haciendo sin más, veremos qué efectos va a tener en Texas la bajada del precio del petróleo”, subraya el economista Mark W. Frank, de la Universidad Estatal Sam Houston.

Para los defensores, Perry ha sabido diversificar la industria y atraer grandes firmas desde otros estados. Una década atrás, el republicano puso en marcha un plan para recibir con alfombra roja a grandes empresas. Se llama Texas Enterprise Fund. 

Fondo perdido para las transnacionales

Hay centenares de ejemplos: 900 empleos directos creados por Samsung en 2006, 1,050 de Ebay en 2011 y 1,752 de Chevron en 2013. Sin embargo, el plan se basa en incentivos económicos. En estos tres casos, el estado texano desembolsó entre $3 millones y $12 millones de dólares a las cuentas de estas multinacionales. Son $500 millones de dólares desde 2004 sin necesidad de ser devueltos a las arcas públicas y que compiten con diferentes reglas frente a otros estados.

Al estado sureño también llegan trabajadores y pequeños empresarios. En los 14 años que Perry fue gobernador, la población texana creció en 6 millones. Un atractivo imbatible es que esta gente no pagará impuesto estatal sobre la renta, algo que Perry ha reivindicado como ejemplo para otros estados.

Los impuestos, sin embargo, recaen en otros gravámenes estatales y locales, más vinculados a las ventas. En Texas, la carga fiscal para los más ricos no llega al 3%, mientras que en sus rivales California y Nueva York supera el 8%, según el observatorio fiscal ITEP. La parte más pobre de la sociedad, en cambio, destina un 12.5% de sus ingresos a pagar impuestos, por encima de los californianos y neoyorquinos.

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La mancha de la desigualdad

El demógrafo Steve Murdoch cree que la desigualdad en Texas no es consecuencia de la receta económica de Perry. “Como en el resto del país, está vinculado a la necesidad de asegurar mayor educación”, apunta Murdoch, que dirigió la Oficina del Censo estadounidense a propuesta del presidente George W. Bush.

Desigualdad y política sí van de la mano, en opinión del investigador Chad Richardson. Mantiene que los republicanos de Texas tendrían que haber invertido más en sanidad, educación y ayudas económicas para los cerca de 5 millones de texanos que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Varios ránkings dan mala nota a Texas en movilidad social e igualdad.

La economía escondida

Richardson, de la University of Texas, publicó recientemente un libro sobre un problema que considera crónico en este estado: la economía informal. “No solo hay un elevado porcentaje de gente trabajando clandestinamente, hay una gran porción de la población que lo consiente a través de la contratación”, denuncia tras vivir en la zona fronteriza durante años.

“Muchos de ellos tienen que buscar en la vivienda informal, atención médica clandestina, tienen que acceder al mercado laboral negro, y el estado de Texas podría haber tomado medidas”, añade. En Texas podría haber unos dos millones de indocumentados y dos ciudades del sur "McAllen y Brownsville" lideran los ránquings de zonas más empobrecidas del país.

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Hace medio año, antes de dejar el cargo de gobernador, Perry descartó en una entrevista que la desigualdad de ingresos sea un problema en Texas. “Bíblicamente, los pobres siempre van  a estar con nosotros de alguna manera”, respondió el republicano.

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