“Una redada cambió la perspectiva de un pastor conservador en territorio de Trump y ahora tenemos mucho en común”

“El condado de Grainger, en Tennessee, es una zona de clase trabajadora predominante blanca, donde el 83% de los votantes apoyaron a Donald Trump”.
Opinión
Hija de inmigrantes y activista por los derechos de los inmigrantes. Trabaja para el Centro Para El Cambio Comunitario (CCC, por sus siglas en ingles).
2018-08-22T14:36:41-04:00

Crecí en el sur de la Florida y recuerdo que, en mi niñez, la política y los acontecimientos del momento se hablaban y analizaban diariamente. Un día, regresando de la escuela, y aún vistiendo mi uniforme escolar, le pregunté a mi mamá por quién iba a votar, ya que en el colegio todos mis compañeros hablaban de un tal George Bush. Ella, determinada, negó con la cabeza y me dijo, “no mija, en esta casa votamos por los demócratas”. Ese año mi mamá se aseguró de que yo supiera el porqué en casa apoyábamos a los demócratas y que yo estuviera a su lado cuando ella marcara cuidadosamente su voto para Al Gore.

Desde entonces he tenido la oportunidad de conocer personas con diferentes opiniones políticas, desde conservadores del sur de la Florida hasta votantes del sindicato de trabajadores en el centro y en el sur del país. He conocido historias de familias indocumentadas y de jóvenes con DACA, y también he escuchado las historias de mis propios padres acerca de sus vidas como inmigrantes indocumentados a finales de los años 80 y los sacrificios que hacían para llegar a fin de mes.

Hace ya varios años me fui de Miami y dejé de estar expuesta a los valores conservadores comunes en el sur de la Florida. Me mudé a la capital del país, en donde mi trabajo me sumió en un mundo progresista, rodeado de gente comprometida con los derechos civiles y los derechos humanos.

Luego fui a Tennessee.

Una de las conversaciones más esperanzadoras y alentadoras que he tenido recientemente ocurrió en Morristown, Tennessee, donde en una redada realizada por ICE el 5 de abril en una planta empacadora de carne (Southeastern Provisions) fueron detenidas 97 personas, lo que dejó una herida profunda en la comunidad latina que tardará muchos años en sanar.

Antes de llegar a una de las más antiguas iglesias bautistas del sur, en Morristown, estaba muy ansiosa. Hacía menos de un mes que había ocurrido la redada, a tan sólo 20 minutos de donde yo iba. El condado de Grainger, donde estaba la planta, es una zona de clase trabajadora predominante blanca, donde el 83% de los votantes apoyaron a Donald Trump en las últimas elecciones presidenciales.

En otras palabras, iba directo al corazón de su base de seguidores.

Después de las elecciones me aislé de la política derechista como una cuestión de autoprotección. Por eso no estaba segura de qué esperar cuando me sentara frente a un pastor conservador que admitió apoyar a Trump y sus políticas antiinmigrantes, pero al que la redada le cambió la vida.

Me recibió con una sonrisa amistosa. Me senté frente a dos banderas confederadas e incontables objetos de la guerra civil exhibidos en estantes. El pastor David Williams, que ha vivido por más de 20 años en Morristown, me contó sobre los cambios demográficos en el área. Sobre cómo los latinos vinieron y llenaron los trabajos que nadie más quería. Describió los cambios como "el campo misionero" llegando hasta su umbral. Habló sobre la importancia que tiene la familia como núcleo de la comunidad inmigrante, y luego me contó los acontecimientos que se desplegaron el día de la redada y los que le siguieron.

Estaba confundido con todo lo que pasó. Los helicópteros volaban por encima de la iglesia y la base de la Guardia Nacional zumbaba fuertemente. ¿Había un entrenamiento? Él no lo sabía. Luego notó que las familias se reunían afuera, esperando y orando para ver salir a un ser querido por las puertas de la base, donde habían transportado a los detenidos.

En ese momento, me dijo, al ver el dolor causado por la redada, el trabajo de su vida y sus creencias más sagradas sobre el amor al prójimo y la bienvenida al extraño entraron en perspectiva. Me dijo que lo guiaron a ser una voz para aquellos cuya voz fue silenciada. Era su deber ignorar lo que había estado oyendo en las noticias sobre inmigrantes indocumentados y ayudar a su comunidad.

Poco después de la redada, el pastor Williams decidió ir a una vigilia en una escuela cercana. Muchos de sus sus feligreses lo confrontaron pidiéndole que no se involucrara. Él, sin embargo, insistió en ayudar, guiado por las enseñanzas de la Biblia que dice que debemos tratar al extranjero con respeto; que su comunidad es su campo misional.

Los eventos también hicieron que el pastor reconociera que necesitaba más información sobre el proceso de inmigración y el porqué tantas familias estaban aún indocumentadas, incluso teniendo niños nacidos en Estados Unidos. Buscó respuestas en un amigo, un pastor latino, y me preguntó qué era la tarjeta verde (ese papel que permite que alguien nacido en otro país pueda vivir y trabajar de manera permanentey legal en Estados Unidos). Me preguntó también si había una "línea" para que las familias se convirtieran en ciudadanos. Y llegó a la conclusión de que muchos de sus feligreses y amigos necesitaban más información para comprender las razones por las cuales la gente se muda a Estados Unidos.

"¿Por qué ICE se ensaña con familias inocentes que están trabajando y aportando a su comunidad?", me preguntó.

Exactamente. La administración ha atacado cruelmente y sin corazón a las comunidades inmigrantes desde que llegó al poder. Los funcionarios de Trump les niegan implacablemente a millones de personas, incluidos los refugiados, el derecho a reunirse con sus familias.

Aunque el pastor y yo no estamos de acuerdo en nuestras ideas y en nuestras fuentes de información, acordamos que el país necesita un proceso de inmigración justo y seguro para todas las familias.

El encuentro con el pastor Williams me sirvió para darme cuenta de que a pesar de estar en lados opuestos del espectro político, él y yo compartimos un valor mucho más profundo: que las familias deben estar juntas. Que nosotros como seres humanos debemos tratar a la gente justamente y con empatía. Que las personas que trabajan duro deben tener la oportunidad de vivir sus vidas y ser libres.

Esos mismos valores de oportunidad y unidad nos deben guiar cuando elijamos por quién votar en las elecciones de noviembre.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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