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Errores del periodismo en la sombría era de Trump

"Muchos periodistas, como individuos y como miembros de colectividades noticiosas, también tienen cierta responsabilidad por el surgimiento y la consolidación de un régimen supremacista blanco que ambicionó perpetuarse como dictadura. Es una conclusión dolorosa que sin embargo necesita orearse con amplitud y libertad".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision.
2021-01-25T14:33:00-05:00
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"Las cuentas de la era tenebrosa del trumpismo no estarían completas sin un examen, aunque sea somero, de los errores de la prensa que a ella contribuyeron". Crédito: Alex Wong/Getty Images

Las cuentas de la era tenebrosa del trumpismo no estarían completas sin un examen, aunque sea somero, de los errores de la prensa que a ella contribuyeron. En una columna anterior e nfaticé cómo la labor de algunos medios fue fundamental para desnudar los excesos y crímenes del régimen de Donald Trump.

Pero muchos periodistas, como individuos y como miembros de colectividades noticiosas, también tienen cierta responsabilidad por el surgimiento y la consolidación de un régimen supremacista blanco que ambicionó perpetuarse como dictadura. Es una conclusión dolorosa que sin embargo necesita orearse con amplitud y libertad.

A nivel individual y organizativo, el periodismo es cuestión de carácter. En una democracia como la nuestra, carece de reglas firmes y definitivas que lo delimiten. Depende de los valores y principios que desarrollen los propios periodistas y las organizaciones en las que ellos trabajan. De ahí la importancia de que los medios y sus integrantes adopten mecanismos de deliberación ética, moral y política que enmarquen y justifiquen sus decisiones importantes. Tales mecanismos son frágiles e incluso inexistentes en muchos medios de Estados Unidos, especialmente los jóvenes o de menos tradición. Las consecuencias de esa fragilidad se notaron ante el reto que representaron Donald Trump y su régimen.

Se manifestó, por ejemplo, en la decisión de concederle cientos de horas de cobertura gratis y acrítica a Trump cuando éste se declaró candidato a la presidencia por primera vez y después cuando ya era presidente. Los líderes mediáticos ofrecen diversas justificaciones para esta decisión. Pero la principal fue la que siempre señaló el propio Trump: sus presentaciones delirantes atraían televidentes, radioescuchas, lectores. Durante meses, Trump vomitó mentiras y odio a su antojo sin sufrir demasiada oposición ni crítica. Cuando comenzó la verificación de sus falsedades y exabruptos, ya el mal estaba hecho. El posterior ejercicio de verificación resultó insuficiente y quijotesco ante el torrente de mentiras oficiales.

Y no solo las prodigó el expresidente descarriado. También mintieron a su nombre decenas de “analistas” pagados o con espurios intereses personales que promover como militantes del trumpismo. De pronto, los medios se vieron inundados de supremacistas blancos y otros expendedores de odio que tronaban contra los inmigrantes, las minorías étnicas, las personas LGBT y las democracias aliadas como si ese discurso fuera normal. Fue la consecuencia de otro pecado capital del periodismo en general y del periodismo estadounidense en particular: la idea de que la objetividad, el “otro lado”, son fines en sí mismos. No lo son. Mas bien se trata de instrumentos que usamos los periodistas para realizar nuestra labor, para buscar y verificar información. El verdadero fin de nuestro trabajo es llegar a la verdad sobre los hechos y protagonistas de los hechos y presentársela de la manera más responsable y perspicaz posible al público, nuestro complemento directo, la gente para la que principalmente laboramos.

La cadena CNN libró una incansable lucha contra los excesos del trumpismo, tal y como resalté en la columna antes mencionada. Y sin embargo se vio obligada a vetar del aire a comentaristas que había contratado porque diseminaron propaganda racista y nazi. Casi sin excepción los vetados tenían un historial de racismo. CNN los había empleado en aras de un pobremente concebido equilibrio informativo, “ fairness and balance”, otras herramientas de trabajo que muchos de mis colegas confunden con fines en sí mismos.

Por contraste, numerosos periodistas afroamericanos enfrentamos el escepticismo e incluso la burla de nuestros colegas blancos cuando llamábamos por su nombre al régimen racista y xenófobo de Trump. Para ellos, claro, no era cuestión de supervivencia. Un caso notable es el de Jemelle Hill, la corresponsal de ESPN a la que sus supervisores amonestaron formalmente por referirse a Trump como “supremacista blanco”. Una cantidad inestimable de periodistas de opinión sufrieron censura y despidos por motivos similares o por sostener que Trump ganó la presidencia en 2016 de la mano de Vladimir Putin, como debiera ser obvio.

Estos y otros errores del periodismo en la era sombría de Trump podrían conjurarse en el futuro promoviendo la deliberación interna y la diversidad étnica y racial en las redacciones, sobre todo en las posiciones de responsabilidad. La proliferación de noticias y medios ha hecho al periodismo estadounidense demasiado reactivo. A menudo todo le vale, que es otra forma de decir que le vale cualquier cosa para publicar. En cambio, le falta reflexión. Le falta carácter. Le faltan razones moralmente justificables para muchas de sus decisiones de peso sobre qué publicar, cómo y por qué.

Es importante porque en conjunto la sociedad estadounidense ha derrotado a Trump, pero no al trumpismo, con todo lo que este presupone de nacionalismo pedestre, xenofobia, racismo. La lucha continúa. Los periodistas tenemos la opción de convertirnos en espectadores cínicos de esta lucha, como lo fuera el expresidente de la Cadena CBS, Les Moonves, quien en 2016 afirmó: “Puede que la campaña de Trump no sea buena para Estados Unidos. Pero es buena para CBS”; o por el contrario podemos librarla a plenitud de conciencia, guiados por la advertencia de un lúcido precursor, Walter Lippmann, de que “no puede haber libertad para una comunidad que carece de la información mediante la cual detectar las mentiras”. Dependerá de todos y cada uno de nosotros.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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