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Trump y la emancipación latina

“Los latinos no han podido traducir su peso específico en la sociedad estadounidense, mucho más relevante de lo que se cree, en peso político”.
Opinión
Economista, académico del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Director general y socio fundador de la firma de consultoría De la Calle, Madrazo, Mancera (CMM).
2016-11-07T15:01:26-05:00

Se antoja difícil hablar bien del proceso electoral en Estados Unidos en 2016. Estas elecciones, desde las primarias hasta la general, se distinguen por los negativos: como nunca antes, los candidatos tienen las tasas más altas de rechazo. Más aún, los insultos, acusaciones y la apariencia de ilegalidad han sido la constante para Donald Trump pero también, aunque en menor medida, para Hillary Clinton.

Para muchos votantes indecisos e independientes escoger por quién votar no ha sido fácil. Tal rechazo implica una elección por el menos malo. Es así como va a decidirse esta elección histórica ya que Trump ha logrado posicionarse como el más malo. De manera sorprendente, su posición y retórica no cambiaron en la elección general por lo que siguió siendo el candidato de la primaria republicana que apelaba a su base y confiaba en que su alto porcentaje de participación le consiguiera la victoria.

De alguna manera, el argumento de Trump era: ‘esta es la última vez que los blancos, sobre todo hombres mayores, podrán elegir al presidente de Estados Unidos si votan de manera masiva’. El antídoto contra esta estrategia por parte de Clinton es muy claro: asegurar una participación más alta que en promedio de jóvenes, afroestadounidenses y latinos.

Es precisamente aquí que se ha abierto la primera gran posibilidad de la emancipación latina a través de la participación democrática. Los latinos no han podido traducir su peso específico en la sociedad estadounidense, mucho más relevante de lo que se cree, en peso político por dos razones: una, la más importante, por su relativa baja participación en procesos electorales anteriores, comparado con blancos y afroamericanos. Dos, su falta de presencia en estados “columpio” que son claves para la elección.

Gracias a Donald Trump las circunstancias ahora son distintas: por un lado, ha despertado entre latinos el interés de registrarse y de votar. Por otro lado, la comunidad latina puede ser decisiva en varios estados en juego como nunca antes: Florida, Nevada, Colorado, Arizona e incluso Virginia, Carolina del Norte y hasta Ohio a pesar de la menor presencia en estos últimos. Si el margen entre ambos candidatos es muy pequeño en cualquiera de ellos, el voto latino puede ser el fiel de la balanza. Adicionalmente, se antoja poco probable que los afroamericanos salgan a votar con la misma vehemencia que cuando Barack Obama estaba en las boletas, por lo que son ahora los latinos quienes pueden tomar su lugar para decidir una elección para la Historia.

Si los medios de comunicación y los analistas, así como la evaluación post-mortem de los propios partidos, concluyen que el voto latino fue el decisivo, los incentivos para tratar a lo latino, y lo mexicano, de una manera más respetuosa serán mucho mayores. Sería una gran ironía que los insultos de Trump a la comunidad se conviertan en el catalizador de su emancipación política.

Pero no todo sería miel sobre hojuelas: esta campaña ha dañado la imagen de la comunidad latina y ha vuelto políticamente aceptable hablar mal de ella y culparla de los problemas y retos de Estados Unidos. Lo mismo aplica para México y los mexicanos. Los temores de muchos de los electores a favor de Trump podrían quedar confirmados con un fuerte voto latino a favor de Clinton. Este discurso divisionista y discriminatorio no se terminará el día de la elección.

La otra gran ironía de este proceso ha sido la sobreestimación que hace Trump sobre México: lo considera un competidor implacable que le gana a Estados Unidos en competitividad, atracción de inversión, negociaciones internacionales, de un tamaño tal que puede influir de manera decisiva en la economía más grande del mundo. Obviamente, esta es una exageración con fines electorales. Sin embargo, la comunidad latina y México, por su lado, tienden a subestimarse, lo que es un error.

Por esta razón la elección es una gran oportunidad si se sale a votar. Si el peso específico latino se expresa fielmente en las urnas se habrá triunfado en la reivindicación de derechos pero también se tendrá una responsabilidad mayor.

La auténtica emancipación política se dará cuando se actúe en proporción de tamaño e importancia de la comunidad y de México en América del Norte. Esto implica una gran oportunidad pero también una enorme responsabilidad. No se puede solo mostrar el músculo el día de la jornada electoral, sino que es necesario estar organizados en todos los ámbitos con un discurso no sólo reivindicatorio, para pedir un mejor trato y exigir derechos, lo cual hay que hacer sin duda, pero también con uno participativo que haga ver la contribución de la comunidad y de México a Estados Unidos. Y con uno de posicionamiento para votar, en cada elección, por la opción que más convenga y no automáticamente por una que, en el largo plazo, tome al voto latino como seguro.

“Muchas gracias señor Trump por invitarnos a votar; encantados iremos”.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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