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Recibir mi "Green Card": una victoria agridulce

“Muchos de mis amigos, familiares y miembros de la comunidad todavía corren el peligro de ser detenidos por una máquina de deportación recientemente fortalecida que continúa separando a las familias”.
Opinión
Codirector de Dream Action Coalition y activista nacional por la reforma migratoria.
2018-06-11T14:14:54-04:00

Hace unas semanas recibí un sobre que decía “correo urgente”, un término muy familiar al Servicio de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos (USCIS por sus siglas en Ingles), que es la agencia federal responsable de procesar, entre otras, las solicitudes de visas.

Mi hermano y yo ya habíamos recibido estes tipo de sobres cada vez que nuestro permiso de trabajo, que es una pequeña tarjeta roja y azul, era aprobado bajo el programa de acción diferida para los llegados en la infancia (DACA por sus siglas en Ingles). Esta vez, después de abrir el sobre, noté algo diferente: la tarjeta era verde.

Después de 29 años de espera, finalmente recibí mi “tarjeta verde”. A diferencia de DACA, que solo brinda dos años de protección contra la deportación y la capacidad de trabajar legalmente, la tarjeta verde otorga el derecho a vivir y trabajar de forma permanente en Estados Unidos.

Pero antes de que alguien me señalé como el “buen inmigrante” que se puso en línea mientras otros piden un tratamiento especial, permítanme dejar las cosas claras: no lo hice de la manera “correcta” ya que no hay una “forma correcta” para personas como yo y millones de personas más.

Mi tarjeta verde solo fue posible a través de DACA, la aplicación de la ley existente y el amor de mi esposa. Grupos antiinmigrantes, y muchos republicanos en los últimos años, han dicho que explotamos el sistema. Están equivocados.

Simplemente navegué el sistema de inmigración y, con un poco de suerte y el amor que hay en mi matrimonio, pude crear mi propio camino hacia la ciudadanía.

En los últimos años, los recipientes de DACA pudimos utilizar el proceso llamado “Advance Parole”, que permite viajar al extranjero con permiso del gobierno y regresar. Esta reentrada autorizada crea el canal para ajustar el estatus migratorio, especialmente si se tiene un familiar ciudadano.

Este camino funciona solo para un grupo de dreamers, y no para otros inmigrantes que nunca tuvieron la oportunidad de ajustar su estatus migratorio.

El proceso no es noticia de última hora. Los republicanos ya han criticado el programa como una “amnistía” y hasta intentaron limitar su aplicación.

En su primer año en el cargo, el presidente Trump emitió un memorando que ordena al Departamento de Seguridad Nacional restringir el “Advance Parole”.

El senador Chuck Grassley (R-Iowa), presidente del Comité Judicial del Senado, criticó al gobierno de Obama por permitir que “miles de beneficiarios de DACA exploten una parte de la ley de inmigración para obtener tarjetas de residencia”.

Como abogado de inmigración, es difícil conciliar este logro que cambiará mi vida, porque la realidad es que muchos de mis amigos, familiares y miembros de la comunidad todavía corren el peligro de ser detenidos por una máquina de deportación recientemente fortalecida que continúa separando a las familias.

Es injusto que esté en el camino hacia la ciudadanía con muchas oportunidades abiertas, mientras que las vidas de otros soñadores o inmigrantes indocumentados todavía están dramáticamente sujetas a los caprichos de los tweets del presidente.

El año pasado, la administración de Trump puso fin a DACA, pero le dio al Congreso seis meses para llegar a una solución permanente para los dreamers. La fecha vino y se fue sin ningún avance, dejando a cientos de miles de jóvenes en un limbo legal.

Para algunos en mi propia familia la residencia permanente todavía es inalcanzable y la deportación sigue siendo una realidad aterradora. Mi hermano menor solamente tiene DACA y mi madre de 74 años sigue indocumentada. No hay una manera clara para que ellos obtengan la ciudadanía.

Aún más alarmante es que la administración Trump está obligando a los dreamers, a los ciudadanos y a los residentes permanentes a aceptar un acuerdo tóxico, con el que se pueda proteger alos soñadores por encima de sus propios padres.

Los líderes que ya no están indocumentados y los congresistas deben permitir que las familias indocumentadas lideren la estrategia, no solo usarlas para sus historias.

El movimiento de dreamers ha luchado con éxito para ser más que una parte de un juego politico. Fue una batalla larga y difícil para nosotros, no solo llegar a la mesa para negociar sino encontrar un asiento.

Sentados en la mesa de la cocina con la tarjeta verde en la mesa, al lado de la guía “Bienvenido a Estados Unidos” que venía incluida en el sobre, escuché a mi hermano y a mi madre hablar sobre el último debate en torno a la inmigración.

Mi hermano arrojó su tarjeta DACA sobre la mesa, indicando que no podía aceptar una tarjeta verde sabiendo que mi madre y otros inmigrantes serían criminalizados. Respaldé su posición.

Nunca olvidaré los 29 años que pasé en Estados Unidos indocumentado. Seguiré luchando por el DREAM Act y la reforma migratoria, aunque mi lucha ahora estará en una arena diferente.

Declararme ahora como “documentado” se siente muy extraño y no sé cuánto tiempo duraré así. De lo que estoy seguro es que no importa mi estatus migratorio, siempre he tenido el derecho de permanecer aquí. Este es mi país. Este es mi hogar.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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