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El huracán María impactó de frente a Puerto Rico.
Maribel Hastings
Opinión

Asesora ejecutiva de America's Voice.

Por siempre la llamaré Preciosa

Por siempre la llamaré Preciosa

“María nos lanzó a la lona, pero no nos ha noqueado. Mi isla hermosa, Puerto Rico, está devastada, pero su esencia sigue ahí. Su gente buena sigue en pie. Y su belleza es innegable”.

El huracán María impactó de frente a Puerto Rico.
El huracán María impactó de frente a Puerto Rico.

La última vez escribí que el huracán “Irma” había vapuleado a Puerto Rico, pero que seguíamos en pie. Lo que no sabía era que “Irma” era apenas el aperitivo de lo que estaba por venir.

Pasé el huracán “María” con mi padre en Puerto Rico y aquí sigo. Debo aclarar que como buena caribeña había vivido varios huracanes en mis 53 años de existencia, pero en mi vida había experimentado algo como esto.

Según el presidente Donald Trump, el calentamiento global que genera estos monstruosos fenómenos atmosféricos es un cuento chino. Él alega que es solo una invención de los chinos para que Estados Unidos no pueda competir con ellos. Pues con “María” los chinos se pasaron.

Admito que conozco y aprecio muchísimo a varias Marías, pero ya no podré hablarles sin pensar en la causante de las penas mías y las de mi pueblo.

“María” llegó furiosa, arrasando. Todavía no hacía su entrada triunfal por el sureste boricua, cuando sus ráfagas comenzaron a azotar con ira. La recibimos en un séptimo piso, en un apartamento donde hay tormenteras. Coloqué a todos mis gatitos en jaulitas y los acomodé en la bañera, pues el baño era el sitio más seguro para nosotros. Y comenzó el horror.

Cuando por fin “María” entró, su presión era tal que se nos tapaban los oídos. Con su fuerza descomunal quería arrancar las tormenteras. Era como si te hablara, o más bien como si aullara, y de repente golpeaba puertas y ventanas con una furia sobrenatural. En las largas horas que pasaron sentí golpes y explosiones. Sus tentáculos se colaron por una ventana provocando caos e inundando la sala del departamento. Cuando por fin amainó y el día aclaró, nos aventuramos a abrir una de las tormenteras y mis ojos no daban crédito a la destrucción. No solo arrancó de cuajo árboles centenarios y postes de alumbrado. En el patio de nuestro condominio había refrigeradores procedentes, asumo, de algunos de los vecinos, cuyos departamentos literalmente explotaron. También había varias unidades de aire acondicionado. El hermoso bosque de San Patricio está maltrecho.

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Lo que vi después y todavía me afecta es que nos cambió el paisaje. Mi islita semeja un lugar bombardeado con agente naranja para facilitar la visibilidad y los ataques. Otras partes semejan el resultado de un voraz incendio. No quedó hoja prendida a su rama, ni ramas, y las palmeras quedaron calvas o decapitadas, las que siguen en pie.

Pero más allá del alterado paisaje y la devastación a la flora y la fauna está el dolor de los que perdieron vida y propiedad.

Nos contamos entre los privilegiados que solo sufrimos alguna pérdida material, pero que estamos vivos, aunque como el resto del país no contemos con energía eléctrica. “Irma” nos rozó y 70% de la población quedó a oscuras. Entonces dije que no quería imaginar qué pasaría si un huracán entraba a la Isla. Ahora vivo el apagón total porque el ya maltrecho sistema de energía se hizo añicos. Contamos con agua algunas horas del día, otro gran lujo por estos días. Y como a todos, nos ha tocado hacer enormes filas por largas horas para comprar alimentos, agua, medicamentos y gasolina. Como muchos, tenemos que subir cientos de escalones porque no hay elevador. Y como tantos, hemos sentido esa zozobra de no saber qué pasará, sino la certeza de que el camino será largo y sinuoso.

Con todo y la severidad de los daños, en la zona metropolitana hemos sido afortunados si nos comparamos con nuestros hermanos en zonas rurales, costeras y al interior del país.

“Puerto Rico se Levanta” es el grito de guerra con el que se pretende darnos ánimo. Cada quien según su necesidad y capacidades ha decidido qué hacer. Muchos se han ido o se van temporal o permanentemente. Otros no tienen esa alternativa, y otros más quieren ayudar en la reconstrucción desde aquí.

Nos ayuda la actitud de que “al mal tiempo, buena cara” y aquello de “hacer de tripas corazón”. El “pues, qué se le va a hacer”. En las filas todavía hay espacio para la broma y el comentario jocoso. No dejamos de ser caribeños.

Por eso nos levantaremos, aunque en medio de nuestra desgracia nos sigan haciendo sentir que somos ciudadanos estadounidenses de segunda clase.

Trump vino a la isla y lanzó rollos de papel toalla a los damnificados y de paso nos hizo saber que la ayuda que está llegando, y que miles siguen sin recibir, está desbalanceando el presupuesto federal. ¿Les dijo eso a Texas y Florida tras “Harvey” e “Irma”? Claro que no. Nada como alentarte pisoteando tu dignidad.

“María” nos lanzó a la lona, pero no nos ha noqueado. Mi isla hermosa está devastada, pero su esencia sigue ahí. Su gente buena sigue en pie. Y su belleza es innegable, a pesar de “María”. Ya algunas ramas y plantas retoñan.

Como escribió Rafael Hernández: “Preciosa serás sin bandera, sin lauros ni gloria”.

Y a pesar de “María” y su estela de dolor, por siempre la llamaré Preciosa.

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Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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