¿Por qué tantos católicos son críticos de Donald Trump?

“En gran medida gracias al Sr. Trump, Hillary Clinton subió el evangelio social del metodismo, que le podría permitir ganarse la fracción más grande de voto católico que cualquier demócrata desde la época de JFK”.
24 Ago 2016 – 2:11 PM EDT

Donald Trump tiene un gran problema con los católicos y él se lo ha ganado.

Hillary Clinton le lleva por encima de 19 puntos entre los católicos que van semanalmente a la iglesia y más de 16 puntos entre otros católicos, de acuerdo con la más reciente encuesta de Pew.

Esto no es bueno para sus prospectos de este otoño. Los católicos representan un cuarto del electorado y, hace cuatro años, Mitt Romney dividió el voto católico en casi 50/50 con Barack Obama, y perdió la elección.

¿Por qué tantos católicos son críticos de Donald Trump? Una simple razón es que muchos son latinos. Trump ha hecho de los latinos los villanos de su campaña, así que no es ninguna sorpresa.

Pero la mayoría de los católicos estadounidenses no son latinos.

Muchos, como nosotros, somos descendientes de inmigrantes de Irlanda, Italia, Polonia, Alemania y otros países europeos. Conocemos las historias de inmigración de nuestras familias: cuál antepasado vino a los Estados Unidos y cuándo; los estereotipos y la discriminación que superaron, y el orgullo que sintieron de su ascendencia y en los Estados Unidos.

Así que cuando el Sr. Trump hace de los inmigrantes y la inmigración sus enemigos, nos está atacando a nosotros y a las familias de la mayoría de los católicos estadounidenses. Cuando dice lo de construir un muro para dejar fuera a los latinoamericanos y prohibir la entrada a los musulmanes, suena justo como cuando unos jefes decían “no se emplea a los irlandeses” y los políticos xenófobos de los años veinte que aprobaron leyes para detener la inmigración italiana.

Por una buena razón, John F. Kennedy, nuestro único presidente católico, llamó a los Estados Unidos “una nación de inmigrantes”. El Sr. Trump ha declarado la guerra política en contra de esa idea poderosa e inclusiva de los Estados Unidos, así que no es sorpresa que muchos hijos y nietos de inmigrantes católicos no estén entusiasmados con él.
Y luego está la política exterior.

Por razones que no son claras –no sabremos sino hasta que de a conocer su declaración de impuestos– el Sr. Trump tiene una admiración particular hacia el presidente ruso Vladimir Putin y otra extraordinariamente débil cuando se trata de honrar los compromisos del país con la OTAN, esa alianza europea de defensa mutua que fue liderada por el general Dwight Eisenhower.

Esto les preocupa a muchos estadounidenses de todos los credos. Pero es particularmente importante para los estadounidenses con lazos familiares con Polonia, Hungría, Ucrania y otros países vecinos en el frente de batalla de una agresión rusa renovada. Y por supuesto, estos estadounidenses mayoritariamente son católicos.

Finalmente, tenemos al Papa Francisco.

Años antes de que el Sr. Trump le declarara la guerra a los latinos, a los inmigrantes, y a la OTAN, Jorge Mario Bergoglio, hijo de un migrante italiano que llegó a la Argentina se convirtió en el Papa Francisco. El Papa trajo a su pontificado el espíritu del Nuevo Testamento que aprendimos en las escuelas católicas americanas: la tolerancia, el perdón, el amor, particularmente hacia los refugiados que huyen de la muerte o la opresión. Él habló sobre temas actuales, desde la desigualdad hasta el cambio climático, y la mayoría de los católicos estadounidenses están de acuerdo con él.

En las últimas décadas, los católicos se han convertido en votantes decisivos, apoyando por lo general al candidato presidencial que va a ganar, pero con márgenes pequeños. El 2016 podría ser distinto.

En gran medida gracias al Sr. Trump, Hillary Clinton subió el evangelio social del metodismo, que le podría permitir ganarse la fracción más grande de voto católico que cualquier demócrata desde la época de JFK.

¿No son los Estados Unidos un gran país?

No se tiene que ser católico para entender que el Sr. Trump es un peligro para el Sueño Americano, pero sí ayuda.

Martin O'Malley, exgobernador de Maryland, tiene ascendencia irlandesa (es en serio) y alemana. Jim Rosapepe, exembajador de los Estados Unidos ante Rumania, nació en Italia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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