Por qué es demasiado pronto para que los multimillonarios de Davos brinden por las políticas “proempresariales” de Trump

“Es muy probable que los costos comerciales a largo plazo de la influencia desestabilizadora de Trump pueden ser mucho mayores que cualquier beneficio derivado de sus políticas a corto plazo”.
Opinión
Profesor asociado de Ciencia Política, Georgia State University.
2018-01-29T15:37:00-05:00

Es posible que a los magnates de los negocios globales que se reunieron recientemente en Davos para el Foro Económico Mundial no les guste el estilo de Donald Trump. Pero, si hay que creer en una serie de informes de The New York Times y otros medios, las políticas proempresariales de Trump les están haciendo más fácil perdonar sus debilidades.

Klaus Schwab, director ejecutivo del foro, lo expresó de esta manera cuando presentó al presidente Trump antes de su discurso del 26 de enero: “En nombre de los líderes empresariales presentes aquí en esta sala, permítanme felicitarlo en particular por la histórica reforma tributaria [que está] fomentando la creación de empleos a la vez que proporciona un impulso tremendo a la economía mundia”.

Muchos asistentes elogiaron el discurso de Trump por su pragmatismo y su “mentalidad constructiva”, lo que fue reforzado por la impresión que dejaron en el foro los miembros de su administración.

Tal derroche de euforia, sin embargo, es miope e ignora los riesgos del trumpismo a largo plazo para la prosperidad económica de Estados Unidos y del mundo. Una mirada cuidadosa a las políticas de crecimiento económico –una de mis áreas de especialización–, explica por qué.

No descorchar todavía las botellas de champán

Desde que se convirtió en presidente, Trump ha impulsado una desregulación significativa en varias industrias, y su iniciativa económica más emblemática ha sido un importante recorte de impuestos centrado en las empresas. El buen desempeño del mercado accionario de Estados Unidos sugiere que los inversionistas, al menos, están muy entusiasmados con sus políticas.

Es cierto que los recortes de impuestos y la desregulación pueden proporcionar un estímulo fiscal y, cuando se hacen correctamente, incluso pueden estimular el crecimiento al fomentar la inversión. También es cierto que muchos en la comunidad empresarial se sienten aliviados de que Trump no parezca muy interesado por seguir su retórica populista.

Pero es importante recordar que es muy probable que los costos comerciales a largo plazo de la influencia desestabilizadora de Trump pueden ser mucho mayores que cualquier beneficio derivado de sus políticas a corto plazo. Esto se debe a que las empresas deben operar en un contexto social y político que favorezca su accionar a cada paso.

El comportamiento de Trump desde que asumió el cargo, su disposición a ignorar las normas del discurso civil, sus posibles vínculos con el régimen autoritario de Rusia, sus problemáticos intereses comerciales y, especialmente, su desprecio por el poder judicial y el servicio civil profesional, han erosionado la confianza mundial en las instituciones estadounidenses.

Este es un problema serio para los negocios. Diferentes investigaciones han confirmado una y otra vez el vínculo entre unas instituciones políticas abiertas y estables y el crecimiento económico. Ahora sabemos que el espíritu empresarial, la riqueza en recursos naturales e incluso las políticas económicas adecuadas no son suficientes para generar prosperidad cuando las personas no pueden confiar en la integridad del sistema político y legal de un país. La inestabilidad impide la inversión, tanto extranjera como doméstica, y aumenta los temores de que los beneficios del trabajo arduo no serán recompensados.

¿La excepción de China?

A primera vista, el crecimiento fenomenal experimentado por autocracias como China y Singapur puede parecer una excepción a esta regla. Pero una visión comparativa muestra que la estabilidad es crítica para el crecimiento incluso entre regímenes autoritarios.

Mi propia investigación (en coautoría con el politólogo Daniel Kuthy) sugiere que las dictaduras más institucionalizadas y estables son más proclives a elegir políticas económicas que promuevan el crecimiento. Y la investigación de Jennifer Gandhi de Emory University ha mostrado que el vínculo entre la estabilidad autoritaria y el crecimiento es muy directo.

Aun así, la democracia estable, con su transparencia y su estado de derecho, es el mejor tipo de gobierno para los negocios. Países como Venezuela y Turquía han experimentado consecuencias económicas negativas después de apostatar de la democracia.

Negocios y sociedad

El crecimiento económico también está estrechamente vinculado a la cooperación social y la paz.

Cuando hay un alto nivel de antagonismo en la sociedad, ya sea por clase, raza, etnia, género, geografía o algo más, las empresas deben operar en un entorno mucho más complicado. Existe una mayor amenaza de huelgas, menor apoyo público para los mercados libres y más desafíos en el lugar de trabajo y en la venta de los productos.

Es aquí donde las declaraciones y el comportamiento de Trump, desde su renuencia a condenar a los nacionalistas blancos hasta su sexismo bien establecido, pueden ser tan dañinos. El clima altamente polarizado de la actualidad, independientemente de los problemas inherentes que crea, es malo para los negocios.

Además, la paz social está conectada con los niveles de desigualdad económica. Aquí es donde incluso las políticas que respaldan muchas empresas pueden tener graves repercusiones negativas a largo plazo. Los analistas coinciden en que los recortes tributarios de Trump tendrán el efecto de concentrar la riqueza aún más plenamente en manos de unos pocos. Para las empresas, los beneficios a corto plazo de una concesión impositiva podrían no superar los riesgos planteados por el aumento de la desigualdad y la polarización.

Trumpismo en el exterior

La mayoría de los CEO corporativos que se reunieron en Davos tienen una clara orientación internacional. Es probable que la política de "America First" del presidente Trump perjudique sus intereses mucho más que las de los líderes empresariales nacionales.

Para que las empresas internacionales funcionen, es necesaria una red de acuerdos y de entendimientos globales. Los países del mundo han construido esta red durante décadas, en gran medida bajo el liderazgo de Estados Unidos.

Si el arquitecto principal de este sistema ya no lo admite, existe el riesgo de que nuevos impedimentos para el comercio y los flujos de capital dificulten la interdependencia económica. Aunque los partidarios de la globalización avanzan sin la administración Trump, el mundo no debería ser optimista sobre el futuro del orden económico liberal sin el apoyo activo de Estados Unidos.

Del mismo modo, un conflicto internacional podría tener un impacto muy perjudicial en la actividad económica. La verborrea de la administración Trump, en la medida en que aumenta el riesgo de guerra, es una amenaza seria para el éxito comercial.

Por todas estas razones, el optimismo que muchos parecían sentir en Davos está fuera de lugar. Las empresas operan dentro de un contexto social y político, y cuando ese contexto se desestabiliza, no pueden escapar a las consecuencias.


The Conversation

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.