null: nullpx

La pandemia nos enseñó que la vida está en otra parte

"El trabajo desde el hogar ha reafirmado en muchos de nosotros la convicción de que la vida íntima y familiar es más importante que la vida en común que exige el trabajo fuera de casa. Nos ha expuesto, como tal vez no ocurría desde la niñez o la juventud, a los placeres incomparables del diálogo y la compañía familiar, la lectura abundante y la tranquila contemplación del mundo interior y exterior".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2021-05-24T16:04:15-04:00
Comparte
Trabajo desde casa. Crédito: TuiPhotoengineer/Getty Images/iStockphoto

Luego de 14 meses de azote implacable, la pandemia está amainando en Estados Unidos. Y eso ha desatado el debate de si debemos o no regresar a la oficina millones de personas que tuvimos la suerte loca de poder seguir ganándonos la vida desde nuestras casas. Las primeras encuestas sobre el tema revelan que ocho de cada 10 CEOs son partidarios de que regresen sus empleados. Pero más de dos tercios de los interesados preferirían continuar trabajando desde sus hogares. Y 29% dice estar dispuesto a renunciar a sus puestos antes que regresar. No es para menos. Descubrieron que la vida estaba en otra parte, para decirlo con las memorables palabras del escritor checo Milán Kundera.

Lo normal es que los nuevos trabajadores “domésticos” sintamos ansiedad de retornar al laboro fuera de casa al cabo de 14 largos meses de ausencia. Nos la da la persistencia de la pandemia en muchos lugares y comunidades; la renuencia de numerosos conciudadanos a vacunarse e incluso a protegerse con mascarilla y buenos hábitos de distanciamiento social; el habernos librado de otros virus y enfermedades que solemos pescar en nuestros centros laborales; y el temor a perder la flexibilidad de trabajar sin los engorrosos viajes diarios a la oficina y horarios estrictos, para no hablar del alivio de no tener que verles las caras todos los días a los personajes desagradables que nunca faltan en ninguna parte.

Normal, repito. Pero también lo es que muchos trabajadores se beneficien - y nos beneficien - si regresan a sus centros laborales. Sería un tanto a favor de la socialización que sin duda ha disminuido durante el encierro por la pandemia. Muchos sentirían el alivio de no tener que ocuparse al mismo tiempo de sus tareas formales y las faenas de la casa, incluyendo el cuidar niños pequeños o adolescentes inquietos durante horas. Algunos se sentirán acaso más productivos trabajando junto a colegas. Y otros aliviarían la carga emocional y psicológica de quienes se vieron obligados a seguir yendo a oficinas medio desiertas.

El regreso será más fácil para aquellas personas que son naturalmente gregarias y medran en la compañía de otras. En cuestión de dos o tres semanas reconstruirán los nexos sociales que las harán sentirse renovadas y listas para las tareas típicas del centro laboral. En cambio, los que tendemos a ser lobos solitarios la tendremos un poco más difícil. Probablemente necesitaremos una “estrategia del regreso” en la que deberemos repensar cuidadosamente las ventajas del trabajo comunitario en oficina, aunque el único que en este momento se me ocurre es la de restablecer con mayor precisión y claridad la frontera entre la vida laboral y la doméstica.

Sea como fuere, se dará pronto, o empieza a darse ya, una tensión entre la fragilidad mental o emocional que nos ha causado la pandemia y el ambiente laboral comunitario que nos reclama. Será una confrontación entre la angustia por el regreso y la exigencia jerárquica de que éste se produzca cuanto antes y sin demasiados reparos.

El fin de semana, durante la preparación de esta columna, le pregunté a una amiga sicóloga sobre esta inevitable tensión. Me respondió que probablemente se intensificará “antes de nivelarse” porque los nuevos empleados domésticos nos hemos convencido de que podemos funcionar bien desde nuestras casas, mientras que el liderazgo de los centros de trabajo se ha convencido de lo contrario. Menudo dilema. Es, precisamente, el que reflejan los sondeos de opinión.

El trabajo desde el hogar ha reafirmado en muchos de nosotros la convicción de que la vida íntima y familiar es más importante que la vida en común que exige el trabajo fuera de casa. Nos ha expuesto, como tal vez no ocurría desde la niñez o la juventud, a los placeres incomparables del diálogo y la compañía familiar, la lectura abundante y la tranquila contemplación del mundo interior y exterior.

También nos ha hecho ver que, por necesidad o por inercia, solemos funcionar con las prioridades trastocadas, es decir, como si la vida laboral tuviera mayor peso. La tiene, seguramente, para ciertos héroes cívicos y para personas que, lamentablemente, se desenvuelven en familias disfuncionales.

La vida está en otra parte. Y las fuentes de la vida trascienden la lógica del trabajo común en centros laborales. La paradoja se da porque los quehaceres comunitarios también forman parte de nuestra vida. La mayoría de las personas no podremos renunciar a ellos. Por eso, una enseñanza clave de la pandemia, si la sobrevivimos, tal vez sea que se puede y se debe aspirar a un mejor equilibrio entre la vida personal y familiar y la vida laboral fuera de casa.


Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Comparte
RELACIONADOS:OpiniónTrabajoCoronavirusPandemia

Más contenido de tu interés