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Nada es normal en la presidencia de Donald Trump

“Hasta el Secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, dijo que no le parece raro ni mal que el yerno y asesor del presidente, Jared Kushner, le pueda haber solicitado al embajador ruso en Washington abrir un canal secreto de comunicación con el Kremlin”.
Opinión
Asesora ejecutiva de America's Voice.
2017-05-30T12:30:56-04:00

“Hay algo raro en el ambiente”, dijo la semana pasada Mark Sanford, congresista republicano de Carolina del Sur, en el marco de la noticia de que el entonces candidato y ahora congresista electo republicano de Montana, Greg Gianforte, golpeó a un reportero por hacerle una pregunta sobre la reforma de salud. El flamante congresista electo mintió sobre lo ocurrido y solo se disculpó tras ganar la elección especial. Y el presidente Donald J. Trump catalogó el triunfo del troglodita de “grandioso”. Después de todo, el troglodita está copiando al maestro Trump en su trato irrespetuoso hacia la prensa.

Según Sanford, Trump “ha desenterrrado algunos demonios” y la gente siente que si el presidente lo hace, “yo también puedo”. “Es un fenómeno muy, muy peligroso”, agregó Sanford.

Le respondería a Sanford que la “rareza” a la que alude no es nueva. Existe desde junio de 2015, cuando Trump anunció su intención de buscar la nominación presidencial republicana y su circo de tres pistas obtuvo una gratuita y efectiva plataforma mediática para sus escándalos que han ido in crescendo, no únicamente en cantidad sino en intensidad; de hecho, han ido subiendo de tono tras ganar la presidencia.

Mientras su agenda doméstica está totalmente eclipsada hasta el momento por el mayor de sus escándalos –si su campaña coordinó con Rusia para influir los comicios presidenciales de 2016–, la constante ha sido no solo la desfachatez con la que este presidente se comporta, sino la defensa ciega de Trump por parte del Partido Republicano, líderes republicanos del Congreso, comentaristas y seguidores a quienes ni siquiera les inmuta la posibilidad de que allegados a este presidente hayan coordinado con una nación hostil hacia Estados Unidos como Rusia.

Hasta el Secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, dijo que no le parece raro ni mal que el yerno y asesor del presidente, Jared Kushner, le pueda haber solicitado al embajador ruso en Washington abrir un canal secreto de comunicación con el Kremlin cuando Trump era presidente electo y Kushner no tenía ningún puesto oficial, y que se hiciera usando el sistema de comunicaciones ruso.

Esa es solo una de las decenas de rarezas que los republicanos insisten en justificar y normalizar.

Sin embargo, nada es normal.

No es normal toda esta historia de la intervención rusa. No es normal que todos los involucrados en este culebrón hayan tratado de ocultar sus reuniones y conversaciones con funcionarios rusos. Como tampoco es normal que Trump despidiera al director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, cuando se dio cuenta de que la pesquisa continuaría a pesar de instar a Comey a dejar de lado la investigación sobre su exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn.

No es normal que este presidente muestre más afinidad con líderes totalitarios o de mano dura, como el ruso Vladimir Putin, el filipino Rodrigo Duterte y el turco Tayyip Erdogan. Y que se vea tan a gusto junto a saudíes que pisotean a mujeres y disidentes, sin contar con que Arabia Saudí es la cuna de 15 de los 19 terroristas del 9/11, pero luego les haga un desplante a los aliados europeos.

Sus reuniones con homólogos europeos la semana pasada parecían un castigo para el altanero presidente que más semejaba estar en campaña dirigiéndose a su base aislacionista y nativista, o enviando señales de humo a su cuate Putin.

Mucho menos normal es que este Partido Republicano, que a la menor provocación enarbola sus banderas, y cuyos miembros se creen los más patriotas, vea todo esto ocurriendo bajo sus narices, no lo cuestione y acepte la palabra de Trump sin chistar.

Y si nos vamos a nivel doméstico, tampoco es normal que un reportero que hace su trabajo –preguntar sobre todos los temas incómodos en una democracia–, sea lanzado al suelo y golpeado por un candidato a congresista que a pesar de su conducta bochornosa ganó y luego fue defendido por sus seguidores.

Como tampoco es normal que los “datos alternos” usurpen el lugar de la verdad y se manejen para justificar la vergonzosa agenda de Trump y de los republicanos de repeler el Obamacare con una medida que deja sin seguro de salud a 23 millones de personas; o un presupuesto federal sustentado en severos recortes a los programas federales para los sectores más vulnerables de nuestra población.

Y no puede volverse normal que supremacistas y nativistas se sientan envalentonados por la agenda y la conducta prejuiciosa de nuestro propio presidente y que uno de ellos sea capaz de apuñalar y matar a dos buenos samaritanos en un tren de Portland, Oregon, cuando defendieron a dos jovencitas musulmanas de sus ataques racistas.

Ataques que han ido en aumento a través del país y de los que también es objeto nuestra comunidad inmigrante, gracias a una política migratoria prejuiciosa y una fuerza de deportación que no distingue entre criminales y trabajadores honrados con familias establecidas, hijos ciudadanos, lazos comunitarios y que aportan a nuestra economía.

No debe ser normal que niños y jóvenes vivan con la constante incertidumbre de que sus familias serán separadas.

Esta rareza en el ambiente no puede normalizarse.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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