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Los periodistas de Ecuador merecen seguridad y libertad para ejercer su profesión

“Ahora que se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la trágica pérdida del equipo periodístico de El Comercio ha puesto en primer plano la cuestión de la libertad de prensa, pero lo cierto es que los periodistas ecuatorianos han estado bajo asedio durante años”.
Opinión
CPJ's Americas Researcher
2018-05-03T09:34:20-04:00
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Paúl Rivas, Efraín Segarra & Javier Ortega. Crédito: Cristina Vega Rhor / AFP / Getty Images

#NosFaltan3. Esta frase ha estado omnipresente en Ecuador desde el 26 de marzo, cuando los tres miembros de un equipo periodístico del diario El Comercio fueron secuestrados cerca de la frontera con Colombia. El 13 de abril, tras varias semanas llenas de confusión e información contradictoria, las autoridades ecuatorianas confirmaron que los tres habían muerto, probablemente a mano de sus captores, una disidencia del grupo guerrillero colombiano FARC.

La pérdida de estas tres personas –el joven reportero Javier Ortega, el veterano fotógrafo Paúl Rivas y el chofer Efraín Segarra– ha destrozado al gremio periodístico ecuatoriano, donde los actos de violencia física contra periodistas son raros. Desde que el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) comenzó a documentar casos de periodistas caídos en el ejercicio de la profesión, en 1992, solamente dos periodistas ecuatorianos habín muerto por motivo de su labor informativa, el más reciente en 2012.

En discurso pronunciado el 13 de abril y en el cual confirmó la muerte de los integrantes del equipo de El Comercio, el presidente Lenín Moreno rindió homenaje al sacrificio de los periodistas y exhortó a los medios de comunicación y a la sociedad ecuatoriana a ejercer su derecho a la libertad de expresión para criticar la respuesta del Gobierno.


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Presidente de Ecuador confirma la muerte de los tres periodistas secuestrados por disidentes de las FARC

Viniendo de Moreno, el vicepresidente del país durante la gestión del ex mandatario Rafael Correa, quien pasó una década convirtiendo a Ecuador en uno de los climas mediáticos más represivos de las Américas, tales palabras fueron particularmente significativas.

Durante la gestión de Correa, las empresas de medios fueron diezmadas y los periodistas fueron silenciados mediante la intimidación. Correa utilizaba sus intervenciones semanales por radio y TV para atacar a los medios, criticar a periodistas individuales y deslegitimar a los medios de prensa mucho antes de que la frase “fake news” ingresara al léxico mundial. Correa fustigaba a todo el que consideraba crítico, y recurría a los ataques personales y a demandas exorbitantes concebidas para llevar a la quiebra a medios de prensa.

Esta amenaza constante dejó ansiosos y miedosos a los periodistas independientes ecuatorianos. Los periodistas dejaron sus empleos o se autocensuraron para protegerse. El ejemplo dado por la Presidencia se esparció a los gobiernos locales y regionales, donde los funcionarios se sentían envalentonados para perseguir a los periodistas por su trabajo periodístico, que consideraban como un atentado a su reputación.

“Aprendimos a jugar a filo de la línea”, declaró Alexis Serrano, periodista de la sección de Política del periódico La Hora.

“No sabes a qué [respuesta] te podrías exponer cuando haces un reportaje”, expresó Carolina Mella, la presentadora del programa Visión 360 de Ecuavisa, un canal noticioso privado que era uno de los principales blancos de la ira de Correa.

Desde que Moreno asumió el poder hace casi un año, ha habido un cambio claro en la retórica oficial. Moreno se ha distanciado del legado de Correa y ha prometido mejorar la relación del Gobierno con los medios de comunicación, ha sostenido encuentros con periodistas y le ha ordenado a su administración aprobar reformas jurídicas para mejorar el clima de libertad de prensa en todo el país.

Los periodistas afirman que el cambio de tono les ha permitido respirar con un poco más de libertad por primera vez en muchos años.

“Hay un mejoramiento del clima, con una cese de agresiones contra los medios”, declaró César Ricaurte, director de la organización ecuatoriana defensora de la libertad de prensa Fundamedios, a una delegación del CPJ que visitó Ecuador en marzo. “Es un momento de romance entre la prensa y el Gobierno, la prensa ha sido mucho más favorable a Moreno”.

Pero es probable que este romance sea breve si las autoridades no se toman medidas para respaldar la retórica. El daño provocado por una década de guerra abierta contra los medios no se puede reparar en un año, y muchas de las políticas más destructivas se han incorporado a la ley ecuatoriana, lo cual no se puede cambiar con unas pocas oportunidades para aparecer juntos en fotos.

Puede que el elemento más hostil de la estructura jurídica creada por Correa sea la Ley Orgánica de Comunicación de 2013, a menudo llamada Ley Mordaza. Esta ley convirtió a Ecuador en uno de los países más represivos de los medios en el mundo hispanohablante, gracias a restricciones concebidas para silenciar o desmantelar sectores completos de los medios.


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Ecuador es uno los peores países para los periodistas por la ley de comunicación

“Prácticamente tuvimos que trabajar con la ley en la mano, por supuesto eso genera la autocensura”, manifestó Milton Pérez, productor ejecutivo de noticias del canal de televisión Teleamazonas.

Además, el Gobierno de Correa también creó un organismo, la Superintendencia de Información y Telecomunicaciones, o Supercom, para vigilar la observancia de la ley. La Supercom actuaba como juez y parte, aplicando sanciones e imponiendo absurdas multas que servían de advertencias dirigidas a otros periodistas.

Ahora la Supercom ha perdido su poder en gran medida, ha emitido una cantidad muy inferior de citaciones y ha carecido de titular desde que su anterior director, Carlos Ochoa, caído en desgracia, fuera cesado del cargo en marzo. Por otra parte, el Poder Judicial ha comenzado a emitir fallos a favor de la libertad de prensa, y recientemente desestimó las acusaciones presentadas contra los conocidos periodistas Martín Pallares y Fernando Villavicencio , quienes hacían frente a querellas por difamación derivadas de la época de Correa.

De todos modos, la ley sigue siendo una amenaza mientras continúe vigente. Durante nuestra visita a Ecuador, muchos periodistas se refirieron a la ley como una “pistola cargada”, quieta por el momento, pero tan peligrosa como siempre.

“Mientras la ley exista, es totalmente intimidatoria”, declaró César Pérez, subdirector del diario El Universo.

La Constitución ecuatoriana exige una ley de comunicación nacional, y por ello el Gobierno ha declarado que no puede eliminarla, pero ha prometido reformarla. En un encuentro sostenido con el CPJ en marzo, el Secretario de Comunicación, Andrés Michelena, prometió implementar reformas antes del fin el año. El Gobierno también ha invitado a los expertos internacionales David Kaye y Edison Lanza, relatores especiales para la Libertad de Expresión de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, respectivamente, a visitar el país y asegurar que las reformas propuestas cumplan con las normas internacionales.

Estas promesas muestran la voluntad de desmantelar las peores partes de una época oscura, cuando las personas temían expresarse, escribir o incluso dibujar caricaturas políticas . Si Moreno de veras quiere erradicar la corrupción, debe entender que no lo puede hacer sin una prensa libre e independiente.

Ahora que se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la trágica pérdida del equipo periodístico de El Comercio ha puesto en primer plano la cuestión de la libertad de prensa en el diálogo público nacional, pero lo cierto es que los periodistas ecuatorianos han estado bajo asedio durante años.

Ahora resplandecen rayos de luz por entre las grietas de la estructura que Correa creó, pero hará falta voluntad política y el compromiso del Gobierno, y el apoyo de todos los sectores de la sociedad, para asegurar que Ecuador pueda volver a construir una prensa verdaderamente libre y, mediante ello, una democracia fuerte.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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