Los funerales de McCain: un breve regreso a la decencia

“Los funerales de McCain, especialmente el servicio fúnebre en la catedral episcopal de Washington, no solo conmemoraron a un gran servidor público, sino todo lo bueno, lo constructivo y lo decente que hemos perdido durante la aciaga presidencia de Trump”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-09-04T12:46:32-04:00

Fue uno de los momentos más dramáticos en la historia del país. La ceremonia para honrar póstumamente al senador John McCain en la Catedral Nacional de Washington el pasado sábado constituyó un breve, aunque poderoso, regreso a la decencia y la honorabilidad en la vida pública de Estados Unidos. Ese momento no durará mientras ocupe la presidencia Donald Trump, mientras sus allegados faciliten sus desmanes y mientras la mayoría de nuestros congresistas se lo permitan o lo alienten. Pero vale la pena detenerse un poco en la extraordinaria ocasión. Ponderarla. Valorarla como ejemplo preclaro de lo que ha sido Estados Unidos en sus mejores momentos. Y de lo que podría y debería volver a ser.

Además de la familia y los amigos de McCain, protagonizaron la emotiva ceremonia miembros del Washington oficial al que a menudo denigran Trump y sus alabarderos, no para mejorarlo, sino todo lo contrario, para remedar sus peores vicios sin practicar sus buenos hábitos. En los bancos de madera pulida que han visto más de un siglo de historia, se congregaron para homenajear a McCain como héroe nacional miembros de todos los sectores a los que Trump suele difamar para encubrir su ignorancia, sus pecadillos y sus excesos: expresidentes y candidatos a altas posiciones públicas de ambos partidos, senadores, congresistas, militares, jefes del FBI y de la CIA y periodistas, entre otros. Para quien no había espacio en lo que a todas luces era un acto de buena voluntad patriótica era para el presidente descarriado. McCain no lo quiso en su funeral. Y su familia gustosamente cumplió su deseo.

Uno tras otros los oradores a cargo del panegírico ensalzaron la trayectoria y el servicio público del militar devenido político. Y a la vez contrastaron sus valores y sacrificio personal con los del hombre que, luego de una turbia carrera empresarial, ha envilecido la presidencia estadounidense. Ninguno fue tan elocuente y directo como la hija de McCain, Megan. “Nos congregamos aquí para llorar la muerte de la grandeza estadounidense”, destacó, mientras a duras penas contenía las lágrimas. “La verdadera, no la retórica barata de hombres que nunca se aproximarán al sacrificio que él hizo con tan buena voluntad, ni a la apropiación oportunista de aquellos que vivieron en la comodidad y el privilegio mientras él sufría y servía”.

La joven McCain remató su encendido discurso clavándole una daga verbal directamente en el corazón al demagogo que ocupa la Casa Blanca: “el Estados Unidos de John McCain no necesita que lo hagan grande otra vez porque Estados Unidos fue grande siempre”.

Con la misma sangre fría con que sobrevivió las prisiones de Vietnam, McCain personalmente diseñó sus funerales con la expresa intención de repudiar la charlatanería y el divisionismo con que mal gobierna Trump y recordar que el país ha sido siempre mejor cuando ha procurado la unidad y defendido valores universales, como el respeto a los derechos humanos, la democracia y la libertad. Por eso escogió también como oradores a dos hombres que en buena lid frenaron sus aspiraciones presidenciales, George W. Bush, quien lo derrotó en las primarias republicanas en 2000 y Barack Obama, quien lo venció en las elecciones generales en 2008.

Bush no perdió tiempo en recordar que McCain “detestaba el abuso de poder”, sin necesidad de mencionar los que comete Trump. Y luego puntualizó: “No podía soportar a los fanáticos ni a los déspotas alardosos. Había algo en su interior que lo hacía luchar por el menos fuerte”. Tampoco fue necesario que recordase que Trump suele abusar de los débiles, como los inmigrantes, y halagar a los dictadores; y que, al hacerlo, se proyecta como un frustrado aspirante a tirano.

A Bush le siguió Obama, quien aprovechó la ocasión para hacerles una ominosa advertencia a los dolientes y a todos los norteamericanos, como seguramente había calculado McCain, quien días antes habló con cada uno de los oradores a quienes había seleccionado. “Hay tanto en nuestra política, nuestra vida pública, nuestro discurso público que parece pequeño, malvado, mezquino… es una política que finge ser valiente y tenaz, pero que en realidad nace del miedo. John nos instó a ser mejores que eso”.

Toda la vida de McCain fue, de hecho, un gran empeño personal por mejorar y contribuir a que el país al que tanto amaba también fuera mejor. Eso lo debemos reconocer incluso los que, como yo, discrepamos públicamente de algunas de sus propuestas y acciones. A diferencia de Trump, McCain fue de la estirpe de los estadounidenses que sinceramente creen que nuestra república se fundó, se consolidó y se fortaleció mediante el principio de que todos los seres humanos somos fundamentalmente iguales y que “la libertad y la justicia igualitaria son derechos naturales de todos”, como enfatizara él mismo en su libro de despedida, The Restless Wave.

Los funerales de McCain, especialmente el servicio fúnebre en la catedral episcopal de Washington, no solo conmemoraron a un gran servidor público, sino todo lo bueno, lo constructivo y lo decente que hemos perdido durante la aciaga presidencia de Trump. Por fortuna, también fueron un recordatorio oportuno de que aún estamos a tiempo de recuperar lo perdido. Y de reembarcarnos juntos en la aventura de seguir mejorando al país que nos ha acogido.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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