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La visita de Tillerson y Kelly: la postura de México no está funcionando

“Mientras México no pinte su raya y diga qué es aceptable y qué no lo es, no vamos a salir de este atolladero”.
Opinión
Político, intelectual y comentarista, ex Secretario de Relaciones Exteriores de México.
2017-02-24T11:10:49-05:00

La visita a México del Secretario de Estado y del Secretario de Seguridad Interior de Estados Unidos tuvo lugar esta semana y el gobierno de Peña la enfrentó como pudo. La visita quizás no debió haber tenido lugar, pero podemos sacar algunas conclusiones preliminares.

La primera reflexión que me surge tiene que ver con el tema de las deportaciones masivas. Dicen que el Presidente puso como condición para recibir a los dos visitantes que hubiera algún acuerdo que surgiera de esa reunión, y que el acuerdo fue que no hubiera deportaciones masivas. Tanto Kelly como Tillerson, en distintos momentos, así lo afirmaron.

Lo importante no es lo que hayan dicho, ni siquiera sus intenciones, sino las consecuencias lógicas y prácticas de los lineamientos de política migratoria que fueron expedidos en la víspera de la llegada de los dos altos funcionarios estadounidenses a México.

Si contratan a 15,000 efectivos adicionales; si extienden el perímetro de expedite removal o expulsión expedita de 160 kilómetros a partir de la frontera a todo el territorio de Estados Unidos y el periodo de deportación inmediata de catorce días a dos años, y si amplían la definición de actos criminales y de delitos imputables al hecho mismo de estar en Estados Unidos, todo indica que habrá muchísimas más deportaciones que antes. ¿Serán masivas o no? Ya veremos, pero resulta aberrante pensar que hagan todo esto por un lado, y por el otro que no se produzcan las consecuencias evidentes y naturales de decisiones de este tipo.

En segundo lugar, es de celebrarse que el gobierno mexicano finalmente haya aceptado la tesis –de muchas personas– de que México sólo debe recibir a deportados cuya nacionalidad mexicana pueda ser comprobada por Estados Unidos. No se trata solo de reaccionar a los lineamientos de hace un par de días en que Estados Unidos pretendía enviarnos a los centroamericanos durante el largo proceso de litigio de demandas de asilo en Estados Unidos, sino de un principio general.

México no tiene por qué aceptar a ningún deportado cuya nacionalidad mexicana no pueda ser demostrada por Estados Unidos y con documentos.

En tercer lugar, como dice el New York Times hoy, todo parece indicar que la postura mexicana ante Trump, a diferencia de la japonesa –de defenderse a toda costa– o de la china -de enfrentarse a riesgo de todo–, que combina la queja y la complacencia, no está funcionando.

No hay manera de salir adelante con este tipo de postura, aunque por razones internas o de largo plazo personales de Peña Nieto en particular, sea la más atractiva. Mientras México, insisto, no pinte su raya y diga qué es aceptable y qué no; mientras no responda a cada agresión estadounidense con algún tipo de represalia, que no tiene por qué ser majadera como la de Estados Unidos, sino simplemente simbólica y a la vez eficaz, y mientras no le quede claro a la sociedad mexicana hasta dónde está dispuesto a ceder el gobierno de México, no vamos a salir de este atolladero. Ojalá en los próximos días y semanas el gobierno de Peña pueda empezar a reaccionar antes y no después; a pintar su raya a tiempo y no a destiempo, y a no seguir confiando en buena voluntad del gobierno de Trump.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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