La relación México-Estados Unidos a un año del ascenso de Trump

“La posibilidad de que la retórica de Trump haya incubado un nacionalismo anti-estadounidense que parecía ya superado es muy alta”.
Opinión
Profesor-Investigador de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y docencia Económicas (CIDE), en la Ciudad de México.
2018-01-24T11:59:42-05:00

A un año de la llegada a la Casa Blanca del presidente Donald Trump la relación entre México y Estados Unidos ha sido tan trastornada que es posible que el mandatario estadounidense reviva ese cadáver que todos creían que había sido enterrado para siempre: el antiguo nacionalismo visceral mexicano anti-estadounidense.

La percepción de los mexicanos sobre Estados Unidos ha cambiado dramáticamente en el último año. Según un estudio del Woodrow Wilson Center, el porcentaje de mexicanos que desconfían de Estados Unidos aumentó del 31% en 2016 al 84% en 2017.

Asimismo, en 2016 un 66% de los mexicanos tenían una visión favorable de Estados Unidos y 49% de su presidente, y en 2017 las cifras cayeron a 30% en la visión favorable del país y a sólo 5% en la visión favorable del presidente estadounidense.

Es difícil aún saber si este cambio en la percepción mexicana de Estados Unidos es reversible o no, pero la posibilidad de que la retórica de Trump haya incubado un nacionalismo anti-estadounidense que parecía ya superado es muy alta.

Y si ello es así, la presidencia de Trump habrá destruido una relación de colaboración y confianza que ha llevado décadas construir y habrá generado un potencial enemigo al sur de la frontera estadounidense.

Prescindir de una alianza con un país con el que se tienen más de 3,000 kilómetros de frontera es sin duda el error histórico más grande que haya cometido una administración estadounidense. Y Trump puede pasar a la historia por ello.

Estos sorpresivos cambios nacieron en la propia campaña de Trump. A diferencia de lo que ocurría en las campañas electorales en Estados Unidos en el siglo XX, México fue un tema central del debate político durante 2016. En buena medida esto se debe a que Trump posicionó el tema desde su pre-campaña, al acusar a México de enviar a lo peor de su gente –narcotraficantes, violadores y asesinos– a Estados Unidos.

Durante este último año, Trump ha gritado y tuiteado un decálogo de amenazas e insultos. Hizo de la promesa de construir un muro en la frontera con México y de revisar y eventualmente cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN, los puntos centrales de su discurso político. La obsesión de Trump una vez electo presidente con estos temas continuó. Ha insistido sin parar en la construcción del muro, que México debe pagar. Ha incrementado la retórica contra los inmigrantes. Ha amenazado en varias ocasiones con cancelar el TLCAN. Ha puesto en suspenso el DACA, que protege principalmente a jóvenes nacidos en México. Ha amenazado a empresas que invierten en México y ha tenido constantes confrontaciones verbales con el gobierno mexicano. Incluso Trump calificó recientemente a México como el país más inseguro del mundo.

Sin embargo, si se revisan los indicadores duros de la relación bilateral, éstos han cambiado muy poco.

Las deportaciones son en realidad menores a las realizadas por el gobierno de Obama. El DACA está en “stand by”, pero los dreamers siguen es Estados Unidos. El TLCAN sigue funcionando y los volúmenes de comercio entre ambos países no han disminuido. La inversión estadounidense sigue llegando a México y la migración a Estados Unidos no ha mostrado variaciones sensibles. Mientras tanto, las agencias de seguridad de ambos países siguen colaborando cotidianamente.

Lo que sí ha cambiado, sin duda, es el tono de la relación. México ya no es visto por el gobierno estadounidense como el aliado con el que se puede y se debe cooperar. El gobierno mexicano se ha visto forzado a replantear los patrones de interacción con su vecino, que ha desarrollado en los últimos ochenta años.

Pero quizás lo más grave que ha ocurrido en la relación bilateral es que la confianza construida durante décadas parece haberse desmoronado. El giro histórico que se dio en los años noventa con la firma del TLCAN en el cual Estados Unidos pasó de ser el “enemigo histórico” a ser el socio valioso, parece que se ha revertido.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.