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La promesa aplazada del voto hispano decisivo

“Motivos sobran para que muchos hispanos se sientan enfurecidos con Trump y su gobierno. Pero la furia no garantiza que vayan a votar en grandes cantidades en noviembre. Ni tampoco que vayan a inclinar la balanza de poder, como comprensiblemente desean los demócratas”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-10-15T13:02:17-04:00

Cada vez que se acercan elecciones importantes, como las ya inminentes de medio término, solemos escuchar los buenos augurios y predicciones sobre una ola potencialmente decisiva de votantes hispanos. Alguna que otra vez me he sumado con fruición a los agoreros. Y sin embargo creo que a medida que se va haciendo más significativo el voto hispano para el futuro de la nación, más difícil se va haciendo también llevarlo a las urnas el día crucial de las elecciones; y contar con él para hacer lo que hay que hacer con el objetivo de promover el bienestar de nuestra comunidad y del país, que en definitiva se complementan.

El Centro Pew de Investigaciones acaba de informar que más de 29 millones de hispanos son elegibles para votar en noviembre, una cantidad récord que convierte al voto latino en el 12,8 % del total. Sin embargo, algunos expertos también advierten que en las elecciones generales de 2016 los hispanos fuimos el grupo étnico que menos acudió a las urnas a pesar de que se hallaba absolutamente en juego el destino de nuestra democracia o, por lo menos, de la calidad de nuestra democracia. Nos superaron en porcentaje de electores los blancos no hispanos, los afroamericanos y los estadounidenses de origen asiático.

Así ocurrió a pesar de las intensas campañas que entonces se libraron para sacarnos a votar; y de que al frente de la boleta republicana se encontraba Donald Trump, un candidato que no ocultaba su desdén por los mexicanos, el sector hispano más amplio del país, y que prometía mano dura contra inmigrantes como nosotros, nuestros padres o nuestros abuelos.

Del mismo modo en que entonces analistas predecían que la furia que provocaban las palabras y actitudes de Trump sacaría a los hispanos a las urnas de manera masiva, los mismos u otros analistas hacen ahora idéntica predicción. Razones no les faltan para creerlo. Trump ha cumplido sus amenazas de crear un ambiente hostil para los inmigrantes y las minorías étnicas.

Durante su gobierno se han incrementado las redadas contra los inmigrantes hispanos. Deliberadamente promueve la separación de familias en la frontera con México para desalentar el ingreso de indocumentados. Ha reducido de manera drástica la inmigración legal. Adoptó medidas para evitar que se hagan residentes y ciudadanos inmigrantes que han recibido asistencia pública. Denuncia como “inmigración en cadena” la política que permite a muchas de nuestras familias reunificarse mediante el ingreso legal y ordenado a este país, como irónicamente sucedió con los padres eslovenos de su propia esposa Melania. Insultó a los puertorriqueños que padecieron el devastador Huracán María, acusándoles de “querer que se lo hagan todo” y manejando desastrosamente la asistencia federal a la isla y a sus damnificados. Recientemente se convirtió en el primer presidente en décadas en afirmar que no apoya la estadidad de Puerto Rico porque resiente las críticas de líderes de la isla como la alcaldesa de San Juan Carmen Yulín y el gobernador Ricardo Rosselló. Continúa deportando alegremente a cubanos que buscan refugio de la dictadura de la familia Castro, como bochornosamente hizo su predecesor Barack Obama. Y coquetea con los racistas de todo pelaje que hoy se pavonean por el país mientras se les describe con el eufemismo de “supremacistas blancos”.

Motivos sobran, entonces, para que muchos hispanos se sientan enfurecidos con Trump y su gobierno. Pero la furia no garantiza que vayan a votar en grandes cantidades en noviembre. Ni tampoco que vayan a inclinar la balanza de poder, como comprensiblemente desean los demócratas.

Para empezar, solo el 44% de los latinos de Estados Unidos son elegibles para sufragar. Muchos de ellos ya no se sienten ni piensan como inmigrantes. En las elecciones de medio término todos los grupos étnicos, incluyendo los hispanos, votan menos que en las generales. Los hispanos no somos un grupo política o ideológicamente homogéneo. Entre los más acostumbrados a sufragar se hallan los de 50 años de edad en adelante, quienes en una reciente encuesta de ARPP y Univisión manifestaron enorme entusiasmo para hacerlo en noviembre. Pero ese segmento suele ser más conservador que el de los votantes jóvenes. Como conservadores suelen ser los cubanoamericanos, quienes también votan por encima del promedio nacional hispano.

Por estas y otras razones sería arriesgado predecir que el voto hispano será contundente y decisivo en noviembre, como naturalmente desean los activistas cívicos latinos y como preferirían los demócratas. Pero tampoco sería razonable descartarlo del todo. La contundencia del voto hispano dependerá, en gran medida, de lo que ha dependido siempre: de la capacidad que tengan los partidos políticos en general y los candidatos en particular de inspirarles para que voten.

Se entiende que los demócratas cifren sus esperanzas en los latinos. Muchos efectivamente se sienten defraudados por la retórica y las acciones de Trump. La mayoría son demócratas o independientes que se inclinan a votar por aspirantes y causas demócratas. Pero, para que lo hagan significativamente en noviembre, tendrán que alinearse diversos factores. Uno determinante sería una estrategia inteligente y creativa por parte del Partido Demócrata que convierta en realidad la promesa tantas veces aplazada de un voto hispano sustancial y decisivo.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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