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La perversa predilección de Trump por los noruegos

“No es fácil saber por qué a Trump le gusta tanto Noruega. La diplomacia noruega es un paradigma de labor discreta y paciente tras bambalinas. Los noruegos también brindan más ayuda exterior per cápita que cualquier otro país del mundo; en gran parte a los "países de mierda" que Trump desprecia”. Read this article in English
Opinión
Exembajador de Estados Unidos en Panamá y analista político de Univision.
2019-06-14T17:05:38-04:00

En la obra Hamlet, de Shakespeare, uno de los personajes ve al fantasma del padre de Hamlet y exclama; "Algo huele a podrido en Dinamarca".

Bueno, justo al norte de Dinamarca, en Noruega, parece que hay algo muy especial... al menos para Donald Trump.

Para sorpresa de todos, excepto de sus más fervientes seguidores, Trump declaró esta semana que no ve ningún problema en recibir, de una nación extranjera, información comprometedora sobre sus rivales políticos. Entre otras citas dignas de mencionar durante su entrevista con ABC News estuvo ésta: "No hay nada de malo en escuchar. Si alguien llamara de un país, Noruega, 'tenemos información sobre tu rival', oh, creo que querría escucharlo".

Recordarán que ésta no es la primera vez que el presidente estadounidense tiene a Noruega en mente. En enero de 2018, durante una reunión en la Oficina Oval con un grupo bipartidista de senadores sobre el tema de la inmigración, el presidente marcó un nuevo punto bajo en la vulgarización del diálogo político estadounidense. Según se informa, se quejó de los migrantes de Haití, El Salvador y otros países "de mierda", y añadió que "deberíamos tener más gente de Noruega".

Entonces, ¿qué tiene la pequeña nación nórdica de cinco millones de habitantes que hace que Donald Trump crea que le gustaría escuchar y –por inferencia– creer lo que los noruegos le contaran sobre sus rivales políticos? Sin mencionar que le gustaría que vivieran en su vecindario como inmigrantes en Estados Unidos.

Antes de pasar a la predilección más bien perversa del presidente por los noruegos, aclaremos una cosa en esta época de hechos alternativos: no hay evidencia que indique que Noruega, su gobierno o su pueblo, harían semejante cosa. Si lo hicieran, sería ilegal que Donald Trump buscara o usara información negativa sobre sus enemigos políticos estadounidenses... así es, Sr. Trump, incluso de Noruega.

El fiscal especial Robert Mueller abordó esta cuestión de esta manera. "Hay argumentos razonables de que la información ofrecida constituiría 'algo valioso' a efectos de las presentes disposiciones". Recibir "algo valioso" de un gobierno extranjero durante una campaña política es ilegal. Aunque Mueller en última instancia "determinó que probablemente el gobierno no obtendría y mantendría una condena ..." el propio director del FBI del presidente Trump, el sucesor seleccionado de James Comey, Christopher Wray, insinuó que el presidente estaría pisando un terreno legal inestable si aceptara dicha información sin reportarla de inmediato al FBI. Cuando se le informó, Trump contestó petulantemente: "El director del FBI está equivocado". No, no lo está, señor presidente. Sencillamente pregúnteles a todos los republicanos que rechazaron sus declaraciones.

Pero volvamos al tema de Noruega.

Aunque quizás le gusta el hecho de que Noruega tiene una monarquía hereditaria, es casi seguro que Trump rechaza la orientación históricamente socialista de la democracia parlamentaria que preside ceremonialmente el actual rey Harald V.

Actualmente dirigida por una coalición de cuatro partidos nominalmente no socialistas, simplemente los nombres de algunos de los partidos en Noruega le provocarían úlceras al presidente estadounidense: el Partido de la Izquierda Socialista, el Partido Verde, el Partido Rojo, el Partido Liberal, el Partido Comunista de Noruega, Iniciativa Feminista... y así sucesivamente. Incluso hay un pequeño partido llamada Partido Pirata, cuya plataforma exige una total transparencia en la administración del estado. Definitivamente no en el país de Trump.

Sin embargo, a pesar del matiz claramente demócrata en su política, de alguna manera Noruega logra calificar sistemáticamente como el país más feliz del mundo. Es, según todo parece indicar, un paraíso para los trabajadores. La Administración Nacional de Trabajo y Bienestar de Noruega administra un tercio del presupuesto nacional –468,000 millones de coronas (58,000 millones de dólares)– mediante prestaciones por desempleo, subsidios de evaluación laboral, prestaciones por enfermedad, pensiones, prestaciones por hijos y prestaciones de dinero por cuidados. El aborto a solicitud hasta la duodécima semana de embarazo y pagado por el estado es legal y no es un tema político que genere polémica.

Una vez más, nada que el presidente estadounidense apoyaría o profesaría admirar.

La diplomacia noruega es un paradigma de labor discreta y paciente tras bambalinas, realizada por expertos en la materia como Jan Egeland y Dag Nylander (@RealDonaldTrump: ¿¿¿Quiénes???). Ellos y otros diplomáticos noruegos han sido clave para solucionar crisis en el Medio Oriente, Colombia, Timor Oriental y en África. El Consejo Noruego para los Refugiados se encuentra entre los proveedores de servicios humanitarios más respetados y salvan vidas en muchos de los llamados "países de mierda" de Trump.

Los noruegos dan más ayuda exterior per cápita que cualquier otra nación del mundo, y solo miren a dónde se dirige, según la agencia gubernamental de cooperación para el desarrollo: La cooperación noruega para el desarrollo se enfoca en los países en desarrollo de los cinco continentes. Se les presta especial atención a los países y estados africanos que están saliendo de conflictos. Las áreas prioritarias de la cooperación noruega para el desarrollo son las siguientes: cambio climático, medio ambiente y desarrollo sostenible, consolidación de la paz, derechos humanos y asistencia humanitaria, petróleo y energía limpia, mujeres e igualdad de género, buena gobernanza y lucha contra la corrupción ...

Casi se puede ver al presidente estadounidense tapándose los oídos y gritando "¡YA BASTA!" ... y luego tuiteando de forma despectiva "PERDEDORES". ¡¡¡¡NO CON EL DINERO DE MIS IMPUESTOS!!!!

Por otro lado, el rey noruego está exento del pago de impuestos y no está obligado a revelar públicamente su patrimonio personal, una política pública que seguramente recibiría la aprobación del ciudadano presidente Trump. Y quizás quiera ganarse el favor del Comité del Premio Nobel, aunque desestima las menciones sobre recibir un Premio Nobel con cierta modestia, lo cual hace sospechar que codicia secretamente el que está en la repisa de la chimenea del expresidente Obama.

Todo lo anterior deja a uno, bueno ... pues, confundido. Trump usa repetidamente a Noruega y a los noruegos como puntos de comparación positivos. Esto es algo más que una coincidencia. Sin embargo, una breve revisión de lo que hace de Noruega un país tan exitoso revela un pueblo diametralmente opuesto al espíritu de todo lo que Trump alega representar.

Entonces, ¿cuál es la verdad? ¿Podría ser que los noruegos son blancos y hayan sido tradicionalmente una población étnica heterogénea? Como dirían mis amigos latinos, 'eso es una pregunta'.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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