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La nueva bomba de James Comey

“El director del FBI confirmó que investiga el contubernio entre la campaña presidencial de Trump y Moscú, bomba parecida a la que le arrojó a Hillary Clinton en octubre”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2017-03-21T15:26:38-04:00

El testimonio este lunes del director del FBI James Comey y de Mike Rogers, jefe de la Agencia Nacional de Seguridad, fue un momento extraordinario en la era moderna de la política estadounidense. De un solo golpe reveló hasta qué punto la presidencia de Donald Trump es una catástrofe para Estados Unidos y sus aliados democráticos. Los dos jefes de inteligencia dejaron bien claro que el gobierno autocrático de Vladimir Putin interfirió en nuestras elecciones presidenciales para perjudicar a una candidata, Hillary Clinton, y para que los estadounidenses eligieran a su rival, Donald Trump. Comey a su vez confirmó que investiga el contubernio entre la campaña presidencial de Trump y Moscú, bomba parecida a la que le arrojó a Clinton en octubre. También se hizo patéticamente manifiesto que legisladores republicanos claves están decididos a encubrir lo ocurrido con tal de proteger al ejecutivo y evitar que los estadounidenses conozcamos toda la verdad. Prefieren eso a defender la integridad y la soberanía del país.

Miembros republicanos de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes acudieron a la audiencia pertrechados de preguntas y declaraciones cuidadosamente calculadas para restar importancia a las graves transgresiones de la campaña de Trump. El presidente de la comisión Devin Nunes, por ejemplo, declaró: “no hay evidencia de que los actores cibernéticos de Rusia cambiaron el conteo de votos”. Pero eso es irrelevante. Nadie ha formulado esa acusación. Nunes dijo luego a periodistas que no conoce a protagonistas importantes del Russiagate, como Roger Stone y Carter Page, exasesores de Trump. Su colega tejano, K. Michael Conaway, cuestionó la declaración de Comey de que “(Vladimir) Putin odiaba tanto a la Secretaria (de Estado) Clinton que la otra cara de la moneda era que él tenía una clara preferencia por la persona que aspiraba en contra de ella”. “Esa lógica podría funcionar los sábados por la tarde cuando los Red Raiders de mi esposa juegan con los Texas Longhorns”, dijo Conaway con desparpajo. La moraleja es evidente: no se puede confiar en que los republicanos del Congreso investigarán con seriedad y a fondo la probable complicidad entre el equipo de Trump y los rusos de Putin.

La audiencia dañó irreparablemente la credibilidad de Trump y de su gobierno. Tanto Comey como Rogers desmintieron las falsas versiones del mandatario y sus asesores de que el expresidente Barack Obama había espiado las conversaciones telefónicas en su cuartel general del Trump Tower. Comey fue contundente e inequívoco al rechazar la denuncia que Trump originalmente hiciera en tuits publicados hace unos días. “No tengo información”, declaró el director del FBI, “que respalde esos tuits. Y la hemos buscado meticulosamente en el FBI”. Como de costumbre, Trump ha rehusado reconocer que se inventó la absurda acusación, probablemente para desviar la atención de la prensa y del público norteamericano de las investigaciones sobre sus alarmantes vínculos con el régimen ruso.

Pero el golpe más severo que recibieron Trump y sus secuaces durante la audiencia fue la confirmación por parte de Comey de que el FBI investiga si la campaña del entonces candidato republicano coordinó con los rusos para manipular la contienda presidencial de 2016. “Puedo prometerles que seguiremos los hechos conduzcan a donde conduzcan”, manifestó Comey con palabras que deben de haber retumbado como una amenaza en los oídos de Trump y los implicados en el Russiagate. La revelación intensificará la guerra entre el gobierno y nuestros servicios de inteligencia. El presidente y sus allegados se dedicarán como nunca a tratar de borrar las huellas de sus nexos con Moscú. Y los legisladores republicanos, con honrosas excepciones, ensayarán nuevas estrategias para encubrir los hechos que, por el camino que llevan, conducirían o bien a la renuncia forzosa de Trump –a la Nixon– o bien a su destitución.

Mientras en Washington se desarrolla este drama, el mundo libre y democrático contempla con perplejidad las consecuencias de las inconfesables relaciones entre Trump, su equipo y los rusos. No pasa una semana en la que no trascienda información sobre los pagos que recibieron exmiembros de la campaña del presidente de entidades del régimen ruso o de sus aliados en Ucrania. Tanto Trump como miembros de su gabinete a menudo muestran hostilidad hacia nuestros principales aliados, algo que seguramente deleita a Putin. Los acusan de intercambios comerciales desventajosos para Estados Unidos y de no hacer el debido aporte a la ONU ni a la OTAN, entre otras cosas. Este martes trascendió que el secretario de estado, Rex Tillerson, prefiere saltarse lo que sería su primer encuentro con sus colegas de la OTAN en abril pero, en cambio, viajará a Moscú, una capital que conoce demasiado bien. Exxon Mobile, la empresa petrolera que dirigiera durante más de una década, tiene un millón de millones de dólares trabados por las sanciones que el gobierno de Obama impuso a Rusia, lo que alienta las suspicacias de que Tillerson sería otra figura importante en el Russiagate.

Desde el principio, la elección de un personaje de dudosas reputación y trayectoria como Trump tenía visos de catástrofe para nuestro país y sus amigos democráticos. La audiencia del lunes nos dio apenas un atisbo de lo que podría ser el alcance de esa catástrofe.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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