La investigación del Rusiagate avanza hacia arriba

“La investigación independiente que realiza el fiscal especial, Robert Mueller, aumenta cada semana en credibilidad e importancia”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-02-27T12:35:13-05:00

Este martes Hope Hicks, estrecha colaboradora del Presidente Trump, testifica a puerta cerrada ante la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes. Ese panel y su equivalente en el Senado no han desistido formalmente de investigar la trama rusa. Pero en la práctica el sectarismo político ha convertido la labor de ambos en una pérdida de tiempo y de recursos. A lo sumo, sus respectivas pesquisas sirven para que se filtren a la prensa suficientes detalles como para que los estadounidenses puedan calibrar la gravedad de la injerencia rusa en nuestras elecciones de 2016 y las acciones turbias e ilegales de miembros de la campaña presidencial de Donald Trump.

Por contraste, la investigación independiente que realiza el fiscal especial, Robert Mueller, aumenta cada semana en credibilidad e importancia. En casi un año de averiguaciones, Mueller ha procesado ya a 19 personas, seis estadounidenses y 13 rusos. Los cargos que les ha imputado van desde conspiración para interferir ilegalmente en la campaña presidencial de Estados Unidos, robo de identidad y fraude –en el caso específico de los rusos– hasta conspiración, lavado de dinero, perjurio, evasión de impuestos y fraude bancario en el caso de los estadounidenses. Cinco de estos últimos se han declarado culpables de diversos delitos y encaran años de prisión y multas millonarias.

Mueller y sus asistentes, entre los que abundan los fiscales con experiencia investigativa, trabajan con tesón y firmeza para deshacer la intrincada madeja de acciones mafiosas perpetradas por integrantes de la campaña de Trump. Su modus operandi sugiere que investigan de abajo hacia arriba, identificando las transgresiones de protagonistas relativamente menores de la trama rusa, confrontándoles con evidencias y testimonios incriminatorios y exigiéndoles luego que colaboren en la investigación de peces más gordos. Los cinco estadounidenses que han confesado sus delitos ayudan ya en “todos los asuntos” relativos a la investigación, según consta en los encausamientos sometidos a cortes federales de Washington y Virginia.

Solo el trumpista de más alto rango entre los procesados ha rehusado admitir su responsabilidad. Paul Manafort, quien presidiera la campaña de Trump durante algunos meses, defiende su inocencia y expresó decepción porque su socio de negocios y segundo a bordo en la campaña, Robert Gates, se declaró culpable la semana pasada. Se entiende su decepción. Todo indica que Mueller planea usar la colaboración de Gates para resquebrajarle. Manafort es muy vulnerable.

Se sospecha que el antiguo militante republicano hizo negocios turbios al servicio de un político ucraniano que en realidad era un títere de Vladimir Putin. Desde hace meses Mueller le presentó cargos de conspirar contra Estados Unidos, actuar de manera ilegal como agente de gobiernos extranjeros, lavar dinero y mentir al FBI; y le acaba de añadir acusaciones adicionales por haber utilizado cuentas ocultas en paraísos fiscales para pagarles más de dos millones de euros a políticos europeos a cambio de que cabildearan a favor de Ucrania.

La ofensiva de Mueller contra Manafort en realidad apunta hacia más arriba, hacia el círculo íntimo del Presidente Trump y puede que hacia el mandatario mismo. A excepción de sus hijos y de su yerno Jared Kushner, pocas personas ocuparon puestos más altos y de mayor confianza en la campaña presidencial de Trump. Por sus viejas conexiones con Putin, Manafort pudo haber sido figura clave en cualquier contubernio entre la campaña y el Kremlin. Asistió a la reunión en el Trump Tower con una abogada conectada con Putin, en la cual también participaron Donald Trump Jr. y Kushner. Durante ese famoso encuentro, Natalia Veselnitskaya le ofreció al equipo de Trump “datos sucios” sobre la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton. Con característica mendacidad, el hijo del presidente declaró que Manafort se había limitado a “mirar su teléfono móvil” durante la sesión. Pero recientemente se informó que había tomado apuntes. Los investigadores al parecer le exigen a Manafort que les entregue esos apuntes potencialmente reveladores.

En la trama rusa, el camino investigativo hacia Trump y sus principales asesores durante la campaña pasa forzosamente por Gates y Manafort. De ahí la importancia extraordinaria de que Mueller haya logrado la cooperación de Gates. Como miembros claves de la campaña –Manafort la dirigió un tiempo, Gates permaneció en ella hasta el final– ambos hombres pueden aclarar dudas pendientes sobre si hubo contactos entre los saboteadores rusos y los miembros de la campaña. Y en caso de que los haya habido, también podrían responder a la pregunta fundamental de si Trump estuvo al tanto de esos contactos, si los aprobó o si, a sabiendas, procuró beneficiarse políticamente de ellos.

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