La intervención del gobierno en el comercio internacional también puede ser mala para los consumidores

“Es importante que los funcionarios en Washington establezcan políticas comerciales que promuevan los principios del libre mercado, ya que estos son beneficiosos tanto para los productores como para los consumidores”.
Opinión
Director de La Iniciativa Libre.
2018-05-17T15:33:51-04:00

"¿Alguna vez te paraste a pensar que no puedes irte a trabajar por la mañana sin depender de la mayor parte del mundo? Te levantas por la mañana, vas al baño y buscas una esponja, que te la entrega un isleño del Pacífico. Buscas el jabón y te lo entregan las manos de un francés. Y luego vas a la cocina a tomarte un café y un sudamericano te lo vierte en la taza. O tal vez prefieras un té: un chino te lo sirve en tu taza. O tal vez estés deseoso de tomarte un chocolate caliente y un africano occidental te lo sirve en tu taza. Y luego te estiras para tomar tu tostada y te la entrega un granjero de habla inglesa, para no mencionar al panadero. Y antes de que hayas terminado el desayuno esa mañana, has dependido de más de la mitad del mundo. Ésta es la forma en la que nuestro universo está estructurado; esta es su interconectada naturaleza". — Martin Luther King Jr.


Todos entendemos que, llegado a un punto, emerge una disyuntiva entre la intervención del gobierno y una economía saludable. Ciertos impuestos y regulaciones son esenciales, pero si los impuestos son demasiado onerosos a las familias les empiezan a faltar los ingresos que necesitan para sobrevivir y construirse un futuro. Cuando la regulación prolifera, a los empresarios les resulta imposible abrir negocios y hacerlos crecer. Una de las funciones más importantes de nuestro gobierno es garantizar que la intromisión gubernamental en la economía no vaya más allá de lo necesario para poder cumplir con su misión pública.

No es de extrañar que la excesiva intervención del gobierno –en forma de impuestos y regulación– también perjudique el comercio internacional. Cuando los gobiernos extranjeros cierran sus mercados a las exportaciones de Estados Unidos, les están negando a nuestras empresas la posibilidad de crecer. Pero también les están negando a sus propios pueblos el acceso a productos de calidad a precios competitivos. De manera similar, cuando el gobierno de Estados Unidos dificulta la venta de productos extranjeros en nuestro territorio, está negando a los consumidores americanos la posibilidad de elegir buenos productos a precios competitivos.

Es importante que los funcionarios en Washington establezcan políticas comerciales que promuevan los principios del libre mercado, ya que estos son beneficiosos tanto para los productores como para los consumidores. El interés de los productores es claro: cada vez que una nación extranjera usa impuestos o reglas arcanas para evitar que su pueblo compre bienes importados, perjudica el crecimiento del empleo aquí. Si una empresa estadounidense no tiene la oportunidad de vender sus productos en el exterior, eso se traduce en menores ventas, menor productividad y menos contratación laboral. Las empresas están menos interesadas en invertir y expandir. Todos pierden.

Pero subir el precio de las importaciones también perjudica a nuestra economía. Las empresas de Estados Unidos son más competitivas cuando pueden mantener costos bajos. Por ejemplo, los fabricantes de automóviles, así como otros fabricantes, mantienen su competitividad al comprar acero y otras materias primas a precios bajos. Venden más –y por lo tanto contratan a más estadounidenses– porque pueden mantener sus costos bajos y pasar esos precios más bajos a los consumidores. Cuando el gobierno interviene y sube el precio de los bienes mediante la imposición de aranceles, las empresas de diversas industrias pueden verse obligadas a despedir trabajadores o a subir precios. Ambas acciones son perjudiciales para nuestra economía.

Los hogares también se benefician con la eliminación de barreras comerciales. Hasta no hace mucho tiempo la disponibilidad para adquirir muchos productos agrícolas se reducía a la época de "temporada" en Estados Unidos. Ahora, gracias al comercio internacional, están disponibles todo el año. Muchas de las necesidades básicas de nuestros hogares –productos de papel, muebles, ropa y otros artículos– son cosas que vienen del extranjero pero la gente las compra aquí. Eso nos deja más dinero para todo lo demás. Al comprar productos importados para cubrir algunas de nuestras necesidades, acabamos ahorrando dinero que podemos usar para gastar en productos fabricados aquí en Estados Unidos. Eso significa que nuestros dólares nos duran más.

En Washington se habla mucho hoy sobre cómo mejorar los términos en los que Estados Unidos comercia. Los legisladores prometen que los consumidores saldrán beneficiados o que lucharán contra los países que tratan injustamente a las empresas estadounidenses. Pero en medio de todas esas promesas y amenazas, la prueba del éxito debería ser la misma: ¿Estamos reduciendo el papel del gobierno y eliminando las barreras a las oportunidades? ¿Son los impuestos al comercio más bajos y la regulación más llevadera? Porque cuanto más entorpezca el gobierno la toma de decisiones de la gente, peor estaremos. Ya sea que el costo se traduzca en impuestos (o aranceles) que cohíban el comercio o en regulación que impida las compras o las ventas, en líneas generales acabamos todos más empobrecidos.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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