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La corrupción es la esclavitud moderna

“Medio milenio después de la brutal conquista de América por parte de los europeos, se ha prohibido y erradicado la práctica de la esclavitud. En su lugar, las prácticas de esclavitud y deshumanización de la corrupción oficial se han vuelto pandémicas, separando una vez más a quienes tienen de quienes no tienen. Es hora de cambiar las actitudes culturales y erradicar esta forma perniciosa de esclavitud moderna”.
Opinión
Exembajador de EEUU en Panamá y analista político de Univision.
2019-04-19T11:02:44-04:00

Esta semana, el dos veces presidente del Perú Alan García se disparó en la cabeza en lugar de enfrentar la ignominia de un juicio público por acusaciones de haber aceptado sobornos en el escándalo de magnitud hemisférica de Odebrecht.

En Guatemala, el ex presidente Otto Pérez Molina, su vicepresidente y más de dos decenas de funcionarios de su gobierno están acusados de un plan de enriquecimiento ilícito masivo que involucra al Servicio de Aduanas de Guatemala.

En Panamá, el expresidente Ricardo Martinelli está siendo enjuiciado por espionaje ilegal contra adversarios políticos. También se alega que Martinelli robó cientos de millones de dólares de la tesorería panameña en una multitud de casos de corrupción relacionados con grandes proyectos de infraestructura.

En Brasil, el ex presidente Lula cumple una condena de doce años de prisión por sus prácticas corruptas en el escándalo de Lava Jato. Su sucesora, Dilma Rousseff, fue destituida de su cargo no por apropiarse de fondos públicos, sino por enviarlos deliberada e ilegalmente a cuentas de servicios sociales para aumentar sus posibilidades de reelección.

La ex presidenta argentina, Cristina Kirschner, actualmente senadora, se esconde del arresto detrás de su inmunidad parlamentaria, mientras que la fiscalía la investiga por recibir presuntamente sobornos de empresas de construcción locales.

En el ejemplo más descarado de corrupción hemisférica y saqueo generalizado de una tesorería pública, el régimen inconstitucional de Maduro en Venezuela es poco más que un contubernio criminal narco-petrolero que se hace pasar por un régimen gubernamental que viola los derechos humanos.

Lamentablemente, la lista incluye ex líderes y altos funcionarios de México, Honduras, El Salvador, Colombia, Chile, Ecuador y la cleptocracia sancionada por Estados Unidos que es el régimen de Ortega en Nicaragua.

Incluso para los observadores más casuales, la corrupción oficial es una pandemia hemisférica que engaña a los contribuyentes y enriquece enormemente a los gobernantes a costa de muchos que trabajan arduamente. Ya es hora de que diagnostiquemos este cáncer correctamente y que las sociedades latinoamericanas tomen las medidas correctivas necesarias para cambiar sus leyes... y sus culturas... para prohibir y acabar con la corrupción como lo hicieron una vez con la esclavitud.

Desafortunadamente, la administración Trump ha optado por politizar sus puntos de vista sobre la corrupción pública en América Latina. Sanciona a los autoproclamados socialistas y gobiernos de izquierda, pero permanece en silencio evidente sobre los líderes corruptos acusados y los gobiernos que provienen de un fondo ideológico de centro-derecha o conservador. No dice nada sobre la amañada elección presidencial hondureña o las acusaciones generalizadas de que el presidente saliente de Panamá está organizando una venta de liquidación de los proyectos de infraestructura del país con sus nuevos mejores amigos de Beijing.

El mismo día en que Alan García se quitó la vida, el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton lanzó en Miami una dura crítica contra el régimen comunista y totalitario en La Habana y los regímenes socialistas en Caracas y Managua. En el contexto del 58º aniversario de la fallida invasión de combatientes irregulares respaldados por la CIA en Bahía de Cochinos, Bolton atacó laTroika de la Tiranía por su orientación ideológica. Es justo. Pero apenas mencionó la verdadera filosofía operativa de los tres regímenes: son autoritarios putrefactos y corruptos que devoran de los frutos de las arcas públicas, mientras que les niegan a sus pueblos los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Calificar un sistema político fallido del siglo XX como el principal culpable es el diagnóstico erróneo.

Para empezar, Cuba, Venezuela y Nicaragua son cualquier cosa menos estados socialistas que se parezcan al socialismo democrático escandinavo o de Europa occidental. Para llegar tanto a sus partidarios domésticos en Estados Unidos como a una audiencia regional a través del lenguaje codificado del antisocialismo, Bolton no reconoció que esos regímenes no han empobrecido a sus pueblos porque son comunistas o socialistas. Más bien, han creado una brecha mayor entre quienes tienen y quienes no tienen debido a la corrupción desenfrenada en todos los dirigentes de esos tres países.

Sin duda, aunque la familia Castro y el santuario íntimo no muestran la misma ostentación que sus socios corruptos y criminales, aún pueden comer langosta y alimentos importados con regularidad y disfrutar de las ventajas dignas de millonarios mientras el resto de la población come carne una vez a la semana y se pasa todo el tiempo tratando de 'resolver'.

Mientras honraba a unos cuantos valientes cubano-estadounidenses que intentaron valerosamente derrotar al incipiente régimen de Castro por la fuerza de las armas, pero quedaron atrapados y sin cobertura aérea de los yanquis, Bolton debió haber ofrecido un mejor diagnóstico de Cuba y de la región: la corrupción es la nueva esclavitud, ya sea en forma de gobierno autoritario en La Habana o gobierno democrático en Perú. Estados Unidos debería enfocarse en ese aspecto del empobrecimiento y el robo regionales, no en una desacreditada filosofía de calcomanías basada en Karl Marx o en Vladimir Lenin.

Para quienes prefieren ver el vaso medio lleno, hay motivos para el optimismo en esta lucha. El valeroso poder judicial en Brasil que investigó minuciosamente el caso Odebrecht. El Distrito Sur de Nueva York que enjuició el caso mundial de la FIFA. En México, un nuevo presidente con tendencias presuntamente "socialistas" fue elegido, en parte, porque es personalmente abstemio y célebremente libre de corrupción. Aunque puede dañar la calificación crediticia de México y ahuyentar la inversión extranjera, si cuando AMLO deje el cargo dentro de cinco años y medio aún maneja un Volkswagen Jetta y vive en el mismo departamento de clase media, demostrará que los líderes, independientemente de la filosofía política, son capaces de resistir los cantos de sirenas de la corrupción.

Finalmente, en Panamá, el candidato presidencial independiente Ricardo Lombana parece estar desafiando las predicciones de los encuestadores y está generando entusiasmo electoral entre un cuerpo social indignado por el legado de líderes corruptos en Panamá. El aumento de la popularidad de Lombana, testimonio de la biografía limpia, es también un genuino clamor por el cambio de los votantes hartos de la esclavitud moderna de la corrupción y el soborno.

Estados Unidos no es inmune a la corrupción en el sector público. Sin embargo, está innegablemente mejor preparado para controlarla mediante mecanismos de investigación interna y transparencia. Podría fomentar significativamente la causa de la lucha contra la corrupción si mostrara su disgusto y rechazo a los líderes conservadores de derecha o centro-derecha y sus gobiernos que son "amigos", pero que también son corruptos. Lamentablemente, Bolton y otros prefieren repetir los grandes éxitos de la antigua amenaza comunista de la Guerra Fría, que hace mucho dejó de ser dueña y señora de la represión, y que ha sido sustituida por la corrupción como la verdadera esclavizadora de los pueblos americanos.

* Dedicado a Miroslava Herrera, una verdadera patriota y activista contra la esclavitud.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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