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La barbarie disfrazada de defensa de la vida

“El aborto es una práctica sumamente delicada que plantea serios retos morales porque invariablemente enfrenta a la mujer al dilema de escoger entre su integridad física, su salud, su bienestar y su propia vida y una vida humana potencial, la del cigoto o la del feto”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-05-20T12:28:18-04:00

Por si hubiera alguna duda de que las grandes conquistas morales, sociales y políticas nunca cesan de ser vulnerables, una docena de estados gobernados por republicanos están asaltando el derecho de la mujer a elegir si desea o no someterse a un aborto. Se trata de un asalto fríamente calculado y motivado por el afán de extremistas políticos y religiosos de elevar de nueva cuenta el tema del aborto a la Corte Suprema, como se ha dicho a menudo en estos días. Los asaltantes quieren que el Supremo, actualmente dominado por conservadores, reconsidere Roe Vs. Wade, la decisión judicial que facilitó la despenalización de diversas modalidades de aborto en 1973. Pero también se trata de un nuevo zarpazo por parte de los extremistas para retrasar el reloj del progreso moral que confirió a la mujer, al cabo de infinitas y costosas luchas contra el chauvinismo, la ignorancia y la superstición, el derecho a elegir.

El aborto es una práctica sumamente delicada que plantea serios retos morales porque invariablemente enfrenta a la mujer al dilema de escoger entre su integridad física, su salud, su bienestar y su propia vida y una vida humana potencial, la del cigoto o la del feto. Nada justifica una actitud deportiva o ligera hacia el aborto, aunque sabemos que también hay personas, hombres y mujeres, que, lamentablemente, así lo tratan. Pero la práctica en sí no equivale al asesinato en masa de personas, como alegan sus críticos ofuscados. Ni mucho menos justifica su penalización y persecución, las cuales solo contribuyen a poner en peligro vidas de mujeres y niñas y a convertir gratuitamente en delincuentes a profesionales de la salud, como sucedía en los tiempos de Maricastaña y como todavía sucede en sociedades donde prevalecen las fobias y prohibiciones medievales.

Una de esas prohibiciones medievales es, precisamente, la que el otro día adoptaron los gobernantes republicanos de Alabama, al prohibir el aborto en toda circunstancia excepto cuando se halla ostensiblemente en peligro la vida de la madre. Vedado quedó en Alabama el aborto en los casos de violación sexual e incesto, lo que significa que un padre descarriado podría embarazar a una hija menor de edad y ésta se vería obligada a alumbrar a la criatura. Otros estados gobernados por republicanos han prohibido el aborto a las seis semanas de embarazo, cuando algunas mujeres ni siquiera saben que se hallan encintas, o en los casos en que “se sienten los primeros latidos del feto”, sin reparar en las diferencias entre latidos del corazón y del pulso. Estas y otras leyes draconianas imparten castigos radicales de decenas de años de prisión para los médicos y otros profesionales que realicen o asistan en los abortos.

Es la barbarie disfrazada de defensa de la vida humana. Y ha resurgido con nuevos bríos por hubris, es decir, la típica arrogancia de personas que creen haber conquistado suficiente poder como para saltarse las leyes y reglas de la convivencia civilizada y aplastar a sus adversarios políticos o simplemente a quienes piensan de otra manera sobre algo tan complejo como el aborto.

En lugar de perseguir ciega y vengativamente a mujeres y profesionales de la salud por practicar el aborto, los defensores consecuentes de la vida humana deberían esforzarse por ampliar la educación pública de manera que las candidatas a madre conozcan mejor las alternativas que tienen al aborto de criaturas potencialmente humanas, la importancia fundamental de tomar decisiones debidamente informadas por médicos y discutidas con sus familiares o guías espirituales y las diversas maneras de protegerse de embarazos no deseados. Un inteligente esfuerzo educativo e informativo beneficiaría particularmente a mujeres afroamericanas, quienes en 2017 tenían una tasa abortiva de 27 por cada 1,000 y a hispanas, cuya tasa abortiva era de 18 por cada 1,000, las dos mas altas del país, según datos del Instituto Guttmacher.

Científicos y filósofos, entre otros académicos, investigan y discuten ad nauseamsi un feto califica o no como una persona potencialmente moral y si deberíamos tratarlo como algo sacrosanto. Un contraargumento habitual es que la humanidad se habría ahorrado grandes males y sufrimientos si de fetos no hubiera pasado energúmenos como Hitler, Stalin, Mao y Fidel Castro. Sea como fuere, incluso considerando al feto una persona potencialmente moral, se justificaría su prudente eliminación en los casos en que la madre corre peligro mortal, el embarazo de la madre derivó de acciones perversas de una tercera persona o su nacimiento defectuoso lo condenaría a una vida de abrumadores sufrimiento y dolor. Son situaciones extremas cuya consideración requiere información, aprendizaje y diálogo, pero nunca acoso ni criminalización, como hoy pretenden prescribir una docena de estados conservadores.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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