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Jorge Castañeda: La reforma energética de México cuestionada

Jorge Castañeda: La reforma energética de México cuestionada

Para el analista, transformar a Pemex depende de una reforma energética que deberá posponerse

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Por Jorge Castañeda ( @JorgeGCastaneda ), político, intelectual y comentarista, ex Secretario de Relaciones Exteriores de México

El desplome del precio del petróleo ha afectado a muchos países y en general a México de varias maneras. Obviamente tiene un impacto directo sobre las finanzas públicas mexicanas, a pesar de las coberturas de seguro compradas con oportunidad y destreza en esta y en tantas otras ocasiones por los funcionarios de Hacienda.

También incide en la balanza comercial: aunque el petróleo ya no es lo que era en las exportaciones de México, la caída de volumen y de precio del crudo sí afecta las cuentas externas. Y desde luego el derrumbe daña enormemente a PEMEX, la empresa estatal monopólica cuyas finanzas como empresa hoy se ven mermadas por una caída brutal de sus ingresos.

Pero quizás el impacto más serio del desplome de los precios para México radique en su significado para la reforma energética del Presidente Enrique Peña Nieto, la cual, como se sabe, abrió la inversión privada nacional y extranjera en hidrocarburos. Para comprenderlo, conviene abrir dos paréntesis.

El primero es que en 2013 el gobierno de Peña Nieto tomó una decisión estratégica y probablemente muy consciente y ponderada de buscar esa inversión privada nacional y extranjera en yacimientos mexicanos, solos o con PEMEX, pero no en PEMEX. A diferencia de lo que muchos propusimos desde el 2009, a saber, la salida de PEMEX a la Bolsa de Valores, optaron por buscar la reforma de PEMEX cambiando el entorno en el que opera, no el funcionamiento interno de la paraestatal.

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Creo que esta decisión se tomó por dos motivos: uno, el bajo valor de los activos de PEMEX en aquel momento, evaluación probablemente acertada, pero que no previó que tres años después ese valor sería infinitamente menor; y para no abrir el flanco a la crítica de la “privatización” de PEMEX, la venta de una parte minoritaria de las acciones de PEMEX en la bolsa mexicana y de Nueva York hubiera efectivamente significado una privatización de la empresa, no solo autorizar la inversión extranjera en hidrocarburos en México.

El problema con esta decisión es que hacía depender la transformación de PEMEX de la transformación de su entorno, y esa transformación depende del éxito de la reforma energética. Ese éxito hoy se encuentra severamente cuestionado.

Todo indica que por la caída de los precios el gobierno de Peña Nieto se verá obligado a posponer por lo menos hasta 2017 la Fase 4 de la ronda Uno de licitaciones; es decir, la que abarca posibles yacimientos en aguas profundas. Los recortes inmensos de gastos de inversión de las grandes empresas petroleras en el mundo significan que probablemente haya escaso interés a estos precios por iniciar enormes inversiones en México, aún si las condiciones jurídicas fueran ideales (que no lo son necesariamente). Posponer la Fase 4 significa posponer la reforma energética, lo cual significa posponer la reforma de Pemex.

El segundo paréntesis tiene que ver con lo que informó la revista The Economist en su número del 9 de enero a propósito de la intención de Arabia Saudita de lanzar una IPO u Oferta Inicial Pública de Acciones de Aramco, la empresa petrolera más grande del mundo. Fue nacionalizada por los saudís desde los años ochenta; la renta de un pequeño paquete de acciones les permitiría recaudar más de 100 mil millones de dólares en la bolsa de Riad, o en su caso de Londres o Nueva York.

Esta decisión no está tomada, pero según la revista, se antoja cada día más probable. Aparentemente, ante la caída del precio Arabia Saudita sí se atreve a salir a las bolsas de valores, sobre todo para mejorar sus finanzas, pero también para modernizar la empresa, restarle opacidad, darle transparencia, rendición de cuentas y mejores prácticas internacionales.

México y PEMEX no lo hicieron cuando se podía, aunque en condiciones para nada idóneas. Ahora para transformar a Pemex se depende de una reforma energética que aparentemente será pospuesta uno o dos años, por lo menos. Son las consecuencias del entorno internacional y del conservadurismo interno.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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