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Incompetencia maliciosa

"Ahora la doctora Birx pretende curarse en salud. Le dijo a CNN que fue imposible salvar a las primeras 100,000 personas que murieron de covid-19. Pero reconoció que 'el resto de (las pérdidas humanas) se pudieron haber mitigado o reducido de forma sustancial' si el gobierno de Trump hubiera manejado bien la respuesta a la pandemia".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2021-03-29T15:47:11-04:00
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El doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Enfermedades Infecciosas y Alérgicas, asiste a una conferencia de prensa de la comisión presidencial para responder al coronavirus, el 10 de abril del 2020 en la Casa Blanca. Crédito: Alex Wong/Getty Images

No es un secreto que, a los hombres fuertes providenciales, esos que fundan tiranías para compensar por sus frágiles egos, suelen pegárseles trepadores y oportunistas de todo pelaje. No podrían cometer sus atropellos sin una buena dotación de cómplices, el perraje que abunda en cualquier comunidad humana. Lo mismo va para los autócratas que fracasan en el vil intento de adueñarse del poder. Como Donald Trump. Por eso es saludable hacer el post mortem de sus fallidos reinados, saber quién fue quién, quién hizo qué y quién dejó de hacer lo que debía ya fuera por incompetencia, miedo o simple y llana cobardía moral.

Es lo que se impone hacer con los médicos que tenían a su cargo la lucha contra la pandemia durante el año pasado, el último y el más desastroso del régimen trumpista. En un programa especial titulado ' Covid War: The Pandemic Doctors Speak Out', la cadena CNN reabrió el debate sobre la discutible actuación de esos médicos.

Con diversos grados de responsabilidad, algunos guardaron silencio mientras Trump y sus asesores de gobierno politizaban el manejo de la pandemia, mentían como bribones sobre su alcance y gravedad y ponían en peligro la salud y la vida de millones de estadounidenses. Varios incluso hicieron el juego a las temerarias payasadas del presidente descarriado a medida que éste recurría a su mitomanía para promover curas apócrifas y falsas esperanzas.

Con la posible excepción del doctor Anthony Fauci, los principales médicos del gobierno durante el primer año de pandemia callaron mientras Trump y sus lugartenientes desinformaban al público. Algunos corroboraron sus mentiras sobre el virus y sus posibles efectos.

Fue el caso de la doctora Deborah Birx, directora de la campaña contra el covid-19 en la Casa Blanca. El 27 de marzo del año pasado, Birx tuvo la gandinga de elogiar el manejo que hacía Trump de “los datos” científicos sobre el coronavirus. El seis y el 16 de abril repitió la falsa versión del autócrata de que había un “bajo nivel de casos” en 40 por ciento del territorio nacional, sin aclarar que se refería a 19 estados rurales donde vive apenas el siete por ciento de la población. Y es imposible olvidar cómo hizo mutis cuando Trump, en un escalofriante remedo de Fidel Castro y Hugo Chávez, defendió por televisión la posibilidad de inyectarse desinfectante para “noquear” el virus.

Ahora la doctora Birx pretende curarse en salud. Le dijo a CNN que fue imposible salvar a las primeras 100,000 personas que murieron de covid-19. Pero reconoció que “el resto de (las pérdidas humanas) se pudieron haber mitigado o reducido de forma sustancial” si el gobierno de Trump hubiera manejado bien la respuesta a la pandemia.

¿Por qué los estadounidenses nunca supimos cómo pensaba realmente la doctora Birx mientras nuestros familiares, amigos y compañeros de trabajo sucumbían al coronavirus? Su respuesta es que “aquellos que han servido en las fuerzas armadas saben que hay discusiones que se tienen en privado con los jefes militares y discusiones que son en público”. Una respuesta patética y autocomplaciente que no repara en que la salud de la población es una responsabilidad fundamental de todo gobierno y se debe discutir siempre con integridad y transparencia.

Por el programa de CNN, amablemente conducido por su especialista médico Sanjay Gupta, desfilaron también el doctor Robert Redfield, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades; el doctor Stephen Hahn, exjefe de Agencia Federal de Alimentos y Medicinas; el doctor Robert Kadlec, exfuncionario del Departamento de Servicios Humanos y de Salud, entre otros. A todos evidentemente los motivaba el deseo de esclarecer la catástrofe humanitaria que presenciaron desde sus respectivos cargos, limpiar su maltrecha reputación profesional y personal y tomar distancia de la maliciosa incompetencia de quien fuera su jefe atrabiliario, Donald Trump.

Pero el programa de CNN fue apenas un abreboca de lo que debería ser la indagación del mal manejo de la pandemia que hizo el gobierno trumpista. El Congreso debería considerarlo un punto de partida para realizar audiencias que pongan de relieve la magnitud del desastre y ayuden a trazar estrategias eficaces para afrontar futuros desafíos sanitarios, incluyendo pandemias.

Dada la inevitable politización del tema, y teniendo en cuenta el sectarismo que aqueja al Congreso, el presidente Biden debería nombrar una comisión de la verdad, integrada por profesionales independientes, para estudiar a fondo cuál fue el origen de la pandemia, cómo y por qué se propagó tan perniciosamente en Estados Unidos, qué pudo hacerse mejor y qué estrategias deberían seguirse en el futuro para enfrentar fenómenos parecidos. Ya no se puede cambiar el pésimo manejo del covid-19 en Estados Unidos el año pasado. Pero sí se puede y se debe hacer mucho más para evitar que se repita la catástrofe.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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