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He aquí la razón por la cual la política de separación forzada de Trump no funciona

“La separación familiar es el intento mezquino de Trump para desalentar la inmigración y enviar el cruel mensaje de que serán tomados como rehenes los hijos de quienes huyen de la violencia y tratan de solicitar asilo”.
Opinión
Ali Noorani es director ejecutivo del Foro Nacional de Inmigración, presentador del podcast Only in America y autor del libro There Goes the Neighborhood, de 2017.
2018-05-30T12:09:36-04:00
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Inmigrantes al frente de la Corte Suprema. Crédito: Getty Images

María, su esposo y sus dos hijos no tuvieron otra opción. Después de sufrir la violencia en Guatemala, incluyendo el asesinato de su hijo, la familia huyó hacia el norte, a Estados Unidos, a principios de septiembre de 2017, con la esperanza de comenzar de nuevo.

Es una decisión que cualquier madre tomaría.

Pero luego de ingresar a través del puerto de entrada de San Ysidro en California y llegar a territorio estadounidense, los funcionarios de fronteras estadounidenses separaron rápidamente a la familia. Los hijos de María, de 5 y 14 años de edad, fueron enviados a un refugio en Nueva York, mientras que ella y su esposo fueron ubicados en instalaciones separadas hasta que ambos fueron enviados al Centro de Detención de Otay Mesa, cerca de San Diego.

En una queja presentada por ocho de las principales organizaciones de servicios legales de inmigración del país, María escribió: “Cuando hablo con mis hijos [por teléfono] me dicen que no quieren estar allí; me extrañan y quieren estar conmigo”.

En el momento de la queja, no se sabía sobre su futuro y el bienestar de sus hijos y su esposo.

La historia de María es la historia de la política de “tolerancia cero” de la administración Trump. Es la estrategia de separar deliberadamente a las familias que buscan seguridad en Estados Unidos. La administración cree que está disuadiendo a los futuros migrantes de hacer el viaje y protegiendo a los niños del tráfico humano.

En lugar de eso, como nación, estamos criminalizando el amor de los padres por sus hijos.

Desde octubre se han separado más de 700 niños de sus padres.

Es el intento mezquino de Trump para desalentar la inmigración y enviar el cruel mensaje de que serán tomados como rehenes los hijos de quienes huyen de la violencia y tratan de solicitar asilo.
Esta práctica perjudica a los niños. En realidad, no tiene un efecto disuasivo. Y es una afrenta a uno de los principales valores estadounidenses: mantener a los niños junto a sus padres.

Conforme los estadounidenses de todo el espectro político se enteran de la política de Trump, aumenta la conmoción.

El presentador de MSNBC Chris Hayes, después de leer relatos de primera mano de madres a quienes les quitaron sus hijos, escribió: “Estoy pensando en que alguien me hiciera eso a mí y a mis hijos, y siento una furia tan fuerte que creo que voy a desmayarme”.

El conservador bloguero y presentador de radio Erick Erickson cuestionó: “Aquéllos que se oponen al aborto, si a ustedes les molesta que se arranque a un niño del vientre de su madre, por favor que les moleste que se arranque a un niño de los brazos de su madre en la frontera”. El columnista del Washington Post Michael Gerson calificó la política como una “traición a los valores estadounidenses”. La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos advirtió que “separar a las familias sería extremadamente perjudicial para los principios básicos del bienestar infantil”.

Existen alternativas humanas y sensatas dentro de las facultades del presidente Trump.

En primer lugar, en vez de llevar a cada familia a un proceso penal, lo cual requiere alejar a los niños de sus padres, la administración debe usar su discreción al acusar de violaciones a las leyes migratorias; especialmente para los solicitantes de asilo que no representan un peligro.

En segundo lugar, la administración Trump debe distanciarse de las administraciones anteriores y brindar asesoría legal a los niños. En Estados Unidos ningún niño debería tener que defenderse a sí mismo ante los tribunales –especialmente cuando sus vidas están en juego–. Y la administración podría utilizar alternativas adicionales a la detención, como grilletes, controles en las oficinas de ICE o visitas domiciliarias, para que las madres puedan reunirse más rápidamente con sus hijos.

Finalmente, los niños no deberían alojarse en las estaciones de la patrulla fronteriza ni en las instalaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés). La Casa Blanca debería asegurarse de que la Oficina de Reubicación de Refugiados siga siendo el organismo encargado de alojar a los niños –responsable de proveer condiciones seguras y humanas en las instalaciones que brinden acceso a la educación, la recreación y la atención médica–. En 2014, durante la crisis de menores no acompañados, visité instalaciones en San Antonio, Texas, donde las organizaciones de ayuda contratadas por el Departamento de Salud y Servicios Sociales establecieron comunidades que atendían esas necesidades antes de que los niños fueran entregados a sus padres o tutores.

La protección de los niños vulnerables no siempre fue algo sujeto a debate. Cuando el presidente George W. Bush promulgó, con un apoyo abrumador de los demócratas, la Ley William Wilberforce de Reautorización de la Protección de las Víctimas de la Trata de Personas de 2008, ambos partidos querían ayudar a los niños que huían de situaciones difíciles. Los líderes evangélicos dijeron en 2014 que la legislación “asigna adecuadamente la responsabilidad del cuidado de niños no acompañados al Departamento de Salud y Servicios Sociales (HHS) y garantiza que los niños sean ubicados con sus familias cuando sea posible”. Simplemente porque es lo correcto.

Pero la administración Trump se enfoca menos en lo que es correcto y más en lo que cree que enviará un mensaje.

Ese mensaje les es indiferente a las mujeres desesperadas que huyen de la violencia y el abuso generalizados. Estas madres, como cualquier padre, van a correr el riesgo de huir hacia Estados Unidos, aunque el viaje sea increíblemente peligroso y la separación de la familia sea una posibilidad real.

La mayoría de los estadounidenses desean que se apliquen estrictamente las leyes en la frontera, conjuntamente con un enfoque compasivo hacia el tratamiento de las personas. Desean que se proteja a los dreamers, que se protejan nuestros puertos de entrada y que los inmigrantes trabajadores establezcan nuevos negocios. Muy pocos estadounidenses desean que los niños se envíen a instalaciones de detención masivas, ni que se les separe cruelmente de sus madres y padres.

Queremos vivir en un Estados Unidos que sea una nación de leyes y una nación de gracia. Un Estados Unidos que crea que la familia es una unidad sagrada.

María y su familia no huyeron de la violencia y el asesinato con la malicia alojada en sus corazones. Vinieron a Estados Unidos porque nuestro país les ofreció la oportunidad de un futuro mejor.
Esperemos que eso nunca cambie.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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