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Estados Unidos debe compartir vacunas en defensa propia

"Los expertos sanitarios del mundo entero coinciden en que el acceso a una vacuna efectiva será esencial para prevenir contagios y muertes y para contribuir a la inmunidad global. Por eso, las naciones que marchan a la vanguardia en la vacunación deberían tomar medidas concretas para ayudar a las que ni siquiera han comenzado a vacunar".
Opinión
Miembro del equipo de política de Univision
2021-03-22T14:02:53-04:00
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Vacuna covid-19 en Estados Unidos. Crédito: Matthew Horwood/Getty Images

Ahora que la campaña de vacunación contra el covid-19 avanza más o menos sobre ruedas en Estados Unidos y algunos países avanzados, como Israel y Gran Bretaña, llegó el momento de pensar en serio en cómo convertirla en un esfuerzo solidario que abarque a los países pobres y en desarrollo. No es tarea fácil. Muchos carecen de los recursos e infraestructura para ejecutarla por su cuenta. Las naciones desarrolladas comprensiblemente les están dando prioridad a vacunar a sus ciudadanos y a veces enfrentan la renuencia de los escépticos. Y los fabricantes de las vacunas codiciadas por regla general se están negando a cooperar en el esfuerzo, según documentos filtrados a la BBC.

Y sin embargo no debería quedar duda de que extender la campaña de vacunación a los países menos afortunados y más pobres es el deber moral de los afortunados y ricos. Para no hablar de que les debemos esa extensión en defensa propia, es decir, para atajar de una vez el virus medieval, impedir que continúe mutándose en cepas peligrosas y lograr la ansiada inmunidad colectiva (herd immunity en inglés) que nos permita dejar atrás la pesadilla. Si algo debiésemos haber aprendido de la globalización en marcha es que navegamos juntos en una nave universal en la que, en materia sanitaria, o bien todos llegamos a puerto seguro o bien ninguno logra del todo esa meta deseable.

La BBC denuncia, sin embargo, que los países desarrollados están bloqueando las propuestas de ayudar a los países en desarrollo a aumentar su capacidad de fabricar vacunas. Varias naciones pobres le han pedido a la Organización Mundial de la Salud, OMS, que los ayude a vencer estos obstáculos. Pero las ricas están rechazando aplicar una ley internacional que promueve esa cooperación. Y entre las que así se están comportando se hallan el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea.

Los expertos sanitarios del mundo entero coinciden en que el acceso a una vacuna efectiva será esencial para prevenir contagios y muertes y para contribuir a la inmunidad global. Por eso, las naciones que marchan a la vanguardia en la vacunación deberían tomar medidas concretas para ayudar a las que ni siquiera han comenzado a vacunar. Una elemental es cederles los excedentes de vacunas que acumulen mediante la compra masiva que han hecho gracias a los recursos de que disponen. Es lo que el gobierno del presidente Biden se ha comprometido a hacer ya con México y Canadá, a los que prometió enviarles cuatro millones de vacunas de la empresa AstraZeneca, cuya efectividad precisamente hoy sabemos que alcanza el 79 por ciento. Es muy probable que Estados Unidos acumule otros sobrantes cuando concluya su campaña en el verano. También debería compartirlos con países que los necesitan.

Algunas naciones están solicitando empréstitos a organizaciones internacionales que controlan las ricas para comprar vacunas. Autorizarlos con las debidas precauciones sería otra forma valiosa de ayudar. Pero tal vez la asistencia decisiva sería el compartir la tecnología de punta que hizo posible producir en tiempo récord vacunas como las de Pfizer y Moderna, algo a lo que se oponen las farmacéuticas. Alegan que han invertido una fortuna en desarrollarlas y necesitan guardar sus secretos para producir vacunas y otras medicinas en el futuro.

La pandemia, sin embargo, es un flagelo universal cuyo remedio requiere la cooperación tecnológica que están regateando las farmacéuticas. Éstas, en definitiva, ya han percibido miles de millones de dólares por la producción de las vacunas, cantidades más que suficientes para compensar sus valiosos esfuerzos.

Las grandes empresas farmacéuticas, conocidas en Estados Unidos como “Big Pharma”, han desarrollado un modelo de producción, licencia y patente de vacunas y medicinas mediante el cual retienen exclusividad durante años. Ese modelo y la forma en que a él se aferran siempre han sido motivos de discordia, porque frena la producción y distribución rápidas de medicinas costeables que pueden aliviar sufrimiento y salvar vidas. Pero el modelo está resultando particularmente contraproducente durante la actual guerra contra el covid-19. Resumió el problema la OMS al advertir que “la población entera y la economía global están en crisis debido a ese modelo y al nacionalismo en las vacunas”.

Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y la Unión Europea están gastando cantidades industriales de dinero de los contribuyentes para salvar amplios sectores de la economía, como el hotelero, el de los restaurantes, el de las aerolíneas y el de los viajes en general. Este gigantesco y costoso esfuerzo podría arruinarse si los países ricos no comparten las vacunas, y eventualmente los tratamientos, que puedan atajar la pandemia en los países en desarrollo. Es un esfuerzo solidario que deberían emprender no solo por caridad sino en la legítima defensa de sus respectivos ciudadanos y economías.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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