En la antesala del monstruo: Juno en Júpiter

“El espacio es la nueva arena de operaciones de la humanidad, ese otro océano donde tendrá lugar nuestro futuro como especie. Por eso hay que entenderlo, gastarle plata y hacerlo nuestro”.
Opinión
Periodista científica, autora de novelas de ciencia y aventura para jóvenes
2016-06-28T10:01:51-04:00

Júpiter. Colosal, glotón, violento hermano mayor. Cementerio de asteroides, laboratorio de tormentas, infierno radioactivo, sueño de un artista kinético, tu piel son franjas y remolinos de nubes de colores en permanente desasosiego; tus músculos, mares de hidrógeno metalizado; tu barriga, un nudo desconocido de metales.

Cómo no celebrarlo, cómo no cantarle una canción a este rey de 67 lunas lacayas, cuatro anillos secretos y una corona boreal. Y cómo no sentirnos subyugados por lo que está pasando allá afuera en este mismo instante: Juno, una increíblemente veloz astronave con alma de kamikaze, alas solares de molino de viento, y armadura de titanio se prepara para llevar a cabo una de las maniobras más atrevidas de la exploración planetaria: encender su motor principal durante media hora en contra de la dirección en que venía, para ayudarse a frenar y permitir ser capturada por la órbita de influencia de Júpiter.

La crítica maniobra se llama Inserción en Órbita Polar de Júpiter, y está planeada, claro que sí, para la noche del 4 de julio.

Pero este mundo alienígena no perdona una, y va a hacer todo lo que esté a su alcance para echar a perder la misión. El planeta es una pirinola monstruosa que gira cada 10 horas sobre su propio eje a tales velocidades, que funciona como una honda gigante lanzando proyectiles con todo lo que encuentre a su mano: cualquier roca disparada podría aplastar a Juno como una bala perdida. Encima de todo, el robot será castigado con una dosis de radiación 20 millones de veces más fuerte de lo que hayamos visto en la Tierra.

Y tiene que saber hilar inteligentemente su camino para acercarse lo más posible a las nubes asesinas y hacer ciencia, sin destruirse en la primera vuelta. Por eso me quito el sombrero ante quienes diseñaron la trayectoria de esta nave espacial, ya que las variables que gobiernan la mecánica orbital son tan abundantes como complejas. Matemática pura en el espacio profundo. He aquí el título de algo.

Una vez dentro de la antesala del monstruo, y durante los siguientes 20 meses, Juno completará 37 muy alargadas vueltas a esta bola inflada de gas, auscultando, midiendo, muestreando, mapeando y fotografiando con furor su alma misma.

Porque este objeto contiene la información que codiciamos: un montón de secretos del cómo y el qué de nuestro sistema solar. Y sucede que desde la superficie para abajo, básicamente no sabemos nada de Júpiter. No sabemos por qué es tan ferozmente radioactivo, qué causa sus permanentes huracanes de proporciones megabíblicas que literalmente duran siglos, o por qué la temperatura promedio de la superficie atmosférica es de menos 234 grados Fahrenheit pero un poco más abajo, el gas es tan caliente como la lava recién derramada.

Y luego está ese mar interior de hidrógeno metalizado. No hay forma de imaginarse eso porque nunca nos hemos enfrentado a un elemento bajo esas condiciones. Quizás sea como estar frente a un campo plateado de mercurio líquido. Estamos hablando de algo que existe a presiones dos millones de veces mayores que las que conocemos en la superficie terrestre. ¿Cómo rayos será eso?

Algunos astrónomos dicen que Júpiter es una estrella fallida, un solecito que nunca fue. Que está construido a partir de la misma nebulosa que formó al sol, pero que le añadieron una cucharadita extra de elementos pesados. Y que esto lo hace más mortal que dios.

El otro día me leí una novela de Ben Bova llamada Leviatanes de Júpiter, donde se juega con la idea de algo hermoso: enormes criaturas que surcan las nubes de Júpiter como ballenas en un océano. ¿Y por qué no?

Así que cruzo los dedos por Juno, y no olvido su emotivo despegue: va a ser cinco años en agosto, cuando salió como una flecha para arriba, anidada en la nariz del poderoso Atlas V. Aún escucho a mi lado la risa de alivio de mi amiga Adriana Ocampo Uria , Lider del Programa Nuevas Fronteras de NASA y una de las varias mamás de la misión. La extraordinaria Adriana merece un escrito aparte. Pero a través de ella pude entender el asombroso elemento humano que existe detrás de una misión espacial. Creo que si esa pasión pudiera convertirse en combustible, nuestros cohetes le darían la vuelta al universo varias veces.

Aparte de todo, y como postre, la misión Juno también podría regalarnos detalles sobre los planetas extrasolares.

Rodeados de ciencia

De vez en cuando es bueno levantar la mirada al cielo, o enterrarla bajo nuestros pies, y elevarnos por unos instantes sobre la bruma de mezquindades y pequeñeces que a diario contaminan nuestra visión, distrayéndola de las cosas que realmente valen la pena.

Por eso, me niego a tomar la exploración espacial como algo casual. Tal vez ese maravillarme es porque 30 años de cubrir ciencia, medio ambiente y exploración para todos los públicos en todas las plataformas me han dado oportunidades de entender verdaderamente el detrás de cámaras de hazañas tales como mapear el cerebro, editar un gen o construir una nave espacial.

Aparte de lo genial y el “factor wow” que pueda tener un tema, lo cierto es que nunca antes había sido tan crucial para el público general el entender la ciencia que nos rodea. Algunos de los temas más importantes del mercado político moderno, desde el calentamiento global hasta la reforma de la salud, la privacidad genética, la minería espacial, la guerra biológica o las nuevas formas de energía, para citar solo un puñado, están impregnados de ideas científicas. Pretender hablar de esas cosas sin mencionar la ciencia es un ejercicio a medias, que pone en riesgo la libertad del público para tomar decisiones inteligentemente informadas.

Decisiones tales como la importancia de apoyar la inversión de los países en un programa espacial, por modesto que este sea. Porque no tener acceso al espacio es equivalente a no tener acceso al mar. El espacio es la nueva arena de operaciones de la humanidad, ese otro océano donde tendrá lugar nuestro futuro como especie. Por eso hay que entenderlo, gastarle plata y hacerlo nuestro.

Y Juno es parte del proceso.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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