El techo de vidrio de Hillary Clinton

“No tenemos que recurrir a la errática brújula moral de Trump para entender que Clinton ha manejado mal la controversia y exigir explicaciones. Como secretaria de Estado, debió haber separado nítidamente sus funciones públicas de las actividades de la organización de su familia”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias
2016-08-30T12:47:33-04:00


Hillary Clinton debería estar agradecida y aliviada de que un candidato políticamente ignorante y emocionalmente abusador, como Donald Trump, sea quien le dispute la presidencia. Los largos años que ha pasado inmersa en la vida pública le han dejado a la candidata demócrata el techo de vidrio fino. Tan fino que da la impresión de que siempre está a punto de quebrarse. Eso es lo que viene sucediendo, desde que se postuló, con las revelaciones sobre su uso negligente de un servidor privado para enviar correos electrónicos como secretaria de estado, viejo truco que han usado y usan funcionarios públicos en el país para evitar que los periodistas tengamos el derecho legal de acceder a esos correos y reportar su contenido. La controversia sobre los correos perseguirá a la exsenadora de Nueva York más allá del día de las elecciones. Y lo mismo sucederá con la polémica reciente por ciertos tejemanejes de la Fundación Clinton cuando ella era secretaria de estado.

Nadie ha demostrado aún que Clinton violó ley alguna o reveló secretos de Estado a donantes de la fundación que, al parecer, obtuvieron acceso al ministerio cuando ella lo dirigía. Pero, como era de esperarse, Trump sugiere lo contrario y acusa a Clinton de haberse prestado al “pay-for-play”, es decir, a la dudosa práctica de dar trato preferencial a millonarios y representantes de gobiernos extranjeros que contribuyeron con sospechosa generosidad a la fundación que creara su esposo, Bill Clinton, en 1997. El organismo no lucrativo realiza labores humanitarias en países en desarrollo. Pero también ha servido para fomentar las ambiciones políticas de los Clinton.

Trump, desde luego, es la persona menos indicada para acusar a Clinton de conducta impropia relacionada con la fundación. Él mismo le donó 100,000 dólares; su hija Ivanka, por lo menos 5,000 dólares, y el suegro de su hija, Charles Kushner, entre 250,000 y medio millón de dólares. El magnate neoyorquino incluso ha tenido los bemoles de sugerir que hizo la contribución precisamente para buscar acceso a los Clinton, declaración que por sí sola debería descalificarlo como candidato a la presidencia. “Cuando (me) llaman, doy”, declaró Trump. “¿Y saben qué? Cuando necesito algo de ellos dos años después, tres años después, les llamo y ellos están ahí para mí”. Acto seguido se jactó de que los Clinton le habían devuelto el favor al acudir a su boda con Melania, a pesar de que esta tuvo lugar en 2005, es decir, cuatro años antes de que él aportara los $100,000 a la Fundación Clinton.

Los norteamericanos, sin embargo, no tenemos que recurrir a la errática brújula moral de Trump para entender que Clinton ha manejado mal la controversia y exigir explicaciones. Como secretaria de Estado, debió haber separado nítidamente sus funciones públicas de las actividades de la organización de su familia, aunque esta lleve el noble sello de “humanitaria”. Pero hay motivos para sospechar que no lo hizo. La organización conservadora Judicial Watch recién divulgó correos electrónicos que muestran que algunos asistentes de Clinton en el Departamento de Estado estuvieron en contacto con empleados de la fundación; y que ciertos donantes generosos pidieron acceso a la agencia gubernamental.

Cuando la nombraron secretaria de Estado, Clinton se comprometió a evitar conflictos de intereses por las actividades de la fundación. Las revelaciones de Judicial Watch sugieren que no cumplió su promesa a cabalidad. Ahora les debe a los votantes un compromiso más firme de que no cometería el mismo error en caso de ser electa presidenta. También les debe una explicación diáfana de cómo terminaron los intentos de algunos donantes por influir en el trabajo del departamento de Estado. Esa explicación debería ofrecerla la candidata misma, no los representantes de su campaña, quienes hasta ahora han llevado el peso de lavar sus trapos sucios. La forma óptima de hacerlo sería mediante una conferencia de prensa, algo que Clinton ha estado esquivando. Tal vez la candidata demócrata piensa que de todos modos se verá obligada a abordar el delicado tema en los debates presidenciales, que comenzarán el 26 de septiembre. Pero mientras más tiempo pase sin que trate el asunto con transparencia, más daño sufrirá su credibilidad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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