El nuevo aeropuerto de la Ciudad de México es un desastre ambiental que podría ser un gran parque natural

“Después de tres años de construcción y 1,300 millones de dólares gastados, los costos están en aumento y existen alegatos de corrupción que han manchado los procesos de financiamiento y contratación”.

La construcción del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México está en curso al este de esta metrópolis de 20 millones de personas. Cuando abra a fines del 2020, la términal certificada por LEED, diseñada por el famoso arquitecto británico Norman Foster en colaboración con el reconocido arquitecto mexicano Fernando Romero, tendrá una capacidad de 125 millones de pasajeros en su segunda etapa – más que las aeropuertos O'Hare de Chicago o LAX de Los Ángeles.

Pero después de tres años de construcción y 1.300 millones de dólares gastados, los costos están en aumento y existen alegatos de corrupción que han manchado los procesos de financiamiento y contratación.

Los ambientalistas están preocupados. El nuevo aeropuerto está ubicado en el vaso semi-seco del lago de Texcoco que provee de agua y protege a la Ciudad de México de inundaciones. El lago también recibe aves migratorias y es hábitat de especies nativas raras como el pato mexicano y el chichicuilote.

De acuerdo a la manifestación de impacto ambiental del gobierno federal hay 12 especies amenazadas y en peligro de extinción presentes en el sitio.

El aeropuerto en construcción es un asunto políticamente tan divisivo que Andrés Manuel López Obrador, el puntero en la elección presidencial de este año, ha dicho que quiere cancelarlo por completo.

Un desastre ambiental

Soy un experto en arquitectura de paisaje que estudia la adaptación ecológica de ambientes urbanos. Creo que hay una manera de salvar el nuevo aeropuerto de México y hacerlo mejor en el proceso: crear una reserva natural alrededor de él.

Hace 500 años los lagos del Valle de México cubrían alrededor del 20% de sus 9.000 kilómetros cuadrados en la región central del país. Lentamente, a lo largo de siglos, los residentes del valle – primero los aztecas, después los colonizadores españoles, y finalmente el gobierno mexicano – construyeron ciudades, sistemas de irrigación y drenaje que dejaron casi seco al vaso del lago.

Para mediados del siglo veinte, los lagos ya habían sido drenados casi por completo. En 1971, el Presidente Luís Echeverría decretó la zona como una reserva federal, citando el crítico rol ecológico del lugar para la Ciudad de México. Los cuerpos de agua aún existentes y las zonas reforestadas capturan y almacenan agua de lluvia al tiempo que previenen tolvaneras.

El nuevo aeropuerto ocupa 4.431 hectáreas de las 12.000 de la reserva del Lago de Texcoco. Para asegurar un manejo efectivo del agua para la Ciudad de México, el plan maestro del aeropuerto propone crear nuevos cuerpos de agua para recuperar la capacidad perdida por el aeropuerto así como limpiar y tratar el agua de 9 ríos al este del aeropuerto. También propone plantar más de 250.000 árboles.

La manifestación de impacto ambiental del gobierno determinó que los impactos del nuevo aeropuerto, aún cuando significativos, son aceptables debido a que el vaso del Lago de Texcoco es ya “es un ecosistema alterado que ha perdido parte de su importancia ambiental original, desde su desecación y por la expansión del área urbana.” Hoy, según el informe, existe “solamente como un área desolada y abandonada”.

Los grupos ambientalistas están en claro desacuerdo.

Más que un aeropuerto

Veo esta controversia ambiental como una oportunidad para dar a la Ciudad de México algo mucho más transformativo que solo un impresionante nuevo aeropuerto.

Nadie puede en realidad dar vuelta atrás en el reloj para el Lago de Texcoco. Pero las 7.000 hectáreas del vaso del lago no ocupado por el aeropuerto podrían ser regeneradas, su hábitat original parcialmente revitalizado y los servicios ambientales recuperados en un proceso conocido como ecología restaurativa.

Propongo un gran parque natural consistente en campos deportivos, bosques, prados, y una diversidad de cuerpos de agua –permanentes y estacionales– puntuados por senderos para bicicletas, caminar y caminos para acceso vehicular.

El aeropuerto vendrá equipada con un sistema de transporte terrestre conectándola con la Ciudad de México, haciendo el parque entonces también accesible a sus residentes. Calles y carreteras extendiéndose hacia el parque y aeropuerto desde los barrios en su perímetro podrían conectar a la gente de barrios populares -junglas de concreto como Ecatepec, Ciudad Nezahualcoyotl, y Chimalhuacán- por primera vez con espacios públicos verdes de calidad.

Los nueve ríos que descargan en el Lago de Texcoco desde el este podrían convertirse en corredores verdes que conectan a la gente desde asentamientos rurales en el estado de México con el parque más grande del oriente de la ciudad.

Se podría reservar espacio para atracciones culturales como museos, abiertos y accesibles a los pasajeros en tránsito.

Un nuevo plan maestro

Aunque así suene, esta idea no es una locura.

Desde el año de 1998 los arquitectos mexicanos Alberto Kalach y el finado Teodoro González de León propusieron rehabilitar los lagos del Valle de México. Su libro “La ciudad y sus lagos” incluso propuso un aeropuerto isla que generaría ingresos y posibilitaría un Lago de Texcoco ambientalmente revitalizado.

La Comisión Nacional del Agua, durante el sexenio de Felipe Calderón, también propuso construir un parque ecológico en el Lago de Texcoco, que incluiría un museo isla y restauraría tierras agrícolas degradadas. Pero el proyecto nunca despegó.

Concedo que convertir un gran, parcialmente construido aeropuerto en un parque nacional requeriría un ambicioso y nuevo plan maestro así como reasignación presupuestal.

Pero en mi opinión la evolución y el cambio debe de ser parte de proyectos públicos de gran escala, y este proyecto se sabe costará 7.700 millones de dólares más para completarse de cualquier manera.

El parque Downsview de 120 hectáreas en Toronto – una base de fuerza aérea convertida en área verde – ha sido transformada tanto desde su concepción en 1995 que su misión declarada es hoy “desarrollarse constantemente en el cambio y su maduración para reflejar a su comunidad con cada generación”.

La comunidades vecinas del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México no fueron adecuadamente consultadas sobre sus necesidades, preocupaciones ambientales y sus intereses en el área del Lago de Texcoco. Un plan reestructurado debería ser verdaderamente incluyente, diseñado para proveer de recreación e infraestructura urbana – y quizás hasta empleos permanentes – para la población vecina.

Carrera presidencial

Tres de los cuatro candidatos presidenciales de México compitiendo en la elección del primero de julio quieren que se termine el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Pero López Obrador, quien por meses ha llevado una ventaja que parece imbatible en las encuestas, no está tan seguro.

Temprano en su campaña dijo que cancelaría el proyecto de ser elegido. A cambio, López Obrador propuso convertir una base de la fuerza aérea en la terminal internacional. Ésta sería conectada al aeropuerto Benito Juárez, 35 kilómetros al sur, por un tren rápido.

López Obrador ha dicho desde entonces que apoyaría completar la construcción del nuevo aeropuerto si el resto del proyecto se financia por el sector privado, no por fondos públicos. Actualmente, dos terceras partes del proyecto están financiadas por ingresos futuros de impuestos aeropuertarios.

The ConversationLa promesa de López Obrador para revisar y probablemente desdoblar el plan del aeropuerto podría abrir la puerta para su transformación completa, poniendo a la gente y a la naturaleza al centro de un plan ostensiblemente diseñado para el bien público.

Gabriel Diaz Montemayor, Assistant Professor of Landscape Architecture, University of Texas at Austin

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el artículo original.

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